“¿Cuáles son los conceptos que tiene que presuponer el científico para formular la pregunta?”.
Por: Magister ELIMELETH PEREA MOSQUERA
Primero es importante describir el origen de este gran filosofo contemporáneo y de mucha actualidad en el mundo social. Es así como el Slavoj Žizek nació el 21 de marzo de 1949 en Liubliana, actual capital de la República de Eslovenia, entonces perteneciente a la recién formada República Federativa Socialista de Yugoslavia. Hijo del economista y funcionario Jože Žižek proveniente de la región oriental de Eslovenia y de la contable Vesna proveniente de la región litoral, ambos ateos, pasó la mayor parte de su infancia en la ciudad costera de Portorož, a 25 km de distancia de la frontera italiana, donde tuvo acceso tanto al cine como a la teoría y la cultura popular occidentales. En su adolescencia volvió con su familia a Liubliana, donde acudió al instituto del distrito de Bežigrad, ingresando en la Universidad de Liubliana en 1967, donde estudió Filosofía y Sociología coincidiendo con el apoyo de Yugoslavia al líder de Checoslovaquia Alexander Dubček durante la Primavera de Praga de 1968 y el nuevo distanciamiento de ambos países respecto a la línea comunista de la Unión Soviética.
Entre estos dos grandes filósofos, existe una gran polarización muy significativa, desde el punto de vista de sus ideologías, el gran Kant es un pensador de la edad moderna, distinguido por su idealismo racional del periodo de la Ilustración, en donde Kant buscó, por encima de todo, enseñar al ser humano a pensar por sí mismo y a rechazar los dogmas de todo tipo, que destruyen la razón y someten el libre pensamiento a ideas fijas, es algo que se ha perdido en nuestro mundo social, pero si existe es en unos pocos, que tienen el carácter de obrar con plena autonomía y deben ser felicitados por este gran diario Huilense. El pensamiento kantiano se convirtió así en uno de los más influyentes de la Ilustración, con todas sus repercusiones sociales. La filosofía moral de Kant afirma que la base de toda razón moral es la capacidad del hombre para actuar racionalmente. En su trabajo, Metafísica de la ética (1797), Kant propone que la razón humana es la base de la moralidad. Según Kant, cada acción debe tomarse con un sentido de responsabilidad dictado por la razón, estos argumentos hoy son muy vivenciales, dignos de ser imitados, para construir una verdadera sociedad de interacciones humanas, para el beneficio del otro.
Pero ya hablando entre estos dos pesos pesados de la filosofía, si bien Žižek reconoce que «Descartes fue el primero en introducir una fisura en el universo ontológicamente coherente a través de la auto posición del cogito como sustancia pensante que duda, el hecho de que recurriera rápidamente a la idea de Dios para fundamentar la res extensa y postular de este modo el famoso dualismo cartesiano hace que Žižek afirme acto seguido que «Kant y no Descartes fue el primer filósofo moderno. La razón de su elección radica en que según el filósofo esloveno, «la pregunta de la filosofía no es ¿En qué consiste la estructura del todo?, sino “¿Cuáles son los conceptos que tiene que presuponer el científico para formular la pregunta?”. Como consecuencia de este cambio de enfoque o “giro copernicano” que dio inicio a la filosofía trascendental, considera Žižek que se abre el camino de la negatividad de Kant.
A este respecto, el punto clave de la lectura que Žižek hace de la filosofía kantiana radica en concebir el noúmeno no como una entidad positiva incognoscible sino, tal y como hace con lo Real lacaniano, como una negatividad pura. Esto es, una brecha en el aparato gnoseológico humano puesta de relevancia por las antinomias de la razón pura, y que del mismo modo que lo Real también está más acá (es el punto incognoscible previo a cualquier inicio de actividad de la sensibilidad trascendental y en torno al cual se articula todo el aparato cognoscitivo) y más allá (la misma idea de noúmeno tiene que ser postulada necesariamente por el aparato cognoscitivo de modo que es, por tanto, posterior al mismo y funciona a modo de su efecto) de dicho aparato. O lo que es lo mismo, el noúmeno, (la cosa en sí, más allá de los fenómenos): esa Cosa no es simplemente una entidad trascendental más allá de nuestra aprehensión, sino algo discernible sólo a través del carácter antinómico irreductible de nuestra experiencia de la realidad».
