“Yo tengo mi testamento hecho. Esto es una parte de ese testamento, es decir cosas que es importante decir, porque si no las digo y no las aclaro ahora, otros van a tratar de interpretar y no va a ser lo mismo”. Así describe Rubén Blades este documental que durante hora y media hace un recorrido por su vida artística, pero también por su vida personal, un escenario que ha blindado siempre a toda costa.

Redacción
El director del documental Yo no me llamo Rubén Blades, que se estrena en salas este 13 de septiembre, Abner Benaim, admite que incursionar en la intimidad del compositor, cantante, actor, político y abogado panameño, fue todo un reto. “Para mí era importante capturar en el documental esa dimensión humana y no solo mostrar a la estrella”, asegura el guionista, productor y director, de alma tan panameña como la de Rubén.
Con la emoción de enfrentar su primer reto cinematográfico desde la perspectiva de la música, Benaim, responsable también del polémico documental Invasión, destaca el arduo pero satisfactorio trabajo de poner, durante meses, una cámara en las espaldas del icónico intérprete, político, actor y humanista para reseñar en detalle aspectos de sus comienzos como artista y la evolución de una de las épocas más brillantes del género salsero.

¿Cuándo conoció a Rubén Blades?
Justo al hacer Chance, mi primer largometraje. Él era el Ministro de Turismo de Panamá y además era actor. La cultura cinematográfica en Panamá era escasa y para alegría mía, fue el primer filme distribuido en los teatros de mi país. Rubén comenzó a contarme episodios de su pasado y yo solo sentía que la angustia se apoderaba de mí pues quería grabarlo, hasta que le dije que no era posible que siguiera solo escuchándolo hablar y cantar a capela. Como cineasta, le propuse arrancar con el documental. A pesar de que nunca le agradó ser seguido por cámaras, aceptó.

¿El documental si logra recoger esa trayectoria de 50 años de vida artística?
Sabemos que es una pieza incompleta porque no cabe su vida en 90 minutos, lo que hicimos fue tratar de que tuviera alma, como sus canciones, como sus letras.

¿Cómo logró convencerlo de dejarlo entrar en su casa?
Recuerdo que dijo: “nunca dejo entrar a nadie, primera y última”, sentenció. Para mí resultó una producción distinta. Era mi primer musical y conté con la suerte de que Rubén me dio toda su confianza para realizarlo y nos permitió entrar en su hogar en Nueva York, donde nunca nadie le había disparado para una foto. De hecho, nos confesó que no le gustan las fotos. Busqué averiguar quién es el hombre detrás del artista y creo que lo logramos. En las ruedas de prensa dice que no lo ha visto la película pero que confía en lo que filmé.

¿Cuánto tiempo tomó recopilar todo el material?
Tres años. Estábamos con él por días, persiguiéndolo en sus actividades cotidianas, en ocasiones en su estudio repleto de grandes recuerdos, colección de cómics, carátulas de discos, una de ellas, nostálgica al lado de Celia Cruz e Ismael Mirada. Lo seguíamos a restaurantes, ensayos, conciertos y en las calles al encuentro con fans.

¿Qué ciudades hicieron parte de esta ‘persecución’?
Estuvimos en Ciudad de Panamá, Nueva York, Puerto Rico, México, en el estadio Pascual Guerrero de Cali, ciudad salsera por excelencia de Colombia. Debo confesar que después de filmar todo, siento que aún falta mucho por decir de él. Sigo intrigado porque el documental es una impresión, es un momento en el tiempo y esos momentos cambian. Rubén siempre está pensando en lo siguiente. Es un misterio en su esencia artística y como ser humano.

¿Desde cuándo comenzó a admirarlo?
Desde mi adolescencia. Me fui dando cuenta de la profundidad y el impacto de sus letras. Cada una de sus composiciones es una historia. Eso mismo han captado los panameños y todo el público latinoamericano.

