Por Cesar Adolfo Parra Arenas
Todos tuvimos charlas con los abuelos que fueron las primeras clases de historia.
Mi abuelo, Aureliano Arenas, en esas charlas afirmaba y reafirmaba que Alfonso López Pumarejo “presidente de la república liberal” había sido un verdadero liberal. Contaba que por el año 1946 después de que este presidente implementara la reforma laboral que reconocía el derecho al contrato de trabajo, se organizaron con un grupo de jornaleros de una hacienda en la que trabajaban en Río Negro Antioquia para exigir al patrón camas, comida decente y la firma de contratos de trabajo.
La intentona de huelga terminó cuando en el zaguán de la casa de la hacienda, el patrón y el capataz despacharon a los tres voceros de los jornaleros a plomo, entre ellos a mi abuelo, dejando a uno de ellos muerto y a Aureliano corriendo y saltando alambradas.
Los liberales de hoy en día, al menos los del Partido Liberal, viven no solo del Good Will que les han dejado Jorge Eliecer Gaitán, Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla sino también de liberales anónimos que, como mi abuelo, hicieron historia patria enfrentando la injusticia y el peligro de muerte que acecha a los líderes sociales desde esa época.
En la víspera de los 172 años del Partido Liberal no puedo evitar pensar en eso y recordar a Aureliano hablando de su Partido liberal, el de la reforma agraria, la reforma laboral y la función social de la propiedad privada.
Pero acto seguido no puedo evitar recapacitar que eso fue hace casi 100 años y que el partido liberal de ahora es del Álvaro Uribe disidente que nos quitó las horas nocturnas, y el del Cesar Gaviria que nos dio la bienvenida al futuro acabando con la producción nacional y que además mantiene de gobierno en gobierno buscándole puestos a Simoncito y sus niños.
Del partido liberal de Aureliano no quedan sino las postales y los afiches por qué ya no se diferencian con los “godos” ni de la hora que van a misa.
La falta de consistencia entre los discursos veintejulieros de coctel invocando a los muertos y sus viejas glorias, y el hecho de haberse vuelto parte de un Statu quo profundamente corrupto, clientelista y reaccionario no deja más que pensar que el espíritu de esos liberales a los cuales se les debe la veneración de generaciones enteras, abandonó el cuerpo del partido Liberal y no dejo sino un camatroste para el tráfico de influencias y ganar elecciones.
Recuerdo también a mi abuelo contarme que estando en el frente colonización de Maguare, con los campesinos de la zona, la mayoría liberales, creyeron que Alfonso López Michelsen por ser hijo de Alfonso López Pumarejo sería el presidente que retomaría las banderas de Revolución en Marcha de la Republica liberal. Pero pronto, afirmaba el mismo, tuvieron que afrontar la decepción de darse cuenta que “El Pollo López” no era como el papá y que más bien godos y liberales iban a gobernar igual.
El pobre liberal de Aureliano murió renegando de su partido liberal. Manzanillos y mentirosos decía.
Las actuaciones de quienes hoy son los malagradecidos herederos le dan la razón. Para la muestra de un botón basta con ver las actuaciones de Alejandro Laserna concejal de Neiva del partido Liberal, autoproclamado “ambientalista” que solapadamente se eligió con los votos y la plata de Pedro Suárez.
Este señor de día es ambientalista y en la merienda representante del lobby constructor que podría llegar afectar de manera irreversible el valle aluvial del río Las Ceibas en su parte urbana con la Circunvalar del Oriente.
En los ratos libres entre merienda y merienda, el concejal también ha acompañado a representantes de la constructora Santa Lucia a los despachos de la alcaldía. Empresa públicamente denunciada ante la ciudadanía por la concejal Leyla Rincón y ambientalistas de la ciudad debido a licencias de construcción que han generado afectaciones que representan la pérdida progresiva del hábitat de 110 especies de aves acuáticas y tienen en peligro hasta una planta carnívora.
¡Manzanillos y mentirosos!


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