Para poder mantener la negatividad del noúmeno como postulado Kantiano, es un término problemático que se introduce para referir a un objeto no fenoménico, es decir, que no pertenece a una intuición sensible, sino a una intuición intelectual o suprasensible, Žižek diferencia entre el yo de la apercepción pura y el yo como Cosa que piensa: «lo que experimento, lo que se me da fenoménicamente en mi intuición, el contenido de mi persona. como el objeto de la psicología empírica, es, por supuesto, como en todo fenómeno, la aparición de una Cosa en este caso, de la Cosa que piensa, pero esta Cosa no puede ser el yo de la apercepción pura, el sujeto trascendental ante el que aparece la “Cosa que piensa” como yo empírico» . Nos encontramos por tanto ante el famoso desdoblamiento del “yo” en el acto de su autoconocimiento. Según Žižek, el problema de la filosofía kantiana es que no permite ni identificar el yo trascendental con la Cosa en sí nouménica ni postularlos como cosas autónomas diferentes. Si elegimos cualquiera de los dos polos de la alternativa, el sistema de Kant se desintegra por completo. Es decir, si, por un lado, nos atenemos a la identificación del yo trascendental con la Cosa-en sí nouménica, el en sí nouménico se aparece fenoménicamente ante sí mismo, lo cual significa que la diferencia entre los fenómenos y los noúmenos se disuelve: el ‘yo’ se convierte en el singular sujeto-objeto dado a sí mismo en la ‘intuición intelectual’, el ‘ojo que se ve a sí mismo’ Si por el contrario, el yo de la apercepción, este agente autónomo de la constitución de la realidad, no es una Cosa nouménica, la diferencia entre los fenómenos y los noúmenos se disuelve una vez más, aunque de manera totalmente distinta: de manera hegeliana. O lo que es lo mismo, si identificásemos el yo trascendental con la Cosa-en sí nouménica ello implicaría que tendríamos un acceso al dominio nouménico, lo cual conllevaría la imposibilidad de la espontaneidad de la libertad trascendental: «nos convertiría en autómatas sin vida en “máquinas pensantes”» . Si por el contrario, mantuviésemos una diferencia neta entre el yo trascendental y la Cosa-en sí nouménica anularíamos la diferencia entre epistemología y ontología, algo impensable dentro de la filosofía kantiana. Debemos sostener por tanto el carácter irreductible de la antinomia y considerar que el punto de crítica radical no es una determinada posición como opuesta a otra, sino la brecha irreductible entre las posiciones mismas, el intersticio puramente estructural existente entre ellas. Nos encontramos de este modo ante lo que Žižek denomina una “visión de paralaje”. Un esquema formal que según la opinión del filósofo esloveno podemos encontrarlo en el punto clave que estructura las obras de Kant, Hegel, Freud, Lacan y el materialismo dialéctico. Concretamente, Žižek define el paralaje como el aparente desplazamiento de un objeto (su deslizamiento de posición sobre un contexto) causado por un cambio en la posición de observación que brinda una nueva línea de visión. La conclusión, pues, estriba en que al menos desde la perspectiva kantiana de Žižek, «nuestra libertad persiste solamente en un espacio ENTRE lo fenomenal y lo noumenal. Por ende, no es que Kant simplemente limite la causalidad al campo fenomenal con el fin de poder afirmar que, en el nivel noumenal, somos agentes autónomos libres: solamente somos libres en la medida en que nuestro horizonte es el de lo fenomenal, en la medida en que el campo noumenal nos resulta inaccesible». La libertad kantiana no es simplemente trascendental. Es una libertad de paralaje.
Ahora bien, al contrario que Kant, Hegel sí que optará claramente por establecer una distinción neta entre el yo trascendental y la Cosa en sí nouménica, o más claramente, por negar la misma existencia de esa Cosa en sí como algo natural positivo por completo independiente de mi propio acto cognoscitivo. Mientras que Kant todavía mantuvo la dualidad cartesiana aun al precio de la completa incognoscibilidad de la res extensa en tanto que cosa en sí, la lectura que Žižek hace de Hegel mantendrá que únicamente existe una única realidad y que el noúmeno pasa a funcionar en la obra de Hegel como un simple efecto de la limitación del conocimiento: «El punto crucial aquí es la primacía del límite sobre el espacio: no tenemos dos esferas (el de la realidad y la de la fantasía pura) divididas por un límite; solo tenemos la realidad y su límite, el abismo, el vacío en torno al cual está estructurada»
Según el filósofo esloveno, la dualidad de las antinomias matemáticas (aquellas que surgen cuando las categorías se aplican al universo como un Todo) y las antinomias dinámicas (aquellas que surgen cuando aplicamos las categorías a objetos que no pertenecen al orden fenoménico en absoluto como Dios, alma o mundo) reproduce la dualidad de la razón teórica objetiva y la razón práctica subjetiva, dado que en última instancia la razón teórica tiene como objetivo completar la cadena causal empírica mientras que el objetivo de la razón práctica «es interrumpir el nexo causal con un acto libre que comienza “fuera de sí”» . En el primer caso rige la lógica de la universalidad como totalidad cerrada. En el segundo la lógica de la universalidad como un no-Todo abierto. A su vez, este tipo de universalidad abierta se relaciona con los tres tipos de juicios empleados por Kant: El juicio positivo mediante el cual se asigna un predicado al sujeto (Este hombre es humano); el juicio negativo mediante el cual se niega un predicado al sujeto (El alma no es mortal), y finalmente el juicio indefinido mediante el cual en lugar de negar un predicado se afirma un no predicado (El alma es no mortal). Žižek utiliza esta tríada kantiana para intentar mostrar cómo el juicio indefinido se encuentra en el corazón de la negatividad del no-Todo con la que debemos interpretar tanto a Lacan como a Kant (y a Hegel) si queremos poder escapar a la dualidad cartesiana y no positivizar la Cosa en sí. Para ello, Žižek pone el ejemplo de los zombis o muertos vivientes.
elipe99@yahoo.es


Fecha: