Por: Fernando Gasca
Hay guerras intestinas, que duran días, semanas, meses, años; pudiera decirse que desde que somos república y antes, ya teníamos guerras intestinas.
Las hay de distintos matices, de diversos y muy variadas clases, hay lucha de castas, enfrentamientos por y para el poder, se dan por usurpación de bienes y por ende del bienestar de los comunes; algunas por calor o frio; por largas exposiciones a los cambios climáticos; por ideologías…Hum, no sé. Lo pongo en duda.
En todas y cada una de estas guerras intestinas, los expertos en ellas – que los hay, los hay – aseguran luego de largos y profundos (muy profundos) análisis, que obedecen a un intento, síntoma, manifestación o simple percepción de la toma del poder de uno o más órganos vitales.
La mayoría de guerras intestinas, nacen, crecen, se reproducen y mueren por la aparición de nuevas y justificables causas; que fue que, que fue, que fue aquello o lo otro; evasivas, digresiones que llevan a que el sistema colapse, vale decir – no habiendo mayor detalle – yodo, como por generación espontánea va tomando otro rumbo; lo que nace por cualquier nimiedad, pronto se vuelve calentura, de ahí ya se ve a los protagonistas lanzando ataques hasta su propio hábitat , no respetan nada; a diestra y siniestra, ni entre ellos, los de su misma clase, se reconocen; cada uno quiere ser más que el otro, se sabe de promotores que ayer estuvieron con una fuerza y mañana pueden estar con otra. No…eso es de locos, siempre mutando, siempre tratando de engañar a los órganos de control (la cereza del pastel, suelen decir).
Por eso es urgente, es necesario proceder de manera radical a un cambio extremo, empecemos por mejorar nuestros hábitos de proceder, cambios las maneras de actuar, de superar nuestros propios miedos y con decisión asumir las banderas de nuestra salvación; aquí no podemos estar esperando un líder, un mesías, un iluminado. No. Aquí se debe actuar con autodeterminación, con una sana convicción, ¡con salud mental!, para decirlo en lenguaje clínico.
Si. No debe quedar duda que estamos en mora de reconocer, felicitar, hasta dar gracias a nuestros especialistas en reconocimiento de guerras intestinas, los hay (y muy buenos) egresados de prestigiosas universidades, públicas y privadas; hay gente muy capaz y muy eficiente en su desempeño del día a día.
En últimas, los responsables de los generadores de estas guerras intestinas ya están plenamente identificados (y lo saben los órganos de control); es más, ya existen los mecanismos (salvo raras excepciones) en que hay digamos sin pudor “una cura para todo y para todos”.
La lista de rebeldes es larga y sombría, vienen desde hace tiempos, siempre los mismos con las mismas, se destacan: la tenia, la ameba, el giarda, los oxiuros, tricocéfalos, áscaris, y un largo etcétera.


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