La universidad y sobre todo la pública tiene hoy muchas tareas, muchos retos, deberes por cumplir, que difícilmente podrá lograr si quienes aspiran a dirigirla son líderes o miembros de un engranaje clientelar o amiguero que aspira al poder para ponerla a su servicio.

Por Benjamin Alarcon Yustres*
Este año se celebran elecciones rectorales en varias universidades del país, incluyendo la Surcolombiana. En la Nacional, Dolly Montoya aspira a la reelección para lo cual plantea como eje de su propuesta de gobierno “…la construcción de Nación y paz sostenible desde los territorios….el liderazgo académico nacional en entorno global…la armonización de las funciones misionales para la formación integral…”.
En este contexto de elecciones, William Ospina, hablando sobre “la maldición de las riquezas” (El Espectador. Domingo 28 de febrero) menciona el caso de “ una planta de uso antiquísimo que tiene todas las propiedades alimenticias y medicinales: la hoja de coca, (que) Tiene grandes virtudes digestivas, paliativas y antiinflamatorias, y sería el principio de poderosos analgésicos, anestésicos y complementos vitamínicos..”, frente a lo cual plantea que “… Unida a los saberes ancestrales, la ciencia podría diseñar miles de usos que la convirtieran de otro modo en uno de los fundamentos de nuestra economía. El destino ha puesto en nuestra tierra una riqueza asombrosa. Y a nuestros gobiernos, tan sumisos ante el mismo imperio que fue el primero en sacarle beneficios legales a esa planta, en vez de echar a andar miles de proyectos de investigación, centenares de industrias benéficas, lo único que se les ocurre es hacer llover veneno sobre ella”.
Lo dicho por Ospina resalta el papel y tareas que tienen hoy la academia y la hoja de coca, no obstante los gobiernos y sus políticas. Pero lo lamentable es que ese tema o esos temas relacionados con nuestras potencialidades naturales o territoriales y la necesidad de promover la producción, difusión y aplicación de conocimiento sobre ellas, no son objeto de preocupación de quienes aspiran a dirigir las universidades públicas, la mayoría de ellas sumidas en escándalos de corrupción. No son objeto de preocupación y por ende no hacen parte de sus propuestas de gobierno, porque su preocupación gira en torno al presupuesto para contratar y nombrar clientela o amigos.
Tampoco es preocupación de los “líderes”, así entre comillas, que están esperando el turno o el momento para hacer lo mismo; mientras tanto ondean banderitas “críticas”, también entre comillas, para que quien se quede con el poder los tenga en cuenta y les de algo de él; una tortica. Pero la ciencia o la investigación seria, que vaya mas allá de descubrir la fórmula para producir agua tibia, no es preocupación en serio; investigación que permita conocer el territorio y descubrir sus riquezas, entre ellas los actores sociales que han producido y preservado los saberes ancestrales, las potencialidades y sus usos sostenibles, para bien de la especie humana, de las demás especies vivas y de la naturaleza plena.
Esos debates sobre esos temas no son los que se dan hoy en la universidad; hoy se debate sobre el poder, los derechos individuales, la constituyente para producir un documento que diga lo mismo que los vigentes pero de otra manera. Así que la universidad y sobre todo la pública tiene hoy muchas tareas, muchos retos, deberes por cumplir, que difícilmente podrá lograr si quienes aspiran a dirigirla son líderes o miembros de un engranaje clientelar o amiguero que aspira al poder para ponerla a su servicio. Mientras tanto, la tarea que plantea Ospina quedará sin hacerse y las multinacionales seguirán viniendo como han venido desde hace rato, a producir o extraer de nuestros ancestros el conocimiento que nosotros no producimos.

*Docente Universitario/Tomado de Facebook Personal


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