La clausura del encuentro de género en Bogotá fue “un canto a la vida y a la paz, a través de la palabra”. Las mujeres reunidas y las personas lgbti continuarán su liderazgo desde los territorios.

BOGOTÁ, D.C.
En el Encuentro de Género que la Unidad para las Víctimas realiza esta semana en Bogotá y Riohacha, las mujeres y población lgbti (lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales) participantes, abrieron un espacio primordial a la palabra transformadora.
Con ello, reconocen la diferencia como paso fundamental hacia la construcción de un país en paz. Hubo espacio para la vida, para la diversidad, para soñar, para aprender, para vislumbrar el futuro de un país reconciliado.
Mujeres de todos los lugares de Colombia, negras, trigueñas, indígenas, vestidas con sus trajes típicos, con sus grandes turbantes de colores, tejedoras, artesanas, lideresas, con sus niños en brazos o en sus vientres, abrazaron la esperanza de que con la implementación de los acuerdos de paz puedan regresar a sus terruños, a cultivar su tierra, a respirar el aire que da la libertad.
Atrás quieren dejar el sufrimiento. El dolor. Muchas de ellas, como Adith Silveria Lara, experta cocinera costeña, sobreviviente de la guerra, ya se vacunaron. “Me siento feliz de ser una mujer sana, porque mi enfermedad era el dolor, el rencor. Pero me tomé un medicamento, el que debemos tomarnos todos. Ese medicamento se llama perdón”, dijo.
Y llegó Inka Mattila, directora de País Adjunta del PNUD, “el proceso de paz de Colombia ha sido un ejemplo para el mundo al haber puesto en el centro de su agenda a las víctimas, así como por haber incorporado transversalmente el enfoque de género”.
“En esa perspectiva, el Acuerdo de Paz prevé varias medidas y mecanismos dirigidos a responder a sus necesidades: un Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición que contempla una comisión de la verdad, una jurisdicción especial para la paz y un compromiso de reparación”, dijo.
Habló además de avanzar hacia la igualdad efectiva entre mujeres y hombres; especialmente en la erradicación de cualquier forma de violencia en razón del género. Porque la igualdad de género, según dijo, es un catalizador de paz, un motor definitivo para impulsar el desarrollo sostenible e incluyente del país.
Para ella está claro que la guerra y sus causas subyacentes tienen efectos diferenciados en las mujeres y la población con diversidad de género. “Más de medio siglo de conflicto armado da cuenta de los prejuicios sociales en contra de orientaciones sexuales e identidades de género diversas, sumadas a la exclusión estructural y la pobreza, convirtiendo a las niñas, mujeres y a las personas de orientación sexual diversa en las victimas más vulnerables frente a los crímenes perpetrados por parte de los actores del conflicto armado. La violencia sexual, por ejemplo, muestra la crudeza y la grave afectación de la población civil, revelando la manera en que los cuerpos de las mujeres se convirtieron en campo de batalla”.
Estas palabras hicieron eco en Yolanda Perea, víctima de violencia sexual. Para ella lo fundamental es escribir su propia verdad para construir donde el resto de personas no ven nada, porque eso hacen las mujeres: construir, y construir desde el territorio, en sus pueblos y veredas, en ciudades grandes o pequeñas, al lado de sus familias, amigos, vecinos…
Por ello, mujeres de Casa de la Mujer, Alianza de Mujeres por la Paz, Sisma Mujer, Ruta Pacífica mostraron experiencias nacionales e internacionales de documentación de casos para el esclarecimiento de la verdad; del proyecto de Ley Estatutaria de la administración de Justicia en la Jurisdicción Especial para la Paz desde la perspectiva de las víctimas la Ley Estatutaria, y de la mano de entidades del Estado, hablaron de vivienda, educación, empleo y productividad.
A su vez, estas mujeres mostraron sus avances en territorio, producto del trabajo decidido como lideresas. Y el balance fue alentador. Reconocieron unas con otras que su lucha rindió los frutos esperados, y como todavía falta mucho por hacer, continuarán “al frente del cañón” para alcanzar la reparación de sus derechos.
El otro balance fue más simbólico. Estuvieron de acuerdo en que la diferencia es el valor fundamental para construir la paz en Colombia y precisamente fue un encuentro en el que se celebró la diferencia, la diversidad, la participación. Ana María Almario, subdirectora de Participación de la Unidad para las Víctimas, invitó a las mujeres a pensar en los sueños transformadores, luego vino el reconocimiento.
“El aporte de ustedes ha sido fundamental en estos dos días, pero también en todos los dos años, porque las mesas de víctimas reflejan el trabajo de base. Ustedes son las que conocen el territorio. Y debemos continuar. Tenemos una responsabilidad histórica: liderar el proceso de víctimas al final de la guerra y entregar a las nuevas mesas los conocimientos adquiridos, los aprendizajes, pero deben continuar con sus liderazgos en el territorio”, dijo Ana María Almario.Y agregó: “Queremos un país que se construya desde la diferencia. Hoy la paz se concreta en la construcción del país real”.