Por Marcos Fabián Herrera
Las frases de cajón, las consignas publicitarias, los lemas propagandísticos, y todo el entramado de falacias que se teje en la desesperada promoción de lo que se pretende verdadero y legítimo, es uno de los suplicios más agobiantes a los que nos someten los poderes. Lo nocivo, es pretender convertir en máxima, lo que no es más que una consigna; Cincelar en piedra de mandamiento, lo que es arenga vacía y frívola.
Un gobierno con una deuda enorme en educación, nos insiste que Ser Pilo Paga. Si la etimología nos dice que pilo proviene de pillaje, y la memoria nos recuerda que los pilos eran los curtidos traviesos de la calle, serlo, pagará por cuenta del provecho de la astucia.
El gobierno Santafareño le paga a los Pilos, pero margina a quienes no alcanzaron la cifra aprobatoria en los tortuosos exámenes que premian la resistencia en los glúteos. El ser pilo no debe merecer pagos, sino condiciones estimulantes. Y no ser pilo, debe merecer reflexiones de parte de quienes han hecho de la educación un casino de ganadores y derrotados, de estudiantes alzados en hombros y colegiales estigmatizados. Debe pagar ser creativo y creador, crítico y reflexivo. A los pilos siempre le pagan en el billar y en las apuestas del hipódromo.


Fecha: