Relato sobre las jornadas de paleros artesanales extrayendo material de arrastre como arena y rocas del río Las Ceibas de Neiva y que se utilizan para la construcción.

Por: Juan Camilo Ortiz
Especial www.noticiasalsur.co

Son las siete de la mañana y el alba empieza a rayar el día desde el oriente con sus primeros fulgores cálidos que se reflejan sobre un destello cristalino en el río Las Ceibas. Esta arteria fluvial de corrientes mansas atraviesa la capital del Huila desde el barrio las Palmas hasta desembocar en el río Magdalena junto a la Comuna Uno de la ciudad de Neiva.
José Evelio con su hermana y su padre se preparan para otra jornada de paleros artesanales extrayendo material de arrastre como arena y rocas que se utilizan para la construcción. José es un hombre de treinta y cinco años pero con una mirada de niño que revela un ser sencillo y humilde. Lleva cuatro años extrayendo la materia prima del desarrollo urbanístico de la ciudad en este río abandonado por los neivanos y contaminado por la indiferencia. Otras 20 personas se dedican a extraer arena de este río. Un oficio que ha venido creciendo debido al momento de oro que están teniendo los materiales de arrastre para la construcción.
Por sus aguas corre la escatología del civismo ciudadano que arrojan la basura junto con los cadáveres de animales putrefactos que tuvieron el mal destino de terminar allí. El tósigo cóctel de aguas residuales junto con las aguas emanadas por un lavadero de carros en una estación de gasolina que queda a unos 200 metros del lugar de trabajo de José, revela una parte de la cantidad de contaminación que cae al río que se puede ver reflejada sobre la piel de los paleros que llevan tatuados las homófonas figuras de un hongo, el cual carcome sus pellejos.
No todos los días el río está apto para extraer la arena. Si no es la lluvia que arremete con ímpetu elevando los niveles del caudal junto con sus avalanchas de árboles y piedras gigantes, es la contaminación de aguas residuales o brillantes líquidos aceitosos que no permiten que los paleros ingresen a trabajar al río. Sus herramientas rudimentarias, las palas con las que extraen la arena son elementos perecederos, pero jamás caducos, ya que la madera con la que están hecha los mangos para el agarre se pudre con el tiempo por la constante permanencia dentro del agua. Improvisan una balsa de madera con flotadores de poliestireno y una lata de zinc sobre ella, formando un planchón flotante que sirve para aventar la arena para luego llevarla a la orilla.
El material es comprado por los volqueteros de la ciudad que son los encargados de negociar directamente con el cliente que solicita el material de construcción. Los paleros artesanales son usuarios del régimen subsidiado de salud y no poseen garantías de prestaciones laborales como Asegurador de Riesgo Laboral o fondos de pensión. Tampoco pertenecen a un colectivo organizado.
Sus ingresos pueden superar los 40 mil pesos diarios. Un precio muy bajo para el riesgo que corren pues los problemas de salud suscitan constantemente al enfrentarse a estas aguas contaminadas y profundas. También existe el riesgo de ahogamiento como sucedió este año con un compañero de José, quien perdió la vida en este oficio al caer en una boya de cinco metros de profundidad dejada por las retroexcavadoras de una compañía local minera que tuvo el permiso para extraer arena.

La otra minería
Los materiales de arrastre o agregados pétreos son elementos que se han vuelto vital para la economía y el crecimiento urbanístico del país. Esta otra minería que ha venido creciendo sigilosamente abarca el 41% de los permisos mineros en Colombia según la Asociación Colombiana de Productores de Agregados Pétreos de Colombia, ASOGRAVAS. Un estudio dictamina que la industria crecerá entre un 6 y 10 por ciento durante los próximos 10 años como consecuencia de proyectos como las vías 4G y la meta del Gobierno Nacional de construir 100 mil viviendas de interés social.
Registros de la Agencia Nacional de Minería(ANM) indican que los materiales de construcción incrementaron su producción en el segundo trimestre del 2017, pasando de 2,7 millones de metros cúbicos a 4,9 millones, lo que significa un aumento del 78% en la producción.
Curiosamente el gran reto es mantener satisfecha la demanda ya que los estudios de la ANM dicen que extraer material a más de 50 kilómetros de distancia donde se va a hacer la obra ya dejaría de ser rentable. En este sentido las ciudades principales como Bogotá se ven afectadas ya que en promedio las distancias de los centros de extracción llegan hasta los 75 kilómetros.
ASOGRAVAS también lanza una alerta sobre un estudio realizado por la Asociación que indica que más del 50% de los insumos como arena, grava, gravilla y arcilla, tiene que ver con extracción de canteras ilegales en todo el país, lo que permite la evasión de impuestos y termina afectando a las canteras registradas legalmente.

Impacto ambiental
El impacto ambiental es mucho menos dañino que el de una compañía de extracción de carbón o de oro. Los materiales de construcción se encuentran en los ríos o montañas. La extracción de grandes rocas y arena sobre un rio de poca afluencia ayuda a desahogar el canal para cuando lleguen las lluvias con sus avalanchas.
Pero abusar de este recurso inequívocamente ilimitado puede acarrear graves consecuencias en el medio ambiente. Los investigadores destacan que la sobreexplotación de este recurso, considerado equívocamente ilimitado, tiene impactos a nivel ambiental, económico, político y social. Afecta a la biodiversidad de los fondos fluviales y zonas costeras dañando las redes tróficas. Además, tiene efectos negativos sobre la producción y obtención de alimentos para las comunidades locales. Asimismo, el transporte de arena de una playa a otra puede facilitar la expansión de especies invasoras o dar lugar a la formación de aguas estancadas que favorecen la dispersión de enfermedades infecciosas como la malaria.
José y su familia seguirán con la tradición de sacar arena en este icónico río de Neiva como única fuente de ingreso. Esperan que la Administración Municipal los reconozcan como un oficio y los ayuden creando un colectivo organizado para poder competir con las demandas actuales, y de esta manera poder suplir la necesidad de la arrebatada conquista inmobiliaria que crece en nuestra ciudad.

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