Niños, jóvenes y adultos demostraron que el Rajaleñas sigue siendo nuestra música más autóctona, con la que nos identificamos y la que ha trascendido de generación en generación. Cerca de 200 artistas estuvieron en escena con sus coplas inéditas en el Centro de Convenciones en medio del Encuentro Departamental de Rajaleñas.

Proteger nuestro legado y hacerlo trascender más años, por toda la eternidad, es uno de los principales objetivos de las agrupaciones folclóricas que participaron en el Encuentro Departamental de Rajaleñas infantil ‘Ulises Charry; y en el Encuentro Departamental de Rajaleñas ‘José Antonio Cuéllar Rumichaca’, realizado en el Centro de Convenciones ‘José Eustasio Rivera’.
Es gratificante para todo huilense ver como la infancia de esta tierra vive con gran alegría y orgullo su cultura, su folclor, “como me emociona el retumbar de ese tambor, como me enamora un rajaleñas”, cantaban un grupo de los que se presentó.
En total fueron 10 los grupos que se presentaron en cada uno de los Encuentros, para un total de 20; y de 200 artistas en escena, propios de Neiva, de los municipios de Campoalegre, Paicol, La Plata, Aipe, Pitalito, Rivera Argentina y Garzón.
Queremos recordar que las comitivas que se presentaron fueron seleccionadas entre un gran número de agrupaciones que participaron de la ronda sampedrina de eliminatoria, desarrollada en el mes de mayo en los diferentes municipios del Huila.
Cada uno de los grupos que alegraron a los neivanos y turistas con las populares coplas, recibieron un incentivo económico. A los pequeños se les paga a su director 800 mil pesos en efectivo; y a los grupos de adultos se les da un millón de pesos en efectivo.
Este es un verdadero espacio de encuentro cultural, ya que el rajaleñas es una de las más importantes manifestaciones culturales del pueblo opita, que por su dinámica y evolución es patrimonio que se trasmite de generación en generación, enriqueciendo el acervo cultural huilense.
Este Encuentro tiene como finalidad estimular los grupos folclóricos huilenses que interpreten el aire autóctono del rajaleñas en sus diferentes tonadas. Cada uno de los grupos interpretó tres coplas inéditas.

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Ulises Charry
Nació en Vegalarga, Neiva, el 17 de mayo de 1941 en el hogar de los esposos Camilo y Agripina. A temprana edad fue llevado por sus padres a la región de Peñablanca, donde aprendió, según sus palabras, a jornaliar y a montar en burro.
Confesó que de don Camilo, su progenitor, aprendió la picardía del Rajaleñas y de misia Cuncua Pazcua, Elías Cabrera, Antonio Olarte y Misael Dussán, la audacia de la trova y de la música campesina. Defensor de las costumbres y tradiciones del pueblo opita y virtuosos intérprete del tiple y del requinto. Fundador del grupo rajaleñero ‘Aires de Peñablanca’.
En las noches de San Juan y en las parrandas de San Pedro, aprendió de Efraín Dussán, el rasgueo del triple, a puntear la guitarra y a valorar la raza de su pueblo.
Cuando apenas tenía 10 años de edad formó con Otoniel Mecías Cabrera y Hernando y Libardo Pascuas, su primer grupo folclórico rajaleñero y campesino: Aires de Peña Blanca. Su mayor preocupación ha sido la de sostener en el Huila las tradiciones y las costumbres de los abuelos. El 28 de enero de 1959 contrajo matrimonio con Celina Olarte formando una familia con tres hijos.

José Antonio Cuéllar Meléndez ‘Rumichaca’
Nació el 28 de abril de 1911 en los brazos de doña Susana Cuéllar y falleció a la edad de 75 años, penando recuerdos y suspirando añoranzas. Fue un hombre inquieto que dedicó toda su vida al servicio del trabajo cultural opita.
Por muchos años organizó grupos de rajaleñeros y promocionó las festividades de San Juan y San Pedro: “Soy hijo de campesinos – solía decir – y de ellos aprendí a conocer el valor de la tierra y del paisaje; me enseñaron que el campo es un abrazo de la creación con el hombre. Por eso amo mi tierra, como amo mi gente y a los bogas, que burlan las corrientes encontradas del Magdalena”.
Rumichaca cuando quería encontrarse con el pasado recurría a la copla y a la tambora para cantar rajaleñas. Desde niño cargó con el remoquete que lo identificó hasta el fin de sus días.


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