Después de llevar 7 semestres de Licenciatura en Educación Artística y Cultural, joven decide retirarse de la Universidad Surcolombiana por una «decepción académica» y gracias a los viajes, recorridos y experiencia adquiere un estilo propio y el aplauso para sus obras artísticas.

Angy Paola Bedoya
Especial www.noticiasalsur.co

El macramé, un arte que hace de las manos instrumentos para regalar vida, se ha convertido además, en una de las mejores formas de resistir las desigualdades sociales.
Aquella mujer de contextura delgada, alegre y de piel canela, se llama Leslie Katherine Castañeda Ceballos. Tiene 22 años de edad. Su familia, su sangre y su madre naturaleza le han dejado un legado artesanal: el macramé, con el que brinda felicidad a través de sus diseños.
El arte del macramé se remonta a las épocas primitivas cuando se elaboraban trajes con cueros de animales. Los árabes en el siglo VIII desarrollaron con facilidad la destreza artística de combinar la creatividad con la paciencia, para lograr hermosas figuras por medio de nudos.
«Gracias a mi abuela Candelaria Ramírez aprendí a tejer o trenzar el pindo (material que se utiliza para la elaboración del sombrero típico del Huila). Desde ese momento en el que tenía 7años, me gustó la artesanía», cuenta Leslie.
A sus 15 años conoció a Carlos Javier, un gran amigo que aún conserva, fue él quien le enseñó los tejidos básicos del macramé; entre ellos estaban los atrapasueños y las manillas sencillas. «Recuerdo que mis primeras artesanías las regalaba o las vendía en el colegio», puntualizó.
Esa mujer viajera, siempre ha soñado con estar en grandes tarimas con su propia banda musical, pues aparte de ser artesana también interpreta varios instrumentos, entre ellos está la flauta, la quena, gaita (hembra y macho), la guitarra y el piano.
Leslie nació en el municipio de La Plata, ubicado en el centro del Huila, allí la conocen como una gran artista. En el 2012 decide trasladarse a la ciudad de Neiva para iniciar sus estudios universitarios. Allí conoció a una hermosa artesana llamada Pili Buchelly, quien le enseñó algunos secretos en los nudos y le hizo comprender la magia que tiene cada manilla, collar, arete.

Enseñanzas, aprendizajes, amores
«La Pili es mi mamá artesana, gracias a su compañía desarrollé la concentración, paciencia y el amor por mi arte. Ahora sé que cada nudo que trenzo debe estar lleno de amor, alegría y paz, para que de esa misma manera lo reciba el destinatario de la artesanía», anotó Leslie.
La Universidad Surcolombiana dejó huella en la vida de Leslie por su aprendizaje artesanal, pero también la marcó negativamente. Su paso por la casa mater la llevó a confrontarse con docentes y en especial consigo misma, pues tropezó con profesores que categoriza de una manera sesgada el arte, cuando es un campo experimental y por ende no hay un concepto único, porque se entiende que lo artístico es subjetivo. Además la pedagogía que se maneja en el Programa de Artes es patriarcal y vertical, es decir que el docente tiene el poder de considerar y comentar despectivamente “quite eso de mi vista que me sangran los ojos” sobre una obra artística, y olvida su rol como facilitadores u orientadores de procesos formativos.
Por consiguiente esta mujer se lanza al abismo y decide, después de llevar 7 semestres de Licenciatura en Educación Artística y Cultural, retirarse de la institución por una «decepción académica»; considera que el arte es tan hibrido que no existe una fórmula que permita considerar si algo es arte o no: «Todos tenemos habilidades diferentes, por ende tenemos artes distintas y no podemos ser encasillados por alguien», señaló.
Por lo anterior, Leslie decide regresar a su pueblo. Allí se dedica varios meses a tejer y a aprender nuevas técnicas con los hilos. Decide luego viajar por fuera del país para compartir con otras culturas, la herencia de sus ancestros.
«Estuve en el país vecino, recorrí varios pueblos del Ecuador. Allá expuse mis artesanías y se vendieron bien, incluso hice un atrapasueño súper grande. La elaboración fue una terapia de paciencia: Primero compré alambre para realizar el aro, luego empecé a crear nudos con cabuya, allí dejaba todas mis historias, aprendizajes, tropiezos que viví en ese país; es por eso que tiene una energía especial, por tal razón decidí dejarlo en una discoteca de Montañitas (pueblo ecuatoriano) como una forma de dejar memoria sobre ese viaje», detalló.
Durante su recorrido por Ecuador visitó alrededor de 8 ciudades y pueblos, entre ellos Lago Agrio, Quito, Salinas, Libertad, Montañitas, Ayampe y Olón. Esta travesía le permitió conocer mucha gente, cultura, arte y un sinfín de experiencias que hoy en día las cuenta con mucha alegría. Además esas historias le sirven como inspiración a la hora de tejer, pues piensa que los viajes son respiros para la mente.
Asimismo, viajó por Bogotá, allí vendió varias artesanías que había elaborado en el país cercano. Cada vez que una persona le compraba, ella le contaba el proceso de la elaboración con el fin de resaltar la energía que carga la artesanía. Después se dirigió al municipio de San Agustín, donde es “la casa artesanal” y allá se reencontró con viejos amigos para compartir y brindar una vez más por la vida.

Imágenes, conceptos y prejuicios
Leslie se ha sustentado económicamente gracias a la dedicación que le ha puesto a su trabajo; y como factor importante, al reconocimiento que ha adquirido a lo largo de los años. «He participado en varias ferias artesanales, lo que me ha permitido que Colombia y en especial el Huila conozcan mis productos”.
Los artesanos socialmente han sido señalados como locos, sucios, gamines y un sinfín de calificativos que lo único que hacen es denigrar a la persona y el arte del macramé. Sin embargo, existen aquellas personas que valoran el trabajo, el amor y la energía que tienen las artesanías, «esas personas son las que me inspiran a crear cosas nuevas”.
»Ser artesano (a) es tener un estilo de vida donde eres el dueño de lo apreciado del mundo, del tiempo, pues eres libre de decidir si trabajas hoy o no, si viajas, estudias, y no tienes que responder a unos horarios saturados de horas laborales, donde no te permiten vivir sino que explotan para que otros disfruten y luego de trabajar una cantidad de horas considerables, te dan el privilegio de una pensión, para que pagues una enfermera que te cuide, porque estás tan enfermo que no puedes valerte por ti mismo».
«Por último, les quiero decir que vivan la vida a la manera que les parezca, que luchen por lo que sueñan, viajen por las montañas porque allá hay lugares mágicos». Esta es Leslie. Actualmente se encuentra en su pueblo natal, donde está estudiando música con la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, además está trabajando con la academia Alta Frecuencia Estudios, allí realiza talleres con los jóvenes sobre la interpretación instrumental de la música y sobre macramé. A sus 22 años es una mujer independiente, enamorada de su arte y de las mujeres latinas.