Luego de experimentar y explorar con nuevos conocimientos, y con un destacado apoyo institucional, renuevan platos, con elementos propios de La Tatacoa, que mejoran hoy las condiciones de vida de las comunidades en el desierto. Una estrategia para que la comunidad conozca y valore sus propias riquezas locales, se apropie de su manejo y les dé un valor agregado.

La preparación tradicional del dulce de Nochebuena tiene en el desierto de La Tatacoa, en el municipio de Villavieja, en el norte del Huila, una variación que se ha convertido en un atractivo gastronómico tan interesante como el desierto mismo.
A la breva, el bizcocho, el limón, la cuajada y el higuillo se ha sumado el cactus, que se prepara melado como todos aquellos ingredientes del dulce tradicional en esta temporada.
El dulce de Nochebuena con cactus lo preparan en el estadero Villa de Márquez, en pleno corazón de La Tatacoa.

Las primeras pruebas
“Hace un tiempo, notamos que las ovejas comían cactus y decidimos hacer la prueba”, relata la señora Ana Silvia Romero Caballero.
Con su esposo, Rafael Márquez, comenzaron a experimentar diferentes preparaciones y, con apoyo del Sena en la elaboración de distintos platos, llegaron a la “invención de la receta”. “Lo preparamos y a la gente le gustó”, explica la señora Romera Caballero.
Claro: con un manejo especial por las espinas, lo que implica utilizar guantes durante la manipulación de la planta.
Pero el resultado es también muy especial: lograron no solo dulces y otras delicias preparadas a partir de cactus, sino también el dulce melado “que tiene un gusto similar a la papaya”.

Apoyo
La iniciativa ha tenido tanto éxito, que la gente llega a pedir el “dulce de Nochebuena con cactus”, tan delicioso como la natilla con leche de chiva, otra particular preparación en La Tatacoa.
De hecho, platos como estos, de gran singularidad, especial presentación y creciente demanda, hacen parte de un proceso de desarrollo comunitario, que tienen respaldo de la Gobernación del Huila y la estrategia de desarrollo japonés “Un pueblo, un producto” (Ovop, por su sigla en inglés).
El proceso de Ovop logra que la comunidad conozca y valore sus propias riquezas locales, se apropie de su manejo y les dé un valor agregado.
En esa articulación, se ha vinculado a instituciones como el Sena para el tema de manejo, preparación y presentación de sus alimentos, algunos de los cuales son únicos, como los dulces de cactus y la natilla de leche de chiva.


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