Productores de fríjol le apuestan a la conservación del río Las Ceibas. Al menos 10 familias productoras de frijol dejaron atrás la tala y quema, técnicas que tradicionalmente empleaban para la siembra del grano.

En el Plan de Ordenación y Manejo de La Cuenca Hidrográfica del río Las Ceibas, se viene trabajando un proyecto enfocado a la siembra de cultivos de fríjol con un alto componente de conservación.
Los campesinos de la Vereda El Chapuro que venían realizando prácticas de tala y quema para la siembra de grano, generando la reducción de la calidad del suelo, erosión, lixiviación de nutrientes y pérdida de la diversidad del ecosistema; ahora adelantan un proceso agrícola amigable con el medio ambiente.
La CAM a través del Proyecto Ceibas y el apoyo de La Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas FENALCE, adelantaron un plan piloto de formación con 10 familias a través de la estrategia Escuela de Campo para Agricultores ECAS, en la cual los campesinos se unieron para aprender de sus cultivos y mejorar los aspectos que afectaban el medio ambiente.
“La CAM suministró la mitad de las semillas de fríjol, fertilizantes, insumos ecológicos orgánicos, bombas de espalda y matracas, esta última es una herramienta que les permite a los campesinos sembrar y abonar al tiempo”, aseguró Juvenal Ruiz Pérez, Ingeniero Agrónomo del Proyecto Ceibas.
Los predios están localizados en terrenos con características topográficas adversas, suelos con el 80% de pendientes en promedio y con un limitado acceso al agua, por lo tanto los pobladores dependen de las épocas de lluvia para sus cultivos.
Bajo estas circunstancias cualquier cambio para ellos era difícil; sin embargo, el equipo técnico del Proyecto Ceibas socializó con los habitantes el plan piloto para continuar trabajando el fríjol, sin tener que realizar quemas y garantizando la productividad, los insumos y las herramientas que se requieren.
La particularidad que se dio en este plan piloto fue la metodología de investigación participativa, cada campesino realizó sus propios ensayo, al tiempo que se les enseñó las pautas de siembra tecnificada. Esto les permitió comparar la forma tradicional de siembra con la actual y se dieron cuenta del buen rendimiento y desarrollo que genera este proceso sin necesidad de realizar las quemas tradicionales.
La CAM logró concientizar a las familias para que dejaran de quemar por lo menos 20 hectáreas de terrenos, lo que equivale a varias toneladas menos de carbono que se dejaron de liberar. Además permitió que el arrastre del suelo disminuyera, mejorando de esta manera el ecosistema local.


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