Dardo de Hoy
Por Marcos Fabián Herrera
Ocurre que nos avergonzamos de tener uno de los peores sistemas educativos del mundo; que barremos la basura para esconderla debajo del sofá mientras la visita observa el decorado y los jarrones. Es por eso que cuando alguien con capacidad dialéctica, claridad conceptual y contundencia argumentativa, nos señala las flaquezas y los nombres propios de quienes han causado la gran debacle nacional, no tenemos más remedio que invocar la exquisita fruta tropical, que luego de la torpeza de un gris burócrata, es la comidilla de quienes con sorna y desparpajo caricaturizamos el circo nacional.
Cuando en un altar del tedio y la marrulla, como lo es el Congreso de la República, sube al estrado un aquilatado orador, un agudo polemista y un indagador de nuestras miserias, el servil áulico no tiene más remedio que pedir que no se de más papaya.
Ha sido poca la papaya y la fruta que ha ingerido la educación en Colombia como para que se le niegue una porción a quien con valentía defiende el viejo oficio de educar.


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