El Rajaleña como aire musical picaresco autóctono de la región sigue más vivo que nunca, así quedó demostrado con la participación de las agrupaciones Cantos del Sur, Alma del Huila, Ciudad de Garzón, Los Zumbambicos de Fundacopeaipe, Los Machucacuescos, Los Rucios del Tuco Reina, Los Palmunos, Los Estropajos, Los Guambitos, y Los Guipas de Rumichaca en el Encuentro Departamental Infantil de Rajaleñas Ulises Charry .

Al son de tiple, requinto, guitarra, tambora, marrana, esterilla, chucho, y carángano, ciempiés, y el característico grito de rajaleñero acompañado del estribillo olelo lelo laila, resonaron las coplas cargadas de historias y vivencias de los pueblos huilenses, que por años han pasado de generación en generación, llevando consigo una tradición musical que identifica a los opitas y se resiste a desaparecer.

El rajaleña construye tejido social

Para el Maestro Omar Cuellar Silva, director de la agrupación Los Güipas de Rumichaca, el rajaleña es muy rico en sonidos debido a que si se compara con otros aires musicales contiene más instrumentos y permite una mayor participación de los integrantes de la agrupación.

“El rajaleña es una copla cantada, así como existe la piqueria en la costa, el contrapunteo en los llanos orientales, la trova en Antioquia, nosotros los huilenses tenemos el rajaleña; la gran diferencia es que nosotros tenemos más instrumentos musicales, pues mientras ellos interpretan entre 2 o 3 instrumentos, nosotros lo hacemos con 7 u 8 instrumentos, sumado a que es más participativo pues una persona canta y los otros le contestan, construye más tejido social, y más tejido comunitario”.

Relevo generacional

Los más importante de este tipo de encuentros más allá de promover y hacer más visible la cultura huilense, es incentivar y enamorar a niños y jóvenes para que mantengan vivo ese legado musical, que en esencia es nuestra propia identidad.

Un ejemplo vivo del interés de las nuevas generaciones por mantener vivas las tradiciones, es el trabajo que viene desarrollando la agrupación Ciudad de Garzón, de la capital diocesana del Huila, integrado por niñas y jovencitas que con tiple, puerca y chucho conservan el legado del rajaleña, como lo expresa la directora Anyela Salazar.

“El rajaleña para nosotros es una expresión autóctona del Huila que nos representa, y hemos querido apropiarnos de este ritmo porque nosotros como jóvenes somos los encargados de que nuestra cultura y nuestra tradición se conserven, máxime cuando hay tan pocos grupos musicales encargados de preservar los ritmos huilenses”.

El rajaleña debe ser un patrimonio cultural

Por su parte el Maestro Omar Cuellar Silva sostiene que el Rajaleña debe ser un patrimonio cultural que debe retornar al seno de las familias huilenses. “El rajaleña debe ser un patrimonio de los neivanos, y deberíamos encontrar grupos de rajaleña en todos los centros educativos, en todos los municipios del Huila, y volver a que las familias tengan su cucamba para volver a tocar unidos lo que es el rajaleña y la música tradicional huilese”.

Al cierre del Encuentro Departamental Infantil de Rajaleñas Ulises Charry se reflejaba en los rostros de los asistentes la alegría y el orgullo de pertenecer a la raza opita, un pueblo acogedor, trabajador, hospitalario, de sanas costumbres, que cada año se reúne en torno a las festividades sampedrinas, para bailar y gozar con familiares y amigos.


Fecha: