Eduardo Tovar Murcia
Gay Talese es hijo de Heródoto, y todos los periodistas deberían ser hijos de Gay Talese. Desafortunadamente, muy poco se ve la herencia de estos dos grandes narradores de la no ficción en las salas de redacción de nuestro país. Las razones son múltiples, pero sobre todo la falta de tiempo, creo entender, es el factor principal para que no leamos textos reposados, estéticamente amenos, profundos en su contenido y majestuoso en su estilo.
Y hace falta. No se trata de que todos los periodistas deben escribir las noticias como si fuera una obra de arte, pero sí de que los redactores lean el buen periodismo escrito desde hace más de dos mil años, comenzando por el mencionado Heródoto (484-425 a.C.) —más conocido como historiador griego, pero de altas cualidades narrativas de hechos reales—, pasando por nombres como los de Daniel Defoe, Rodolfo Walsh, Norman Mailer, Leila Guerriero y tantos otros que proporcionen las herramientas técnicas y estéticas para hacer del periodismo un jardín florido de historias atractivas, bien contadas y no el cementerio en tinta de molde que son hoy en día.
Como sabemos que lo anterior no va a pasar, debemos degustar el mejor periodismo que se está escribiendo en nuestros días en los libros, que, muy acertadamente, algunas editoriales han decidido publicar. Y justamente quiero hablar de uno que me impactó: El motel del voyeur, de Gay Talese, tal vez el periodista más reputado del mundo.
Y su buena reputación ha perdurado por más de sesenta años, tiempo durante el cual ha publicado libros imprescindibles como El reino y el poder (1969), Fama y Oscuridad (1970) y Honrarás a tu padre (1971), que abordan el tema de las mafias en los Estados Unidos; y otras como La mujer de tu prójimo (1981), que aborda otro de los temas recurrentes en la obra de este escritor: el sexo. Allí narra las costumbres sexuales de Estados Unidos. Y lo hace con maestría única, contando lo que se esconde detrás de las ventanas, describiendo a detalle lo que ocultan los más bajos deseos de la sociedad yanqui.
En esa misma línea viene El motel del voyeur (2017), una obra periodística que viene gestándose desde los años ochenta, tiempo en el cual un hombre llamado Gerald Foos le envió una carta a Talese en la que le decía:
“Tras enterarme de la publicación de su muy esperado estudio sobre el sexo a lo largo y ancho del país, que se incluirá en su libro de próxima aparición La mujer de tu prójimo, me considero poseedor de una importante información que podría formar parte de ese libro o de otro futuro”.
De ese modo el periodista se enteró que el hombre compró un hotel, situado en el área metropolitana de Denver, para satisfacer sus tendencias de voyeur —persona que disfruta contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas—. Pero no solo se trataba de observar, sino de registrar meticulosamente lo que ocurría en las habitaciones de su hotel, para lo cual llevaba un diario escrito en donde describía con lujo de detalles lo que él había observado.
Este libro es una joya del periodismo contemporáneo, una lección de cómo se debe contar una historia con pulcritud, sin caer en el amarillismo barato. Aquí encontramos una historia que fácilmente se va a constituir en una obra de referencia para quienes quieran saber cómo contar la realidad con elementos literarios. Talese nos deja una obra maestra que continuará el inmenso legado de uno de los narradores más importantes, no solo del periodismo sino de la literatura universal.


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