Ironía de ironías, la tapa: la religión, los medios, los Lores, se oponían a la muerte asistida y voluntaria “en el país de la muerte, se prohíbe la eutanasia”

Por: Fernando Gasca
Érase una vez, otrora tiempos, otrora mores…en un mundo para…lelo, en el país del Eneó, ocurrían las cosas más singulares, un país en donde aplicaban raceros diferentes para actuaciones iguales. En dicho país a los unos les es permitido hacer, decir, opinar de libre disposición; entre tanto, para los otros, todo estaba (cuando no prohibido, por lo menos censurados), en ocasiones cuestionado.
A los primeros, que pronto se autodenominaron “gentes de bien” o los “Lores de la Comarca”, el partido de gobierno les celebraba todo, para ellos las venias, buena mesa, gorda mesada, finos carruajes, mucha gente a su servicio (ayudantes, secretarias, mensajeros, celadores, vigilantes, conductores); para ellos cero impuestos, tasas, contribuciones y por supuesto los mejores cargos (valga precisar a menor trabajo, mayor remuneración).
Para la otra clase, los que debían trabajar, trabajar y trabajar, las boronas, los rezagos, la bananita para entretenerlos (la mesadita del desempleo por pocos meses, el chequecito de las familias en acción, el bonito de los madres cabeza de hogar, el mercadito (que se compraba como oro, pero se repartía como humo. Poco pan y mucho circo. Los pobres persiguiendo el pan se convertían en atletas, futbolistas, ciclistas, levantadores de pesas, boxeadores, entre patadas, puños, pesas, lograban levantar sus buenos pesos.
Estos recibían muchos nombres (según la ocasión o temporada), podían ser obreros, campesinos, indios, sindicalistas, chusma, mantenidos, levantados, igualados, insurrectos, vándalos, contribuyentes, máquinas de guerra o cualquier otra denominación (hasta desechables, los llegaron a llamar)
Cuando el primero se vestía de blanco: doctor; si el segundo se viste de blanco: paletero. Los lores tenían religión, los indios…meras leyendas, mitos o creencias; Los primeros una lengua, un idioma; los segundos…dialectos, jerigonzas, jerga, estilos; para los mandantes, el arte; para los mandados, las artesanías; los primeros, agricultores, los segundos, usurpadores de tierras; el uno ganadero; el otro depredador. La crema y nata con su baile, la gleba con su danza. Cuando el segundo intentó marchar por sus derechos (lo cual fue siempre), el dominante (el de siempre) respondía con evasivas, con promesas incumplidas, con mentiras; cuando no, con la fuerza, con la brutalidad, con las armas; se conocían las desapariciones de gentes, el desmembramiento de cuerpos, las raras explosiones (casi siempre en las horas de la tele novela).
Entre tanto, la iglesia…bendiciendo armas, cohonestando con el poder, predicando el amor por la sumisión, vistiendo finos trajes bordados de oro, portando enormes anillos y recibiendo indulgencias, venias y diezmos.
La muerte reinando a sus anchas… los medios justificando los asesinatos y a los asesinos del estado, por la puerta trasera, pauta y más pauta. La salud…de muerte, un servicio que solo buscaba el lucro, se hospitalizaba sin medicación, se formulaba, pero no se entregaba (tan solo se pagaba), se facturaba como suite, se comía como de caridad; las vías, los caminos en planos figuraban como enormes autopistas, en la realidad, simples trochas, caminos de herradura.
Ironía de ironías, la tapa: la religión, los medios, los Lores, se oponían a la muerte asistida y voluntaria “en el país de la muerte, se prohíbe la eutanasia”
Neiva, julio 6 de 2021 (516)


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