“La reforma tributaria generó la caída de la industria en 5%, el comercio en 2%, el crecimiento de la economía en menos del 1%, déficit de la cuenta corriente del 3.7% del PIB, y déficit fiscal del 4 % del PIB”. “Medidas del Gobierno tienen reducida la capacidad de consumo, paralizada la industria y el comercio, y dicen mentiras sobre el empleo, la desigualdad y la pobreza”.

Antonio Germán Castañeda Hernández*
Especial Boletín Económico del Huila

Hablar de modelo económico a estas alturas de la historia no es sugerir pasar del capitalismo al comunismo, como se creía en épocas cercanas a la guerra fría, o antes de la caída de la ‘cortina de hierro’. Y menos puede entenderse en estos momentos en que los regímenes del socialismo del siglo 21 hicieron crisis y el mundo entero observa la catástrofe que significa el gobierno de Venezuela y cuando se conoce del gran fracaso en que se mantiene la economía cubana y cuando sabemos los colombianos que la posición de la guerrilla es la de llevar a nuestro país a ese modelo fallido.
La sugerencia de cambio de modelo debe darse dentro de los principios políticos, económicos y sociales del sistema capitalista, a partir de un sometimiento del capitalismo salvaje a las reglas de la convivencia, la justicia social, el incentivo económico y la responsabilidad social que signifique la prosperidad de todos y elimine de una vez el atraso, la desigualdad y la pobreza.
Hemos sostenido que el trasegar histórico desde que nacimos a la vida republicana ha sido plagado de equivocaciones en contra de un desarrollo integral no exento de corrupción, estado en el cual aún continuamos viviendo, bajo la dominación de grupos económicos que definen el destino de 40 millones de personas, la entrega de las riquezas del país a otras potencias y en general a similares métodos de explotación utilizados por los españoles.
La clase dominante, ese 5% del que permanentemente se habla: egoísta, egocéntrica y monopolística, no se ve afectada en sus capitales, porque el Estado los blinda y protege, política, económica y militarmente. No tienen el mismo afán de actuar contra factores de violencia, como sí las clases bajas y medias, sin acceso al poder, o si no, ¿por qué el sector financiero, o las grandes cadenas del comercio, por ejemplo, aumentan su riqueza en medio del conflicto?
Tuvimos toda clase de misiones económicas durante el siglo pasado para diagnosticar y proyectar el desarrollo del país, pero ninguna fórmula fue suficiente para cambiar el panorama económico y social. Se plantearon esquemas proteccionistas y de libre empresa, se formularon principios liberales, se ensayó, como en toda América Latina con la sustitución de importaciones y con la apertura económica y hemos cumplido al pie de la letra con las políticas arrasadoras del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, pero nada ha funcionado, por el contrario, el Estado colombiano naufraga no solo en la incapacidad y en la ineficiencia, sino sobre todo en el mar de la corrupción.
Nuestra posición geográfica es privilegiada y los recursos naturales abundantes y no logramos proyectarnos, vivimos recientemente una bonanza de más de 10 años y sus beneficios no se invirtieron en las bases de un nuevo modelo, sólo los grandes inversionistas y quienes tienen la posición dominante de la economía engrosaran sus arcas sin el menor recato y respeto por la inmensa población pobre de Colombia y con la complacencia de los gobiernos de turno.

Lo costoso de aspirar a la OCDE
El actual gobierno pretende ahora embarcarnos en una organización de 30 países ricos, dizque con el fin de obtener apoyo para lograr inversiones y créditos. Pero ese ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ya nos ha cobrado caro el intento, como la aplicación de la anterior reforma tributaria que causó la recesión y caída de la producción, la rebaja de aranceles para productos que no producimos, favoreciendo el bajón en la balanza comercial, situación que ayuda a deteriorar más la economía, y la famosa confianza inversionista, en favor de grandes empresas e inversiones en su mayor parte extranjeras, lo que no favorece a las medianas y pequeñas empresas que son las que verdaderamente impulsan el crecimiento del país, sin olvidar la recomendación de rebajar los beneficios de las pensiones a los pocos que reciben esta compensación. Nada más injusto y Arbitrario. En conclusión estamos buscando entrar a un club de ricos, sin tener con qué, somos estrato uno, pretendiendo un club de estrato seis.
La plata de las bonanzas debe ser manejada con honestidad y eficiencia para que no suceda lo de la anterior bonanza del petróleo, dilapidada sin dar beneficios al pueblo, para luego pasarle la cuenta de cobro y que pague el desfalco a través de la reforma tributaria que generó la caída de la industria en 5 %, el comercio en 2 %, el crecimiento de la economía en menos del 1 %, déficit de la cuenta corriente del 3.7% del PIB, y déficit fiscal del 4 % del PIB. Errores e irresponsabilidad de los señores Santos y Cárdenas, con una recesión económica que no sabemos cómo va a terminar, que gracias a sus torpes medidas tienen reducida la capacidad de consumo, paralizada la industria y el comercio, y dicen mentiras sobre el empleo, la desigualdad y la pobreza. Ante la impotencia frente al fracaso, ahora piden más fe y visión de futuro, pero sin razones serias.
Para la formulación de un modelo que cumpla con las aspiraciones de la mayoría de colombianos, basta recordar los términos constitucionales sobre el régimen económico del país que nos enmarca en principios como la libre empresa, la iniciativa privada, la distribución equitativa de las oportunidades, la prosperidad para todos, la justicia social, la competitividad, sin el abuso de posiciones dominantes, exigir la responsabilidad social de las empresas, allí están las bases para lograr un desarrollo armónico. Pero el modelo económico que se aplica sólo tiene las puertas abiertas para el gran capital y poco le obliga al cumplimiento de la responsabilidad social que permitiría la creación de más riqueza sin egoísmos y una retribución justa al trabajo, sino que el modelo actual sólo sirve para hacer más prósperos a los ricos e incrementar los problemas de los pobres.
El modelo económico que pregonamos parte de manejar adecuadamente el ámbito político en donde los dirigentes y gobernantes tengan un verdadero sentido del servicio público, transparencia y claridad sobre el manejo del Estado, sin corrupción, o por qué razón el presidente, los congresistas en su mayoría y los mismos miembros de las altas cortes, tienen montada una empresa para nombrar a gentes de sus propios círculos que se recomiendan entre si y en donde lo que más vale es que hayan colaborado en sus campañas políticas. En lo que viene, afloran los intereses personales para volverse a postular quienes han participado durante muchos años en los gobiernos corruptos e ineptos que tienen a Colombia en decadencia moral y económica, donde está la demarcación que debieron haber hecho los herederos de grandes héroes que fueron sacrificados por luchar contra la corrupción, los vemos muy entusiasmados dentro de partidos como Cambio Radical o el desprestigiado Liberal, rodeados de corruptos que siguen dirigiendo el país hacia el abismo.

La investigación, la clave
En educación debe reorientarse la enseñanza hacia la investigación científica en temas de alta tecnología y creatividad dentro de un modelo de formación de libre iniciativa que impulse y fortalezca a la pequeña y mediana empresa con incentivos económicos, asesoría, capacitación y apoyo permanente. Lo que vemos es que el país ha sido gobernado por quienes estudian en universidades privadas tradicionales, en donde sólo les dan a conocer la manera de explotar un modelo elitista en favor de la clase dominante, pero insensibles a los problemas que viven las comunidades.
Como parte de la educación y la cultura se debe obligar a la cooperación, a la solidaridad, la ayuda mutua, la disciplina, el respeto y al control comunitario, para sacar adelante obras sociales como la vivienda, los servicios públicos domiciliarios.
Se debe privilegiar la inversión en educación para todos, en formación integral a los niños y a la juventud con todas las garantías para su superación y desarrollo, el trabajo y la convivencia pacífica, trasladando cada vez más recursos de la represión y la guerra a esta función sin la cual no hay esperanza de lograr el cambio hacia un nuevo país.
El modelo de atención en salud debe dar un giro de 180 grados y dejar de ser un negocio y prestarse únicamente como un verdadero servicio público, sin intereses particulares y con cobertura universal.
El Estado está en la obligación de brindar estímulos económicos a todos los niveles, facilitando las relaciones con múltiples mercados del mundo y atrayendo la inversión del capital, en condiciones de responsabilidad social, no dominante ni monopolística, buscando crear más empresas y así tener más ingresos y utilidades que a su vez generen más contribución tributaria al Estado con impuestos progresivos y no regresivos.
En el campo de la infraestructura, se deben hacer esfuerzos crecientes en materia de comunicaciones y transportes para seguir construyendo carreteras, pero además revivir los ferrocarriles, las vías fluviales, modernizar y ampliar puertos y aeropuertos que reduzcan los costos y tiempos.
La agricultura y el sector campesino necesitan una reforma que garantice una mejor distribución de la tierra, más asesoría y crédito en condiciones dignas, pues fue en ese sector campesino donde se dieron las contradicciones que hoy nos hacen sufrir los rigores y las consecuencias de la violencia, las políticas equivocadas y perversas aplicadas en casos como el pacto de Chicoral, Agro Ingreso Seguro, entre otras, fueron una muestra de la discriminación y menosprecio por el campesino, la consagración de la pobreza, el atraso y la violencia en el campo.
El sector financiero, que tanto se lucra de la situación del país y que no quiere entender el verdadero compromiso social, debe ser obligado a facilitar crédito y a disminuir los intereses que cobra para su financiación.

Acción en la justicia
Sistemas que están deteriorando al ser humano, como el penal y carcelario, deben reformarse y endurecer las penas por la comisión de delitos, aplicando sin consideraciones condenas más fuertes a todo tipo de delitos, pero sobre todo a los de lesa humanidad y los de corrupción con cadena perpetua en lugares donde el delincuente provea para su mantenimiento, mediante labores productivas y de verdadera recuperación social.
Se debe buscar en forma seria y responsable la integración de los países de América Latina para enfrentar los desafíos de la globalización, poniéndonos de acuerdo en objetivos económicos y sociales para enfrentar el mundo globalizado, aprovechando las ventajas comparativas de que disponemos, olvidándonos de mantener a pueblos aislados de la realidad mundial o en ideologías decadentes que solo ofrecen atraso y enfrentamientos.
También tenemos un grave desorden en los entes territoriales en donde la ineficiencia y la corrupción de igual manera campean, pero que tienen inmensos capitales humanos para aportar al desarrollo que solo lograremos cuando hagamos un esfuerzo para cambiar a la actual clase política y buscando a los mejores por su honestidad, su conocimiento, su disciplina y su sentido de servicio a la comunidad.

*Ex Director DIAN y EX Secretario de Hacienda.
Docente Universitario