Con la restitución de 500 hectáreas, cerca de 1.000 personas han sido beneficiadas con nuevos proyectos productivos. Esta es la historia de Alfredo Villota, beneficiado con el programa de la Unidad Nacional de Restitución de Tierras.

Pasto (SIG).
En la vereda El Cerotal, de Pasto, campesinos afectados por el conflicto armado ponen su trabajo y se forjan un futuro de esperanza con diversas actividades agrícolas en sus tierras restituidas, gracias al Gobierno.
Alfredo Villota es un campesino nariñense de 63 años, beneficiado con el programa “Mi Proyecto, Mi Campo”. Se trata de la estrategia del Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, que busca que los beneficiados con tierras restituidas labren un futuro de esperanza con su propio trabajo.
En el 2014 se le restituyó cerca de una hectárea, beneficiándolo a él, a su esposa Amelia del Carmen Tumbaco y a sus tres hijos.

Empresa Familiar
Hoy, Alfredo se ha convertido en un pequeño empresario, trabaja en sus predios restituidos junto a su esposa, una mujer emprendedora, que además de velar por su hogar, lucha por sacar adelante el emprendimiento familiar que han construido.
“500 bultos de papa he podido recoger y estoy bastante agradecido con este programa, porque además compré unas vaquitas que ahora son el sustento mio y de mi familia” dice Alfredo.
Estos humildes campesinos inician su jornada antes del amanecer. Alfredo se encarga de atender el cultivo de papa, mientras Amelia selecciona los productos para que trabajadores los trasladen hasta la zona urbana del Cerotal, donde son comercializados.
“Retornamos a la casa porque la casa es casa. Yo me preguntaba: ¿Cómo empezar a trabajar después de tanto sufrimiento? Sin embargo, después de tanto sufrimiento, hemos salido adelante y aquí estamos”.


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