Por: Fernando Gasca

Educar para la vida o enseñar para la prueba, en esta disyuntiva se encuentran algunos docentes. El peso y la medida de hoy tratan de imponer lo segundo, so pretexto de alcanzar una mejor calificación o de lograr unas “metas de gobierno”.

Si el camino fuera el del desarrollo y la sana convivencia entre los pueblos, no podríamos desconocer que la mejor opción no es exigir la memorización de palabras, frases, lugares, números y otros conceptos (en la vida real los funcionarios se la pasan “tomando medidas” o creando “comisiones”, pero nunca resuelven nada), conceptos que solamente sirven y son válidos para presentar y pasar una prueba, un examen. Así la cosas, terminada la prueba, toda esa “información” se puede desechar, valga decir: arrojar a la caneca, pues esta no es concebida más allá de simple basura.

Por el contrario, si nos preocupáramos más por inculcar el conocimiento como medio de comprensión, análisis, crítica y toma de decisiones , estaríamos bordeando un sistema metodológico para el ejercicio y el desarrollo futuro de la persona, sin importar que arte, oficio, profesión o actividad desee el educando seleccionar para su supervivencia o manutención.

Educar a los infantes y jóvenes para que puedan ejercer y se sientan con un oficio útil, hay que permitir (y perdonen la expresión) que se sientan explotados (que triste, dura expresión, pero es la verdad).

Si los educamos para el desempleo o para la informalidad (rebusque, dirán algunos), seguiremos alimentando una cadena no muy productiva que digamos. No se puede ni debe desconocer la educación como elemento que incluya fundamentos que permitan que el educando escoja una carrera o actividad hacia algo que lo llene, que definitivamente lo haga sentir feliz. Felicidad que será más productiva si de esa actividad puede vivir dignamente.

No podemos desconocer que los llamados oficios útiles no serán solamente los del ejercicio presente; hacen falta más actores, cantantes, bailarines, payasos, más personas comprometidas con el arte, la cultura, la pintura, la escritura, la poesía, la escultura, la danza son fundamentales para el desarrollo de la persona, son estos los medios más acertados para trascender la cultura, el medio ambiente, la tradición, los mitos, las leyendas son esenciales para el autoconocimiento de las personas y las regiones. Por supuesto que la gastronomía, hoy tan en boga; es imprescindible (junto a las anteriores) para la comprensión del devenir y desarrollo ulterior.

Deberíamos educar y enfatizar en nuevas y futuras actividades, teniendo presente que son muchos y diversos los oficios que ya podemos decir que están en desuso; el mundo viene cambiando, los estados dejaron de ser empleadores (ya no son vistos como tales) la tendencia es hacia la prestación de servicios, lo que eufemísticamente denominan “trabajador independiente” y en lenguaje popular “rebuscadores” o “agentes de diversos y múltiples fuentes de ingreso”; para los nuevos gobiernos: “emprendedores” o “acompañantes de plataformas virtuales”, hasta frutos de la “economía naranja”.

Como vemos, la educación de hoy debe responder a estos requerimientos, a falta de mercado laboral, las habilidades para el trabajo son los escenarios del futuro.


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