La llegada al mundo de Damián, nacido en la maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, Santo Domingo, ha generado gran expectación por ser primer el bebé que, simbólicamente, nace en República Dominicana como aporte al conteo mundial de 8.000 millones de personas.

Con sus 2,77 kilos y 52 centímetros ha sido el protagonista indiscutible de la noche de este martes 15 de noviembre de 2022, fecha que marca un hito en materia de crecimiento demográfico, al llevar a la población mundial a esta cifra que el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) visibiliza bajo el lema 8 Mil Millones Más Fuertes.

Y es que de acuerdo con la UNFPA «Es un hito que podemos celebrar y una oportunidad para reflexionar: ¿Cómo podemos crear un mundo en el que los 8 mil millones de personas puedan prosperar? 

El aumento de la población es un testimonio de los logros de la humanidad, entre los que se incluyen la reducción de la pobreza y de la desigualdad de género, avances en materia de salud y un mayor acceso a la educación. Como resultado, un mayor número de mujeres sobrevive al parto, más niños sobreviven a sus primeros años y, década tras década, la vida es más larga y de mayor calidad. 

Más allá de los promedios, si nos fijamos en las poblaciones de los países y regiones, el panorama tiene muchos más matices y nos lleva rápidamente más allá de las cifras en sí mismas. 

Las marcadas disparidades en cuanto a la esperanza de vida apuntan a un acceso desigual a la atención sanitaria, a las oportunidades y a los recursos, así como una carga desigual de violencia, conflictos, pobreza y salud precaria. 

Las tasas de natalidad varían de país a país, y mientras algunas poblaciones siguen teniendo un rápido crecimiento, otras están empezando a ralentizarse. Pero lo que subyace a estas tendencias, apunten adonde apunten, es una extendida falta de elección. La discriminación, la pobreza y las crisis —así como las políticas coercitivas que violan los derechos reproductivos de las mujeres y niñas— hacen inaccesibles para demasiadas personas la atención e información en materia de salud sexual y reproductiva, incluida la anticoncepción y la educación sexual.

Como comunidad global, enfrentamos graves desafíos, entre ellos los crecientes impactos del cambio climático, los conflictos en curso y los desplazamientos forzados. Para afrontarlos, necesitamos de países y comunidades resilientes. Y esto implica invertir en personas y hacer que nuestras sociedades sean inclusivas de modo que todas las personas gocen de una calidad de vida que les permita prosperar en nuestro mundo en transformación. 

Para desarrollar resiliencia demográfica, tenemos que invertir en mejores infraestructuras, educación y atención sanitaria y garantizar el acceso a la salud y los derechos sexuales y reproductivos. Tenemos que eliminar de manera sistemática las barreras —basadas en género, raza, discapacidad, orientación sexual o situación migratoria— que impiden que las personas accedan a los servicios y oportunidades que necesitan para prosperar. 

Tenemos que repensar los modelos de crecimiento y desarrollo económico que han llevado al consumo excesivo y han alimentado la violencia, la explotación, la degradación medioambiental y el cambio climático y es necesario garantizar que los países más pobres —que no crearon estos problemas y, sin embargo, son los que más sufren sus efectos— tengan los recursos para desarrollar la resiliencia y el bienestar en sus crecientes poblaciones.

Tenemos que comprender y anticipar las tendencias demográficas para que los gobiernos puedan adoptar políticas informadas y asignar los recursos con el fin de dotar a sus poblaciones de las habilidades, herramientas y oportunidades adecuadas. 

Pero, aunque las tendencias demográficas pueden ayudar a orientar las decisiones políticas que tomamos como sociedades, hay otras decisiones —entre ellas, si tenemos o no hijos y cuándo los tenemos— que la política no puede dictar porque pertenecen a cada individuo. 

Este derecho a la autonomía corporal subyace al abanico completo de derechos humanos y forma la base para sociedades resilientes, inclusivas y prósperas que pueden abordar los desafíos de nuestro mundo. Cuando nuestros cuerpos y nuestro futuro son nuestros, somos #8MilMillonesMásFuertes.

Población

La población mundial alcanzó los 7.000 millones en 2011 y se estima que llegará a un máximo de 10.400 millones hasta 2100, teniendo en cuenta que el ritmo de crecimiento demográfico mundial está disminuyendo desde la década de 1970 y que cayó por debajo del 1 % por primera vez en 2020, según datos aportados por el UNFPA.

De hecho, el crecimiento poblacional se ha ralentizado, la tasa de fecundidad está siendo menor, la esperanza de vida sigue aumentado, la migración internacional da forma al cambio demográfico, la población mundial envejece con rapidez y las mujeres viven más que los hombres.

Las tasas de natalidad varían de país a país, y mientras algunas poblaciones siguen teniendo un rápido crecimiento, otras están empezando a ralentizarse.

Principales conclusiones de World Population Prospects 2022

1. Está previsto que la población mundial alcance un máximo de 10.400 millones de personas durante el decenio de 2080, y que permanezca en estos niveles hasta el año 2100.

  • Para que la cifra de 7.000 millones de personas se haya convertido en 8.000 millones, se han necesitado unos 12 años, aproximadamente el mismo tiempo que para pasar de 6.000 millones a 7.000 millones. Se espera que alcanzar el próximo millardo lleve unos 14 años y medio (2037).

2. La expansión demográfica del continente asiático ha resultado en un aumento de 500 millones de personas, la mitad del último millardo añadido. África suma la segunda mayor contribución: casi 400 millones.

  • Diez países han contribuido en más de la mitad del crecimiento demográfico al octavo millardo. La India ha sido, con mucha diferencia, el país que más ha contribuido, seguido de China y Nigeria.
  • África y Asia continuarán liderando el crecimiento demográfico hasta llegar a los 9.000 millones de habitantes en 2037.

3. En la actualidad, dos terceras partes de la población mundial habitan en un país o zona donde la fertilidad está por debajo de 2,1 nacimientos por mujer (lo que se conoce como “crecimiento vegetativo negativo”). 

  • La esperanza de vida al nacer alcanzó a escala mundial los 72,8 años en 2019, una mejora de casi nueve años desde 1990. En 2021, sin embargo, la esperanza de vida de los países menos adelantados iba siete años por detrás de la media mundial.
  • En muchos países desarrollados, el porcentaje de población en edad laboral (entre los 25 y los 64 años) ha ido en aumento. 

Con información de EFE/UNFPA/Naciones Unidas


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