Por Miguel de León.
En alguna parte leí que la patria es un dolor que aún no sabe su nombre, y quedó en mí esa frase. Luego, leí que Benjamin Franklin la situaba allá donde morara su libertad y con los años vividos, uno cree que la patria es un sentimiento, un lugar de refugio, quizá una mujer, y también una fuente de sufrimiento por reconocerla o por rechazarla. Algo que trasciende las fronteras, pero que se trata de resumir mediante unos símbolos, muchos de los cuales, recogen un profundo orgullo. Por eso nos paramos ante el himno y nos emocionamos con la bandera tricolor. Para muchos la patria se nutre de los éxitos deportivos o de los triunfos culturales.Y ahora con la llegada del nuevo gobierno, uno pregunta ¿Qué mueve en la gente ver la tricolor?
Porque la ambivalencia de afectos marca la historia presente de Colombia. Y lógico, cada concepto de Patria, no son eternos. Muchos de estos conceptos están sustentados en vestigios o reliquias históricas, elementos directamente relacionada con su valor social, histórico y cultural, como es el caso de la Espada de Bolívar o el Monumento de la Resistencia en Cali. Mientras el primero, es la representación como símbolo de independencia y de lucha anticolonial, el segundo lo es de la resistencia popular frente a un gobierno de corte militarista. Mientras el primero, permite pensar en un símbolo de reconciliación y en la construcción de paz a futuro, el segundo le permite mantener al gobierno fresca la memoria y la narrativa de sus orígenes.
Y así por ahora, solo se exhibió la Espada de Bolívar y hacerla parte del ritual de posesión presidencial, ambos símbolos, tiene que ver con recordar diferentes momentos de la historia de Colombia, en donde hubo ciertas revoluciones o luchas sociales que hoy en día encarna su gobierno, pero ya desde la oficialidad o desde un proyecto de gobierno. Y es curioso que estos dos símbolos, que son elementos de guerra, hoy tenemos la posibilidad de resignificarlos como un objeto de paz y de reconciliación. Son una metáfora de la historia de Colombia. Y no hay que tenerles miedo a estos símbolos, las narrativas históricas, monumentos, museos y artefactos o reliquias históricas siempre están abiertos a ser resignificados y reinterpretados desde las necesidades del presente.
Pero ambos pueden ser un punto para arrancar un proceso para construir la reconciliación y a la unidad nacional entorno a un nuevo proyecto político que comienza generando un consenso importante con diferentes fuerzas políticas y sectores sociales que, de aquí en adelante, van a aportar al reto de seguir construyendo la segunda independencia del país.


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