Daniel Calderón Lozano
Especial Noticias al Sur
Es posiblemente el partido de fútbol más famoso de la historia. En él se entremezclan emociones como en las mejores películas: ambición, emoción, venganza, traición y mucha, mucha calidad.
Hablamos por supuesto de los cuartos de final del Mundial de México 86. Es posiblemente el partido de fútbol más famoso de la historia. Argentina comandada por Diego Armando Maradona que por esos tiempos estaba intratable en la cancha, contra la Inglaterra de Robson en un inolvidable y épico duelo, que posteriormente a los 90 minutos quedo plasmado en las páginas de la historia del fútbol la famosa frase: “la mano de Dios”.
Es necesario recordar los antecedentes entre estas 2 selecciones, que según la historia es el segundo clásico más famoso en los mundiales.
Iniciando el 14 de mayo de 1953 con una genialidad del jugador Ernesto Grillo en el estadio Monumental, quien desde un saque de esquina convirtió lo que hoy en día llamamos un “Gol Olímpico”, los ingleses confusos y sorprendidos lo llamaron el gol “Imposible”.
Posteriormente un broncoso partido celebrado en 1966 favoreciendo 3-1 a los ingleses, hasta la expulsión de David Beckam por una agresión a Diego Simeóne mientras se encontraba en el suelo. Estos hechos han catalogado los duelos entre la albiceleste y los británicos como de máxima rivalidad.
Además, aún coleaba en la memoria colectiva de los argentinos la humillante derrota infringida por el Ejército de su majestad durante la Guerra de las Malvinas, ocurrida tan sólo 4 años antes.

…Y llegó el juego
Con este clima de tensión se inició un partido del que Diego Armando Maradona estaba destinado a ser su protagonista. Una primera parte muy tranquila, sin peligro para ambas porterías, las figuras aun no aparecían.
Al inicio de la segunda mitad el astro argentino aprovechó un despeje fallido de la defensa inglesa, su mirada fija en la pelota, parecía que llegaran en cámara lenta, mientras todo el estadio se levantaba, las personas en casa mantenían un silencio rotundo para cuando el “chiquito” con la 10 en la espalda despega sus pies del suelo al mismo tiempo que el guardameta inglés -10 centímetros más alto que él-, y sin que nadie lo notara, por pura inercia y malicia de jugador “canchero” logró propinar un puñetazo al balón que acabó entrando a portería y explotando la confusión en los jugadores ingleses que estallaban en airadísimas protestas. El árbitro dio por válido el tanto y así fue como el partido se puso 1-0 a favor de los albicelestes. Posteriormente Maradona declararía con cierta sorna que el gol lo había metido «en parte con la cabeza, en parte con la mano de Dios».

El destino aún tenía reservado otro regalo para los aficionados. A pesar del desconcierto generado en la Selección Inglesa por el primer tanto, reaccionaron pronto y empezaron a acechar cada vez con más peligro. Pero no contaban con la magia de «El Pelusa».
Corrían 55 minutos de la segunda parte, Maradona casualmente recuperó la pelota e inició el camino hacia la portería más glorioso del fútbol, esquivando a uno, dos y tres, gambeta tras gambeta, una eterna carrera que detenía el corazón de los amantes del mejor fútbol que alguna vez se ha visto. Parecía entorno para todos los espectadores, después de dejar 5 jugadores atrás y tras el último suspiro, prácticamente corriendo con el corazón lanzó con su prodigiosa zurda un alargue para dejar el inglés Peter Shilton de más de 1.80m en el piso mirando el momento que el balón despega la malla del piso en el mítico Azteca de Ciudad de México, regando de gloria el césped.
Aquel día dio por sellado el gol que sería bautizado como “El gol del siglo”.
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