Nombre de Guerra, un documental sobre el perdón y la esperanza. Señal Colombia estrena este 21 de septiembre a las 8:00 de la noche este documental que tiene como protagonista a Yineth, quien a los doce años fue reclutada por la guerrilla y hoy es la prueba de que los sueños más difíciles sí se pueden alcanzar.

Bastan tres minutos para quedar atrapado por la narración que hace Yineth, una hermosa mujer nacida en la vereda Remolinos del Alto, del Corregimiento del Danubio, jurisdicción de Florencia (Caquetá), desde el momento en que entró a las filas de la guerrilla de las Farc hasta hoy, cuando hace parte del equipo de la Agencia Colombiana para la Reintegración.
Esta coproducción de Señal Colombia y Rhayuela Films es contada en primera persona por su protagonista quien a lo largo de una hora lleva al televidente por una montaña rusa de emociones en las que se combina la tristeza por conocer la realidad de lo que viven muchos niños –y principalmente niñas– de apartadas zonas rurales de Colombia-, admiración por su fortaleza para enfrentar con tenacidad su regreso a la vida civil y esperanza al confirmar que ha alcanzado sus más grandes sueños.
Yineth, por orden de la guerrilla fue Yira, su nombre de guerra, desde los doce años de edad, cuando su familia al no tener dinero o ganado para aportar a la causa se vio obligada a entregar a la mayor de sus hijas por un periodo de tres meses, que luego se convirtieron en años de usar su AK47 como almohada en las noches y el camuflado como su pijama, su vestido de domingo o su “pinta” de cumpleaños.
Sin embargo, la violencia para Yineth no empezó en las filas del grupo insurgente, sino en su propio hogar donde fue víctima del abuso físico, sexual y emocional por parte de su padrastro y por parte del Estado ante la falta de oportunidades en un lugar que ni siquiera existía en los mapas, donde no había hospital y el término bachiller era una utopía.
Contrario a lo que se puede pensar los calificativos que más se acercan a Yineth no son ni víctima, ni victimaria, como sí lo son resiliencia, perdón y esperanza y eso es lo que se busca transmitir a lo largo de este documental cuya historia puede ser la de muchos excombatientes que hoy buscan un lugar en la sociedad.
Este paso no resulta fácil porque como lo dice Yineth, “el gobierno fue muy consciente en capacitar al desmovilizado para enfrentarse a la vida civil, más no ha hecho el ejercicio de concientizar a la población para recibir a este desmovilizado”, por eso su invitación es a que las personas se tomen el tiempo de conocerlos y darse cuenta de dónde vienen.
Yineth no posa de víctima y por el contrario agradece que se le haya dado la posibilidad de caminar en la ruta de la reintegración en lugar de enfrentar una condena de varios años de cárcel. “Fue la decisión más fácil de mi vida, me regalaron la oportunidad de vivir y eso es lo que trato de hacer a diario. Perdí 20 años, pero los años que me restan yo elijo cómo vivirlos”.


Nombre de Guerra habla del perdón, empezando por Yineth quien busca en su interior perdonar y consolar a esa niña que llevó los primeros años de su vida el nombre que su madre eligió y que luego fue cambiado por su padrastro, a Yira la adolescente guerrillera, a Tania nombre que adquirió cuando con 1.500 pesos en el bolsillo y tres días sin comer y sin un lugar donde dormir, bailó en un club nocturno de Bogotá, hasta convertirse en quien es hoy.
También es esperanza porque a lo largo del documental en algún momento también Yineth se vestirá de princesa de ensueño, tendrá un humilde castillo donde habita junto a un príncipe y será una mujer real que hoy sirve a la sociedad con su trabajo tendiendo puentes para que otros regresen.
Sin importar la opinión que se tenga sobre el proceso de paz, este documental vale la pena verlo y seguramente unos y otros encontrarán razones de peso para buscar un escenario común en el que se pueda hablar, repensar y encontrar esos argumentos que nos unen y no los que nos separan. Un escenario en el que todos somos víctimas y victimarios, por acción u omisión, de seres como Yineth.