Primera parte de una nueva historia de Juan del Río. Música Latinoamericana, trovas revolucionarias,formación religiosa y más.

Por Juan del Río.
Especial
Siempre a las seis de la tarde, Sebastián agarraba su pequeño receptor y sentado en una de las bancas del parque sintonizaba radio Hilversum para escucharle a Patricio Bañado su programa de música Latinoamericana, y a Carlos Puebla las trovas revolucionarias de los Castro. A las siete terminaban y por Transmundial empezaba uno cristiano, al que Sebastián nunca le llamó la atención; una tarde se quedó escuchándolo y cual su sorpresa al enterarse que el pastor era su amigo Luis Carlos, quién oficiaba desde las Antillas Holandesas. ¿Este loco en que carajos anda, si cuando nos separamos quedó en el seminario estudiando para cura y ahora sale con semejante cuento? Ante tan inesperada sorpresa corrió y le escribió una carta a radio Hilversum manifestándole la alegría al saber de su paradero pero que en virtud a la formación religiosa recibida de sus padres y de sus tías, fuera honesto diciéndoles la verdad sin pretender sacar partida económica, cobrándoles diezmos y ofrendas, como suelen hacerlo esos pastores corruptos. La carta le llegó y recibió respuesta seis meses más tarde desde los Alpes Franceses.
Sebastián y Luis Carlos eran amigos desde la infancia y por razones de trabajo y de estudio, cada uno tomó su propio camino, y solo volvieron a verse cuarenta años más tarde. Fue en un bus interdepartamental que Carlos había abordado en la capital, y su amigo en un pueblo intermedio, y de pies porque el pulman venía con sobrecupo. Así que abriéndose espacio por entre los pasajeros, se agarró de la barra y andados un par de kilómetros miró hacia atrás y… ¡oh sorpresa! La vista se le estrelló en la humanidad de un señor gordo, como conocido, vestido de cleriman, que también lo miró con algo de sorpresa. Sebastián se soltó de la barra y fue a preguntarle: ¿usted es Luis Carlos? Sí, le respondió, y ¿usted Sebastián? Sí, y ¿qué carajos anda haciendo vestido de cura? Vengo de México y me acabo de ordenar, y voy para el pueblito a decir mi primera misa. ¿Usted también va para allá? Sí. Entonces por la noche hablamos, porque tiene que desenrollarme toda esa película. Los dos rieron y continuaron normal hasta que llegaron al pueblito.


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