La palma de Iraca (Carludovica Palmata) ha sido utilizada desde hace décadas en la elaboración de sombreros, bolsos, y otras artesanías, principalmente en los departamentos de Huila, Tolima, Antioquia, Cundinamarca, Caldas, Atlántico, Bolívar, Sucre, Córdoba, Valle y Nariño, debido a las bondades de esta fibra natural que se obtiene de los cogollos o brotes nuevos de la planta.

No obstante, mucha de la materia prima requerida para el sector de las artesanías ha venido siendo recogida de las plantaciones silvestres que crecen a orillas de ríos, quebradas, y arroyos, planteando un desafío para los artesanos, pues durante los últimos años ha crecido la demanda de varios productos elaborados con esta fibra, lo que incrementa la necesidad de un mayor volumen de iraca.

Primer cultivo de Iraca en el Huila

Conscientes de ello, las integrantes de la Asociación de Mujeres Iraca y Sombrero Tesua, del Municipio de Acevedo, presentaron un proyecto, el cual fue aprobado y ejecutado a través del Fondo Concursal de Fomento para la Mujer Rural, que les permitió establecer un cultivo de Palma de Iraca, considerado el único en el departamento.

El proceso no fue fácil, pues los proyectos financiados a través de este fondo exigen el cumplimiento de requisitos e indicadores ineludibles, como por ejemplo la compra o adquisición de semillas a empresas legalmente constituidas, y en el caso de la iraca fue muy difícil encontrar un proveedor que cumpliera con esas condiciones.

Pero gracias al trabajo y perseverancia de este grupo de mujeres, que en su mayoría son cabeza de familia, lograron sacar avante este proyecto y hoy cuentan con una plantación de 2.000 colinos, que les permite contar con una fuente de materia prima para la elaboración de los sombreros suaceños que comercializan con éxito.

Apoyo para fortalecer su empresa

Orgullosa del trabajo de estas mujeres luchadoras, Karen Julieth Guevara, representante legal de la asociación, sostiene que el apoyo brindado fue clave para fortalecer su negocio. “Este proyecto nos ayudó muchísimo, tanto en la parte económica como en el componente psicosocial, pues nos ayudó a darle un valor agregado a nuestro trabajo y nuestros productos, aprendimos a manejar mejor los recursos de la asociación, constituimos un fondo rotatorio, y nos fortalecimos en muchos aspectos más”.

Asegura igualmente que los productos elaborados por la asociación son de alta calidad, y el comprador siempre obtiene productos nuevos pues salen directamente de las manos laboriosas de las artesanas.

“A nosotros nos ha ido muy bien porque somos fabricantes, entonces todos los productos que tenemos son nuevos, diferente a lo que ocurre con los intermediarios, porque ellos compran el producto y los pueden tener en bodega varios meses, y esa es la razón por la que hemos tenido una buena respuesta por parte de los clientes”, asegura la artesana.

Proyectan constituir su propia tienda

Hoy esta asociación constituida por mujeres que combinan las labores domésticas con la elaboración de sombreros suaceños, sueñan con tener su propia tienda, pues pese a que su producto se encuentra en grandes mercados, este es comercializado por intermediarios. “Nosotros aspiramos a estar en grandes mercados, pero de manera directa, pues hoy día nuestro producto está allí pero no comercializado directamente por la asociación”, sostiene Karen Julieth.

Asimismo, la intensión es seguir fortaleciendo el cultivo de la Palma de Iraca, teniendo en cuenta la alta demanda de materia prima, y que es el primero establecido en el Huila.” La intención es continuar con el cultivo, pues a nivel nacional es el segundo en su tipo, y el primero a nivel departamental”.

Relevo generacional

Otro punto a favor en esta comunidad de artesanos, y por el cual habrá sombrero suaceño para rato, es que se ha venido dando el tan anhelado relevo generacional, y hoy las niñas y jóvenes ven en este arte una oportunidad de negocio con el cual sustentar sus estudios y crecer como personas.

“El aprendizaje empieza a muy temprana edad, algunas mujeres le enseñan a sus hijos con lo que llamamos una capa de paja, otras le enseñan sobre la elaboración del propio sombrero, y esto ocurre desde los 7 años hasta que uno se hace adulto; incluso aquí en la Vereda Marticas hay universitarios que se han pagado sus estudios con sombreros. Cuando vienen de visita las madres les empacan la fibra de iraca, y cuando ellos tienen ratos libres, se dedican a tejer sus sombreros, para luego comercializarlos”, concluye Karen Julieth Guevara.


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