LA VIDA EN PAREDES. “El arte es el medio más seguro de aislarse del mundo así como de penetrar en el”, Johann Wolfgang Von Goethe

Natalia Matallana Hernández
Especial www.noticiasalsur.co

No recuerdo con exactitud la primera vez que vi o aprecié un graffiti, ni siquiera el término me es fácil de identificar entre mis memorias. Hoy en día, esta es una palabra tan común y establecida que muchos jóvenes la usan cuando se les pregunta por su forma de expresión, eso que para algunos es una obra de arte llena de intención, esfuerzo y dedicación, y para otros terminan siendo garrapiños y tachones en las paredes.
En su comienzo y hacia los años sesenta, el graffiti se vio como una opción de “aparecer en todos lados”, una forma ingeniosa y hasta inocente de registrar firmas, seudónimos y direcciones en las paredes de las ciudades. Su representante principal es TAKI 182, un joven de Nueva York aficionado por dejar su impronta en lugares poco convencionales y pensados para el arte.
Tal como si fuera una carrera contra el tiempo, los medios de comunicación hablaban de una nueva actividad juvenil en la que al parecer sobresalía quien más firmas realizará. Una práctica que pronto abarcó todos los espacios de la ciudad, pues pintándolo, las personas hacen del mundo algo suyo, una experiencia que rompe con la rutina, única y digna de repetir.
Hacia los años 80´s el graffiti tomó más fuerza al establecerse como una forma de respuesta ante diferentes temáticas ciudadanas, políticas, ideológicas, sociales y económicas, una forma de mostrar su discrepancia con las lógicas establecidas. Y claro, no podemos dejar de lado la ilustración de sentimientos y paradojas personales, puntos cruciales en la vida y la motivación para muchos de los artistas.
En la frontera con Estados Unidos, muchos grupos amantes al hip-hop se unen a esta nueva expresión y la dotan con su ideología urbana y social. El graffiti asume una postura trasgresora y fuerte que les permite establecer un relato de la calle, de lo que se vive y se lucha, historias de barrio que tanto caracterizan este género musical. Esta expresión artística en su discurso pictórico, no vende un producto, ni busca ser un mensaje institucional, el arte que representa se sustenta en el espacio que gana dentro del imaginario urbano, una verdadera impronta de este movimiento.


Evolución y adaptación
El graffiti continuó evolucionando, adaptándose a las diferentes épocas y abrazando cada vez más nuevas técnicas, estilos y artistas que han llegado para darle un nuevo significado. La ciudad se establece entonces como un espacio en el que convergen propuestas artísticas y actos propios de la comunidad ejercidos principalmente por los jóvenes, una contracultura que siempre ha existido pero que ahora está en todo su auge.
Del mismo modo, las paredes establecen un nuevo idioma, un arte visible solo ante aquellos ojos que saben ver, apreciar, que saben deleitarse con una paleta de colores, con formas geométricas, con animaciones y con dibujos abstractos que seducen los sentidos. Es entonces el graffiti quien hace visible los imaginarios urbanos en la medida en la que los temas son variados, se habla del amor, de la política, hay otros que hacen pronunciamientos sobre la situación del hombre urbanista, la soledad, la distancia, los enclaustramientos, los miedos, los recorridos que pueden haber por las ciudades y la manera como los sujetos que viven allí lo traslada en un circuito de imágenes. Es un imaginario porque lo que tenemos sobre los muros son hechos concretos.
Carlo Márquez afirma que “el arte nos vuelve personas”, una forma de establecer que sin importar la rama artística en la que una persona se desempeñe, su contacto con este despertará su sensibilidad, su amor, su preocupación, sus sentimientos y todo aquello que lo vuelve humano.

Lo artístico y lo expresivo
Pero todo es relativo, algunos aprenden sobre el arte porque sus parientes están vinculados con el tema, otros, lo hacen empíricamente, sus amigos se convierten en sus docentes y la vida misma en su mayor experiencia. Lo cierto de todo esto es que esa pasión por lo artístico y lo expresivo es algo con lo que se nace, un potencial que en algún momento de la vida genera esa chispa que enciende todo por completo; y aunque se necesitan bases de dibujo, técnica, colores, manejo de perspectiva y un sin número de habilidades para la elaboración del Graffiti, esta es una expresión que cualquiera puede materializar, según los propios graffiteros solo se necesita tiempo, implementos, pero sobretodo, ganas. Anhelos de hacer lo que se quiere, de luchar y persistir hasta encontrar el resultado esperado. Su carácter social y artístico lo convierten en una oportunidad que tienen las personas de enseñar y aprender, como todo en la vida, son cosas que se van construyendo poco a poco, se inicia con una técnica, con un estilo y se va evolucionando, nunca se sabe para qué se puede ser bueno.
Con todo lo anterior, queda claro que el graffiti es una expresión artística, pero, ¿qué lo diferencia de otras manifestaciones? Pues bien, una de sus características particulares es que es trasgresor, si en algún momento deseas hacer un mural debes pedir permiso a alguna autoridad, eso está reglamentado por lo que es el uso del espacio urbano o el espacio público; el graffitero no, el trasgrede las normas y diseña sus mensajes visuales donde cree que es más conveniente, a veces donde se le presenta la oportunidad. La superficie puede ser una puerta, un local, o puede ser un muro, un baño, todo depende de la intencionalidad comunicativa que se tenga. Por otra parte, el anonimato y los seudónimos son muy comunes en el graffiti, una forma de enfrentarse a este arte tan cuestionado.
Lo curioso del asunto es que aquí, al igual que en otras ramas artísticas, las mujeres son más pocas. Quizás han estado alejadas por el riesgo que implica pues, algunos graffiteros realizan sus dibujos a altas horas de la noche o en la madrugada, es necesario estas atentos, correr por si aparece la policía, los celadores, los dueños de los predios. Es un rato de supervivencia en las calles.


Los pasos en Neiva
En Neiva, esa contracultura graffitera está empezando a surgir, pero aún falta mucho, existe falta de comunicación en relación con los concursos que se hacen, falta de apoyo por parte de la Alcaldía, financiación, recursos, características que frena a los artistas. A pesar de esto, los graffiteros no solo se ven enfrentados a un estigma, un rechazo y hasta las agresiones de personas externas sino a un tipo de “guerras de murales” o “guerra de imágenes” donde las personas (o entre graffiteros) tapan las imágenes ya elaboradas, una forma de bloquear y callar cualquier tipo de manifestación.
La relación entre graffiteros neivanos es cercana, le apuestan a aquella frase vieja de “si no nos apoyamos entre nosotros, nadie lo hará”. Con el tiempo se han ido conociendo unos con otros, los mismos que además de ser artistas, estudian, trabajan y tienen la obligación de responder por sus familias. Con esfuerzo y mucha dedicación han logrado construir graffitis colectivos y de vez en cuando realizan eventos para socializar, para compartir obras y hablar sobre los gajes del oficio.
Algunos de los espacios más representativos de la ciudad en relación con el graffiti son el malecón, la calle principal del cementerio, la carrera quinta con calle 21 y la Universidad Surcolombiana. Ahora, en estos espacios le apuestan a una nueva tendencia: la paz y el amor, buscando crear conciencia y compartir un mensaje de solidaridad. Ambos conceptos son la base de la vida, una forma de alcanzar la tranquilidad y la felicidad, que además hacen parte de un contexto y una situación de transición que identifica a nuestro país.
Pero a pesar de todo lo anterior, y de los pocos avances que se ha tenido en relación con el arte, la situación hoy día no es la mejor, los graffiteros se ven enfrentados a grandes estigmas, algunos son arrestados por la policía, detenidos unas cuantas horas y agredidos por aquellas personas a quienes no les gustan las temáticas de sus obras. Se ha iniciado una lucha ardua entre lo privado y lo público, entre lo ilegal y lo permitido, una disputa que busca replantear el graffiti, dotarlo de significado y sacarlo de ese oscuro rincón en el que se encuentra sumergido.
Alguna vez escuché que los graffiteros son los escritores de la vida en las paredes, y hoy no encuentro mejores palabras para describirlos. Aspiro que con el tiempo, este, al igual que todas las manifestaciones artísticas tengan la visibilización y el reconocimiento que tanto merecen. Por ahora me complace compartir un panorama general del graffiti, un arte que permite vivir “con los ojos cerrados y los sueños despiertos”.