¿Qué fue lo que más le impresionó de este artista?
Definitivamente no son los títulos que ha logrado, ni su trayectoria pública (fue candidato presidencial en 1994 y Ministro de Turismo en 2004 en el gobierno de Omar Torrijos), sino la energía que dedica a todo lo que hace. Siempre ha sido consecuente con su búsqueda y sus principios. Nunca pretendió tomar los caminos más fáciles, sino los que consideró, debía seguir. Todo eso, es digno de admirar.

Cuando va por las calles de Nueva York, se advierte divertido, un ser entregado a la gente. ¿Realmente es así?
Lo es. Le fascina recorrer no solo las avenidas de esta ciudad y las calles de cualquier lugar. Argumenta que allí encuentra inspiración. Para él es un tremendo placer. La fama poco le interesa. Lo de él es cantar y transmitir los mensajes. En cierta ocasión, un conductor de taxi le pidió un abrazo al tiempo que le comentó que algunas de sus canciones lo habían sacado de situaciones complejas. Blades lo abrazó. Ahí queda plasmado lo que describen sus canciones.

¿Qué representa Rubén Blades en el mundo de la salsa?
Alguna vez escuché decir que cuando Rubén entró de lleno en la salsa, el ritmo ingresó a los predios universitarios. Sus canciones son cuentos con mensajes tradicionales, donde de manera fantástica se resumen las problemáticas sociales. En otras palabras, Blades popularizó la canción social en la salsa.

¿Los panameños ven a Rubén Blades como un símbolo?
Cuando hicimos el recorrido por el barrio donde nació, expresó nostalgia por la casa donde habitó, la gente se acercaba a tomarse fotos y les decía: ‘llevo a Panamá dentro de mí’. Quienes hemos vivido en el país relacionamos tres nombres: Roberto ´Manos de Piedra´, Durán, Noriega y Rubén Blades. Me los nombran cuando voy en un taxi de cualquier país del mundo. Blades es reconocido en Latinoamérica como uno de los grandes cantautores; sus composiciones se han asentado en la conciencia colectiva a través de 50 años de carrera artística. Pedro Navaja, la cual se creyó que no impactaría por larga y cotidiana, está en la memoria de sus seguidores.

Volviendo al documental ¿cuál fue el proceso para seleccionar los testimonios?
Los escogí de una lista de talentos que el mismo Rubén estableció. La idea era consultar a gente que lo conocieran bien: amigos, colaboradores artísticos, figuras que compartieron con él en conciertos. Resultó emotivo conocer a artistas de la talla de Gilberto Santa Rosa, Paul Simón, René Perez, ´Residente´, Ismael Miranda, Larry Harlow, Andy Montañez, Junot Díaz y por supuesto Sting. Más que la fama, el legado de estos personajes es su energía humana. Aprendí mucho de ellos.

¿Cómo definiría las canciones del protagonista del documental, ganador del South by Southwest en Austin?
Lo comparo como si se hubiesen escrito libros de literatura, política o filosofía. Nos contó que Pedro Navaja es inspiración de los cómics de su colección. ´Residente´, por su parte nos decía que su música es inteligente y siempre cuenta historias. Patria, por ejemplo, nace del momento en que Estados Unidos devuelve el Canal de Panamá. Me atrevería a decir que su legado es un recuento filosófico a ritmo de clave.

La película es rica en imágenes. ¿Todas las proporcionó Rubén Blades?
La verdad, él guarda poco, aunque tiene cosas almacenadas por un lado y por otro. En los archivos de Harvard hay buena cantidad de material que él mismo les ha entregado. Conseguir imágenes resultó una labor nueva para mí. Configurar lo conseguido y manejar lo referente a los derechos, fue otra experiencia difícil, pero grata.

Blades ha grabado 38 álbumes ¿tiene uno en especial?
Pensaría que Siembra, donde figuran Plástico, Pedro Navaja y Buscando guayaba. También El cantante, El padre Antonio, Canto Abacua y diría que todos. En mi época universitaria, los escuchaba casi todos los días, sobre todo Buscando guayaba. La escuché durante dos años en las mañanas. Se trata de las fantasías de un hombre en un trancón de vehículos. Es como un sueño dentro de otro sueño. Esa canción era un antidepresivo en momentos difíciles para mí.


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