POR. Magister Elimeleth Perea Mosquera
Peter Singer es un australiano, filósofo utilitarista que sobre todo se ha destacado por su defensa a ultranza de los derechos de los animales. Sus padres, judíos vieneses, escaparon de Austria cuando ésta fue invadida por los nazis, emigrando a Australia.
Para Singer en realidad no existe diferencia entre el ser humano y el animal, sobre todo, referido a los grandes primates. Su idea de que la personalización se produce con el paso del tiempo hace, por ejemplo, que no sólo defienda el aborto sino la posibilidad de matar a un recién nacido sin que ello implique ninguna responsabilidad moral. En contrapartida ejerce una defensa radical de la vida de los animales. Considera que Dios Todopoderoso, Omnisciente y Bueno no puede existir, porque en el mundo hay dolor y sufrimiento. Su tesis, es bastante polémica, por un lado acepta la destrucción del ser humano, en el vientre de una madre, pero defiende, fuertemente a los animales, creo que es un acto de capricho irracional, este filosofo resalta el Dios del sufrimiento?, es la de que si Dios es bueno y todopoderoso debería haber creado un mundo sin dolor, desconociendo que el dolor, es producido por el mismo ser humano, más no por Dios, por un principio Divino y a la vez natural, que es la libertad.
Es evidente que de siempre el sufrimiento y, más que éste, la presencia del mal en el mundo, es un motivo de cuestionamiento y de reflexión religiosa. Pero ambos tienen una narración absolutamente coherente desde la perspectiva no solo del cristianismo sino de las otras dos grandes religiones monoteístas, el Judaísmo y el Islam. Dios no creó el Mundo con el sufrimiento y con el dolor sino que éste nació de una ruptura del hombre con Dios, que el Génesis de forma alegórica y poética, relata. En el origen se unen la desobediencia y el ejercicio de la libertad como lo exprese más adelante; esa libertad que precisamente diferencia al hombre de los ángeles. Lo que pide Singer, como otras voces, no es otra cosa que sustituir al ser humano por ángeles. Ellos son espíritus puros que no mueren ni sufren dolor porque se encuentran en otra dimensión que no es la nuestra, la misma del propio Dios a la que nosotros le integraremos después del breve tránsito por esta otra dimensión.
Pero al mismo tiempo los ángeles carecen de la libertad humana, porque carecen de esta condición de humanidad. Son otra cosa, ángeles dice Peter. Lo que pide Singer es un mundo sin autonomía, un mundo donde la intervención de Dios evite el terremoto, el hambre, las inundaciones, y todo tipo de desgracias, pero también toda decisión de obrar y actuar, si ésta es contraria al bien a la verdad, pero esta sería una segunda contradicción creo yo, porque Dios le dio la libertad al mismo hombre, y no puede quitársela en un momento dado, es el mismo hombre quien abusa de su propio poder.
El autor, pide un mundo perfecto, como el originario y como el que alcanzamos con la muerte. Pero niega el tránsito intermedio, y para ello se ve en la necesidad de negar a Dios. Se olvida de que no sería posible la libertad si todas las consecuencias fueran buenas y positivas, no serían posibles las catástrofes de la naturaleza si el mundo no se guiara por unas normas propias, por su autonomía, pero esa es a la vez la tragedia y grandeza de nuestro mundo humano. Pero además, en la muerte y el dolor que causa la naturaleza, Peter Singer se olvida de que en la propia narración del Génesis, y en esto los judíos le prestan una especial atención, el mandato de dominar la tierra se refiere exactamente a que utilicemos nuestras capacidades humanas para erradicar o reducir al máximo los daños que la naturaleza puede acarrearnos por las manos del mismo hombre.
Es así que un terremoto en el Japón provoca escasas víctimas, mientras que otro de intensidad parecida en China, produce grandes desgracias humanas. La diferencia, ahí, obviamente no radica en Dios sino en cómo los hombres son capaces de encarar la autonomía de su mundo. Esa es nuestra capacidad y la posibilidad de poder realizarnos en ella. En la época de las culturas heroicas o religiosas, la mayor parte de la vida de la humanidad, el sufrimiento y la tragedia alcanzaban a tener sentido común.
En nuestra época de fragmentación del sentido, donde impera el utilitarismo hedonista y el emotivismo, corrientes filosóficas a las que nuestro profesor está adscrito, deviene imposible el asumirlo. Pero es la idea que lo hace imposible, no la realidad. Es la idea de Dios que asume el hombre el que le lleva a declarar su imposibilidad, no la realidad de Dios, el que es. Singer considera que tiene un argumento irrebatible cuando acude a los animales. He de decir, como confesión propia, que ahí, en este terreno, en el de la protección de los animales, tengo zonas en común, aunque mi lógica no arranca de los presupuestos de las del profesor australiano, porque nacen de una interpretación cristiana.
No tiendo por lo tanto a antagonizar seres humanos y animales, cosa que con facilidad se incurre desde ambos campos, como si no fuera posible defender al mismo tiempo la condición humana y velar también por el sufrimiento de aquellos que forman parte de la creación y son más débiles que nosotros.
