Por Miguel Polanía Si bien es cierto, el tal mes del Amor y Amistad se vende como una fecha que se proyecta como impulsora de la economía, es necesario mirar más allá del aspecto comercial: pensemos en los vínculos afectivos, porque dentro de los hogares hay violencia. La gente está cansada, nuestra salud mental agotada y, obviamente, la gente sigue a Vicente, como dice el dicho. Por eso en el marco de esta celebración es bueno apelar a la libertad, a romper con esa reproducción del amor romántico sumiso y subordinador, que se propicia a partir de la lógica mercantil. En ese sentido es bueno  activar las ideas, las reflexiones y pensar que esta jornada puede ser un día diferente y mucho mas de vivir un tiempo tan complicado por la pandemia.  

Porque la Pandemia afectó la relación social y los vínculos físicos del ser humano. Hoy, abrazar, visitar a alguien, incluso estrechar su mano, es algo para pensarlo mucho; lo dejamos de hacer por temor a enfermarnos, hemos perdido esa empatía y sensibilidad por los demás, porque concentramos toda nuestra energía en la no enfermedad, ni siquiera en la salud, nos hallamos en la perspectiva de la supervivencia. Ese ha sido nuestro fin estos tiempos. Y ahora, que ya podemos salir y encontrarnos, hay que buscar la forma de pasar de la conexión virtual a una verdadera relación con las personas.  Puede ser la oportunidad por ejemplo, para hablar del amor después de la pandemia. 

¿Pero qué es el amor? Ya se preguntaba el escritor Raymond Carver en su libro: “De que hablamos cuando hablamos de amor”; ya cantaba Sabina: “porque el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren”. Mario Benedetti fue más práctico,  “el amor es lo que es, una entrega al otro donde aceptarnos tal y como somos”. La escritora Diane Ackerman,lo define simplemente como” El amor es el gran intangible“. Ríos de tinta se han utilizado para escribir miles y miles de canciones sobre el amor, o de la otra cara de su moneda: el desamor; y los característicos celos. De ese gran tronco del amor surgen las variadas ramas de amores místicos, platónicos, románticos o simplemente carnales. En esa variedad de conceptos, desde luego que no es lo mismo, el amor de madre, que el sentimiento de amor de Santa Teresa o San Juan de la Cruz, que el desenfreno del amor pasional, no es lo mismo.  

Después de la Pandemia hay que salir y entender cómo ha cambiado un sentimiento tan humano como el amor, y eso nos ayudará a entender mejor cómo están cambiando las personas y en su conjunto, la sociedad. En tiempos tan cambiantes, en donde el confinamiento obliga a reinventar la forma de llegar al corazón de los demás, de conocer nuevas personas, de definir el amor. Mientras crecen las aplicaciones de citas en todo el mundo, como Tinder, Grindr o Badoo, pareciera que las personas quieren, más que en cualquier otro periodo de nuestra historia, conectar. Pero conectar no es necesariamente amar, y, de un momento a otro, más que relaciones, las personas buscan conexiones, ya que estas no necesitan implicación ni profundidad. No hay compromisos, si me molesta algo, simplemente lo bloqueo. Una pandemia tan prolongada combinó el deseo de que termine de una vez por todas y la adaptación a nuevas formas vivir. 

En nuestra soledad elegida, diversas personas aprovecharon el tiempo para amarse a sí mismas, “recuperaron el tiempo para su música, su espacio para leer, lo decidieron y eso me pareció una forma resiliente, hubo grupos de chats que armaron clubes para monitorearse, como un seguimiento amoroso”. Por eso, basados en historias pasadas de represión o de aislamiento, es posible que los alborotos y el desinhibición que uno ve en las eventos y salidas de la gente, sea una respuesta  a la pandemia, igual que el aumento de las citas y de los contactos amorosos o eróticos. El deseo, el placer y la satisfacción estaban esperando el momento propicio para salir con libertad y sin miedos. La pandemia influyó fundamentalmente en la conexión interpersonal. Por que una de las áreas más comprometida ha sido la dimensión social. 

El amor ha estado viviendo en la burbuja de la conexión virtual. Y ahora, que ya podemos salir y encontrarnos, y con las vacunas puestas, será que ¿nos preparamos para una época de desenfreno sexual tras pasar tanto tiempo con poco contacto entre unos y otros? Por supuesto, no todo el mundo se comportará de la misma manera. La mayoría de la gente no vive en una burbuja de libertinaje, y muchos se muestran reticentes todavía a irse a la cama con un extraño tras un año y medio de pandemia. Lo único claro es que la gente está deseando socializar y quizá, en lugar de hablar sobre la actividad sexual a corto plazo, deberíamos hacerlo sobre cómo la pandemia ha afectado la forma en que construimos relaciones, pero a largo plazo. Esa es la apuesta para este mes.  


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