Tercera y última parte de la historia de Juan del Río: DE CURA A PROTESTANTE Y DE PROTESTANTE A CURA:»encontrándome de frente con la solemne imagen de la Inmaculada Concepción. Arrepentido me hinqué ante ella, le pedí perdón por mi pecado y llorando la llamé: Nuestra Señora del Retorno».

Por Juan del Río.
Especial

“A pie y con los pocos trapitos a la espalda, caminaba sin rumbo por una de las calles de Paris. De súbito me sorprendió escuchar los acordes de un órgano que salían de la capilla interrumpiendo el lluvioso silencio de aquella fría mañana. Por curiosidad y cansado de caminar, me despojé de la gorra que calentaba mi cabeza e ingresé encontrándome de frente con la solemne imagen de la Inmaculada Concepción. Arrepentido me hinqué ante ella, le pedí perdón por mi pecado y llorando la llamé: Nuestra Señora del Retorno. La llamé así porque me acordé de mis tías, de usted, de Jorge y de Jaime que acolitaban las eucaristías que cada domingo celebraba en casa, con la utilería que ellas me confeccionaban. Calmada la emotividad subí hasta el coro para saludar al organista y felicitarlo por la manera magistral de interpretar el Ave María. Al observar mi presencia se levantó para saludarme, gesto al que correspondí con reverencia. Luego de presentarme me invitó a la sala del coro donde conversamos, le conté todo cuánto me había sucedido, y con un abrazo fraternal me ofreció su voz de aliento”.
“Luis Carlos: ésta es una iglesia anglicana y usted ha llegado a donde tenía que llegar. Acompáñeme a donde monseñor…un ser muy humano que lo ayudará a resolver su problema”. Me recibió amablemente y luego de escuchar mí historia, me pidió le ayudara, por tres meses, como secretario en el Despacho. Cumplido el tiempo me envió con una carta al Vaticano para que se la entregara al cardenal…amigo suyo, encargado de las vocaciones sacerdotales para América Latina, y que él sabría que hacer conmigo. Así que arreglé la maleta, con vestidos y trajes nuevos, que monseñor me había comprado, y partí rumbo a Roma. Carta en mano busqué en el Vaticano las oficinas del cardenal, haciendo todo como monseñor me había dicho. Enterado del contenido, más los de mi conversación con él, me dijo: “Luis Carlos: yo podría enviarlo al seminario de Bogotá, pero no lo hago porque la iglesia en Colombia es muy conservadora y con toda esa historia, lo menos que le puede pasar es que le den la excomunión. Así que arranque para el seminario mayor de ciudad de México, y luego de terminar su año de teología y liturgia, que le hace falta, viaje a Bogotá para que monseñor Rebollo lo consagre. Es la razón por la cual he venido a celebrar mi primera misa. Ayer fue mi consagración y feliz de estar en mi pueblo”

Juan del Río.


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