A sus 21 años tenía claro que quería servir a la Patria y por ello decidió ingresar al Ejército Nacional, lo hizo a través del Batallón de Infantería No. 26 ‘Cacique Pigoanza’ de la Novena Brigada, unidad con presencia en el centro del Huila.

Realizar una lucha frontal contra las organizaciones armadas al margen de la ley, la delincuencia común y el narcotráfico, no era su única misión, el soldado profesional Graciliano Trejos Higuita quería expresar su amor por la naturaleza y los animales a través del arte, de ahí que cada tronco de madera se convertía en una oportunidad para materializar su don artístico.
“Ingresé al Ejército Nacional hace 12 años; en el área, mientras patrullábamos, me encontraba trozos de madera a los que poco a poco iba tallando hasta darle forma de serpiente, águilas y otros animales, pero no conocía técnicas”, aseguró el soldado Trejos Higuita.
Pasaron 10 años para que el destino le diera la oportunidad de cruzarse con el maestro José Emiro Garzón Correa, un reconocido escultor caqueteño que se enamoró del Huila y desde esta tierra Opita ha dado a conocer su arte a nivel departamental, nacional e internacional.
“Hace dos años, un día llegó mi teniente Velásquez, el oficial de Acción Integral del Batallón Pigoanza y me dijo “necesito que se contacte con el maestro Emiro en la Jagua para que le ayude con una obra que él nos va a obsequiar para la unidad” y fue entonces cuando distinguí al maestro e inicié mi aprendizaje”, comentó.
No era una tarea difícil, al contrario, trabajar con el Maestro era la oportunidad que necesitaba para explotar, con verdaderas técnicas, su amor por el arte; de ahí que con cada cincelado, Trejos ‘tallaba’ su propio estilo y ayudaba a darle vida a la escultura del soldado Infante que representa el coraje, mística y disciplina de los hombres del Ejército Nacional y que hoy da la bienvenida a quienes visitan las instalaciones del Batallón Pigoanza.
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Maestro y amigo
Realizar la obra del soldado infante fue solo el inicio de una gran amistad; las clases de enseñanza y aprendizaje no terminaron allí, cada espacio, cada hora de descanso y hasta sus vacaciones, son aprovechadas por Trejos para, con la guía del maestro, crear nuevas obras de arte, ya no solo en madera, sino en otros materiales como arcilla, plástico, cera, bronce, granito, entre otros.
A pesar de su estilo enmarcado en la fauna, Trejos se inspira en su uniforme y su amor patrio, para dar forma a figuras de aguerridos combatientes, hombres como él, de casco y botas, que cada mañana se levantan con la aurora para defender a Colombia hasta con sus propias vidas.
Hoy, el maestro Emiro da vida a la obra de La Caminante, una escultura que donará para el municipio de Garzón y en la que el soldado Trejos ha estado comprometido en el marco de su proceso de aprendizaje.
La amistad continúa, el maestro espera pronto que su discípulo siga perfeccionando su estilo, hasta que sus obras sean tan reconocidas como las suyas, hasta que el apellido Trejos sea recordado como el del soldado escultor de paz, un hombre que con su arte invita a los jóvenes a innovar a aportarle al progreso de su país.
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