Por Eliana Agudelo

Comunicadora Social-Periodista

La pobreza es uno de los fenómenos sociales más complejos que ha existido a través de los años. Por ese motivo desde 1993 se conmemora El Día Mundial De La Erradicación De La Pobreza por la Resolución 47/196 de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El objetivo de la conmemoración en este 17 de octubre va por la linea encaminada de concientizar al mundo sobre la necesidad de erradicar la pobreza e indigencia de los países, mediante políticas coordinadas y sustentables, ampliando estrategias para un mundo equitativo con capacidades básicas para vivir con dignidad.

Las personas que viven en pobreza extrema experimentan privaciones que se refuerzan, impidiendoles ejercer sus derechos entre ellos:

  • Condiciones de trabajo peligroso.
  • Falta de alimentación.
  • Vivienda insegura.
  • Desigualdad a la justicia.
  • Falta de atención médica.

UNA MIRADA HACIA COLOMBIA

A propósito del día Mundial de la Erradicación de la Pobreza, en Colombia según el DANE 2,78 millones de personas ingresaron a la condición de pobreza extrema. Donde ya ha pasado más de un año desde el inicio de la Pandemia COVID-19 y como lo habían pronosticado los expertos, las complicaciones sociales y económicas hicieron que el país retrocediera casi una década en la lucha contra la pobreza.

Para el Departamento Administrativo Nacional de Estadistica (Dane), el año pasado 42,5% de la población estuvo en condición de pobreza, es decir hubo un aumento de 6,8% frente a la cifra de 2019 con el 35,7%.

Es por eso que la participación, los conocimientos, las contribuciones y la experiencia de las personas en extrema pobreza deben ser valoradas, respetadas y se deben reflejar por construir un mundo sostenible en el que haya conciencia hacia las comunidades.

Para Huila, el 49.5 por ciento de la población se declara en la pobreza.Así mismo, el índice de pobreza multidimensional para el departamento pasó de 18.3% al 23.4 por ciento, según el DANE.

Justicia Social

Este año, el tema del día internacional aborda el desafío de lograr la justicia social y medioambiental para todas las personas. El creciente reconocimiento de la multidimensionalidad de la pobreza significa que ambos elementos están inseparablemente entrelazados, y que la justicia social no puede realizarse plenamente sin abordar simultáneamente y de manera drástica las injusticias medioambientales. Aunque se ha avanzado en la lucha contra la pobreza en el ámbito de los ingresos, se han tenido menos en consideración, en el marco de un enfoque más global, otras dimensiones importantes de la pobreza como el creciente impacto medioambiental.

Las personas que viven en la extrema pobreza, a menudo por pura necesidad, son las primeras en actuar de manera concreta dentro de sus comunidades en respuesta a la misma, al cambio climático y los desafíos medioambientales. Sin embargo, sus esfuerzos y su experiencia suelen pasar desapercibidos y no se aprecian; no se toma en consideración su capacidad para contribuir positivamente a la búsqueda de soluciones; no se les reconoce como impulsores del cambio y sus voces no se escuchan, especialmente en los órganos internacionales.

Pero esto tiene que cambiar. La participación, los conocimientos, las contribuciones y la experiencia de las personas en situación de pobreza y a quienes se deja atrás deben ser valoradas, respetadas y se deben reflejar en nuestros esfuerzos por construir un mundo equitativo y sostenible en el que haya justicia social y medioambiental para todas las personas.


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