La objetificación del cuerpo femenino y cosificación de la mujer caracteriza a nuestra sociedad machista, patriarcal y capitalista, donde todo tiene un precio.

Tania Medina S.*
Hoy, mi opinión sobre el nuevo trabajo sexual, entendido como todo aquel propulsado por las Nuevas Tecnologías y cuyas dinámicas están intrínsecamente vinculadas con las mismas: Webcam, venta de material erótico, entre otros (excluyendo pornografía y prostitución).
La objetificación del cuerpo femenino y cosificación de la mujer caracteriza a nuestra sociedad machista, patriarcal y capitalista, donde todo tiene un precio. Siempre se puede ir contra-corriente, y eso es sumamente admirable, para cambiar la percepción social de la mujer; o se puede, como lo han hecho históricamente muchas mujeres ‘hallar los vacíos legales’, intentar sacar provecho a una situación desventajosa, ese es el caso de este fenómeno; y no lo considero malo, es más, lo veo como un progreso en comparación con el ‘trabajo sexual’ convencional, porque no hay presencialidad/contacto físico. Esto repercute en los siguientes aspectos:
– Primero, reduce el riesgo de la trabajadora sexual que de la forma ‘tradicional’ está más expuesta a múltiples violencias, a infecciones, y otros peligros.
– Segundo, aprovechan un vacío dentro de los ‘juicios morales’ pues al no haber un encuentro sexual (coito) y no aumentar así su número de parejas sexuales, no se ‘desvaloriza’ ante los ojos de la sociedad (o al menos ante menos personas) por lo cual son menos propensas a relaciones abusivas/no igualitarias, no cierran sus puertas a otras oportunidades laborales/opciones de crecimiento.
– Tercero, y un factor bastante importante, da mayor control. La mujer no ‘se está vendiendo’, está vendiendo un servicio, una experiencia y ella decide hasta qué punto llegar, puede decir no, puede retirarse. Y eso es un paso clave hacia el empoderamiento, hacia el reclamar como territorio el propio cuerpo.
Y es, precisamente este factor el que tanto molesta a muchos doble-moral, que quieren ‘pack’, que ven a la mujer como objeto, presumir su ‘colección’ como trofeo, pero no quieren que ese ‘pack’ sea comprado, no quieren que sea ella quien negocie ese cuerpo, sino hacerlo ellos, ‘conquistar’, ‘cazar’, ‘ganarse’ esas muestras íntimas, llevar todo en sus términos.
Creo que es posible, y deseable, que algún día nuestras sociedades acaben con el trabajo sexual y el manejo mercantilizado de la sexualidad; pero, mientras ese día llega, no seré de las que grita que las chicas con patreon, onlyfans, trabajo de webcammer retrasan el feminismo o son excusa para el odio y la misoginia de hombres resentidos. Creo, y es sólo una suposición informada, que, por el contrario, vamos bien encaminadas.
*Tomado de Facebook: Comunicadora Social, docente de inglés, cosplayer, mamá, geek, cinéfila y lectora.


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