El planteamiento de Singer consiste en razonar que una demostración de la inexistencia de Dios es el que los animales sufren a causa de las inundaciones, incendios y sequías, y puesto que ellos no han heredado el pecado original, su sufrimiento sería una maldad si Dios existiera. Sobre este punto hay que hacer dos observaciones obvias. La primera, que la narración del Génesis de lo que llamamos pecado original no es solo una ruptura humana. Es la ruptura del orden de la naturaleza como San Pablo nos recuerda cuando habla de una creación que sufre y gime esperando su redención, y los animales también están en ella. Por otra parte, y esto es extraño en un materialista, se olvida de que el sentido del dolor y del sufrimiento forma parte de la condición evolutiva porque integra un mecanismo de supervivencia. Una especie que no tuviera capacidad de experimentar el sufrimiento estaría condenada a la auto extinción o a permanecer en los estadios inferiores de la evolución, los más primitivos donde este factor no juega.
El modelo de mundo que está implícito en la crítica de Singer es incompatible con la enfermedad y con la muerte, donde todas las especies han sido fijadas de buen principio, donde no existe evolución. Es un mundo inviable en nuestras coordenadas materiales de energía, espacio y tiempo, que necesariamente obedecen a la entropía, la segunda ley de la Termodinámica. Precisamente el mundo que pide, es el anunciado por Jesucristo, la vida eterna en la plenitud. A partir del momento que se desarrolla el sistema nervioso y el cerebro en los animales, el sufrimiento es el mecanismo que permite intentar evitar el peligro y prevenirlo, sobrevivir, en definitiva. Lo que estaría aduciendo Singer sería algo absolutamente contradictorio con la propia lógica darwinista, sin la cual cualquier idea materialista se reduce a un absurdo panteísta. La narración religiosa sobre las razones y el sufrimiento del mundo toma su máxima expresión precisamente en el cristianismo, una reflexión que nuestro profesor obvia absolutamente, en su texto, ética para el mundo real.
Dice que es el propio Dios quien asume la condición de hombre y redime al mundo a través de su sufrimiento y muerte. Con el añadido de que la historia no termina, como es obvio, ahí, porque entonces no tendría la condición religiosa, sino que culmina con la resurrección. El propio Dios redime al mundo no a través de la ruptura con su autonomía y con la libertad humana, sino al revés, asumiendo su lógica y sacrificándose en ella, demostrando que es posible vencer al dolor y a la muerte sin alterar las nuevas coordenadas que la ruptura inicial, la que llamamos pecado original, dieron lugar.
La primera es que no se puede intentar afirmar que una narración religiosa carece de lógica desde fuera de esta lógica. De la misma manera que no es posible explicar la física cuántica con las matemáticas newtonianas. Entrar dentro de la lógica religiosa no significa convertirse en un creyente sino simplemente asumir si aquella narración es coherente con sus presupuestos o no. Esto es lo que no hace Singer como no hacen la mayoría de los que critican estas cuestiones. También hay que decir que este tipo de razonamientos solamente pueden producirse en un marco referencial como el nuestro, marcado por una cultura emotivista donde todo gira en torno a las sensaciones, y en el caso de Singer como utilitarista que es, entre el sufrimiento y el placer de nuestro mundo actual.
Y también una sociedad marcada por la trivialidad de la cultura del pensamiento. Las cosas que este filósofo escribe solo pueden ser consumidas en la mayoría de ocasiones cuando se da una situación de pensamiento muy superficial.
La segunda consideración es que el sentido religioso y la narración religiosa precisan de unos criterios comunes para poder ser asumidas. Uno, nada difícil de entender, la existencia del misterio en el sentido de una realidad que se escapa a la capacidad de la explicación humana. El segundo, ligado a él, la aceptación de las limitaciones de la perspectiva del hombre; y el tercero consecuencia de los anteriores, el de la humildad ante Dios. Éste se torna incomprensible cuando se quiere que sea juzgado, cuando existe una soberbia humana. De hecho el primer pecado en la narración religiosa cristiana, judía y musulmana, no es el de la desobediencia sino el de la soberbia de Lucifer. Dios, para ser entendido, necesita sobre todo de corazones humildes. Quien se niega a ello nunca llegará a comprenderlo de manera racional.
Polarizando y valorando los conceptos anteriores, de este filosofo utilitarista, como es Peter, se establece que en estos momentos de la pandemia del Covid19, como enfermedad generalizada por el mundo, obramos en una unicidad, que consiste en pedirle a Dios protección y ayuda plena, porque la enfermedad ha unido las religiones y creencias en Dios, hasta los más materialistas, expresan de manera involuntaria, “Hay Dios mío, ayúdame”, o los familiares invocan al ser espiritual, para una ayuda significativa, o lo mejor de todo, las cadenas de oración propia dentro de los actos de fe, hoy los médicos de manera general se santiguan y le piden a Dios su propia protección y ayuda al Dios todo poderoso, para el bienestar de sus pacientes, hoy los médicos, tienen gran trascendencia espiritual, para salir adelante siempre, de esta manera la teología y la ciencia están de la mano, para salvar a la humanidad, hoy Dios está más presente que nunca en el corazón de todos los seres humanos, sin el derecho de acudir a el filósofo francés Descartes, relacionada sobre la duda. ¿En qué duda usted hoy?
elipe99@yahoo.es


Fecha: