El canal Señal Colombia estrena Nueva Venecia, una producción que muestra el realismo mágico de una comunidad que en medio de la Ciénaga Grande de Santa Marta. Un documental sobre la vida de un pueblo palafítico y la pasión que les lleva a construir una cancha de fútbol sobre el agua. Una historia de sueños, caídas y volver a empezar contada por un equipo de cuatro realizadores cuyo sueño era hacer una película que ahora es una película que hace posible otros sueños.

Entre el cielo y el agua, la pequeña aldea de Nueva Venecia sale a flote a pesar de los recuerdos de la masacre de hace 15 años y la dureza de la vida cotidiana. Como símbolo de resistencia, la comunidad se reúne para reparar su único lugar de recreación: la cancha de fútbol, donde el grupo de chicos que conforman el equipo Los Tigres de Nueva Venecia sueñan “con ser alguien en la vida”, con un mejor futuro y ser tan famosos como muchas estrellas de fútbol de origen tan humilde como el de ellos.
Nueva Venecia es producto del Mercado de Coproducción de Señal Colombia (2014) y fue realizada durante tres años por Passaparola Films con un equipo conformado por el director uruguayo Emiliano Mazza de Luca, la productora mexicana Martha Orozco, el fotógrafo documentalista colombiano Ricardo Restrepo y la sonidista, también colombiana, Isabel Torres, acompañado de la música de Systema Solar.
El documental será visto en estreno por los habitantes del lugar en una proyección especial que por primera vez lleva cine a este pueblo con más de 140 años de historia, en el marco de la Semana de Nueva Venecia en la que se adelantarán varias acciones sociales, culturales, deportivas y de salud en torno a la reparación colectiva a través de la estrategia Difusión y Compromiso La Revancha para lo que lograron la vinculación de la empresa privada y pública. Dentro de los planes también está la reconstrucción del bachillerato, la reparación de la cancha de fútbol, e impulsar un sistema de recolección de basura en el pueblo.

La historia antes de la historia
Nadie pensó jamás que Nueva Venecia sería un pueblo. Los concheros, hombres de pocas palabras que dedicaban su vida a sacar conchas del fondo del mar para venderlas en el municipio de Ciénaga, se cansaron de ir y volver a diario a lo largo de los 400 kilómetros cuadrados de la Ciénaga Grande de Santa Marta y de recorrer a remo los 25 kilómetros en línea recta de este cuerpo de agua de norte a sur.
Así que un día, hace más de 140 años, decidieron construir algunas casas con maderos largos que les ahorraran el trabajo de bogar por horas. La idea fue replicada y hoy más de 2.000 personas viven en Nueva Venecia, un pueblo palafítico con cerca de 300 casas, donde la pobreza impera, la señal de celular es ocasional, nunca nadie ha visto un cine, la iglesia permanece cerrada desde que allí se vivió la masacre que se perpetró hace 15 años y la cancha de fútbol se suele inundar.
Aun así, los pescadores siguen lanzando las atarrayas y remando en sus canoas, ajenos a los cambios de tiempo, absorbidos por la quietud de las aguas de la Ciénaga Grande. Allí, a ese lugar en medio de la aparente nada de las aguas, llegó un equipo de cuatro realizadores a filmar un documental de 54 minutos para televisión. Un viaje, como ellos mismos llaman, “de la idealización a la realidad”.

Un realismo mágico deteriorado
Emiliano Mazza, un realizador audiovisual uruguayo, se enteró en 2005 de la existencia de un pueblo lacustre ubicado en la Ciénaga Grande de Santa Marta. La información, que en un primer momento resultaba macondiana, comenzó a llamarle la atención cuando se enteró de que la comunidad había construido una cancha de fútbol sobre el agua.
Quiso conocerla, movido un poco por su ojo de realizador y otro tanto por su amor por el fútbol. También lo impulsaba su alma de viajero y su mirada reposada de documentalista, capaz de retratar las contradicciones y luchas del ser humano. Pero además tenía la certeza de que el lugar era macondiano de principio a fin, una realidad casi imaginada que superaba la imaginación de un escritor.
Cinco años más tarde casi lo logra. Durante sus vacaciones en Colombia decidió viajar a Ciénaga y recorrer el tramo que separa el municipio magdalenense hasta el caserío de Tasajera, desde donde salen las embarcaciones para recorrer la ciénaga. Pero no había condiciones para entrar por las inundaciones que sufría la comunidad. Tuvo que esperar dos años más, hasta 2012, para concretar su deseo de visitar el lugar que, al final, sí resultó ser lo que creía: un espacio fuera de lo común. Pero en donde todo era más difícil y menos salubre de lo que imaginaban.
Junto con la productora mexicana Martha Orozco, Emiliano decidió pasar siete días iniciales en la comunidad buscando historias. Y las encontró.
En medio de aquellas 300 casas que se sostienen sobre maderos, sumergidos en el silencio de las canoas que surcan el pueblo, ambos encontraron la identidad del documental a partir de dos relatos: las historias de los jóvenes que sueñan con jugar al fútbol en su cancha inundada, con la ilusión de llegar a ser reconocidos algún día; y el silencio y la valentía de los habitantes que sufrieron un 22 de noviembre hace 15 años una masacre en la que fueron asesinadas 40 personas, que los obligó a huir del pueblo, aunque todos decidieron volver porque no se sintieron a gusto en ningún otro lugar distinto a sus casas sobre el agua.
Convencidos de la magia documental de este pueblo que no se parece a nada, Nueva Venecia les dio pie para contar la historia que querían: la de un territorio mágico donde visualmente todo resultaba fabuloso y donde ahora la paz reina, pero donde la escasez se codea con sequía y la falta de saneamiento. El nombre de por sí era mágico y nadie dudó del título del documental: Nueva Venecia.
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