La alta distancia de poder entre jefe y subordinado parece ser un rasgo cultural que influye en la construcción de las relaciones en las organizaciones y explica porqué, en términos culturales, el país no es tan propenso al cambio, afirma Francoise Contreras, profesora de la Universidad del Rosario.

Aunque se podría decir que Colombia es un país en tránsito hacia la aceptación de las nuevas realidades organizacionales provocadas por el ritmo de las innovaciones tecnológicas, los trabajadores aún conservan cierta admiración por el liderazgo más tradicional y autocrático, es decir, del jefe que manda y ejerce poder con características autoritarias, según Francoise Contreras, profesora del Doctorado en Ciencias de la Dirección de la Universidad del Rosario.
Estas percepciones las sustenta la investigadora del resultado de estudios académicos en los que, por ejemplo, examinados 400 trabajadores de Instituciones Prestadoras de Salud (IPS) de cuatro ciudades, encontró que los empleados sentían demasiado control por parte de sus jefes, pero, simultáneamente, esto tenía un efecto positivo en cuanto incidía en que estos percibieran menor impacto de los riesgos psicosociales (factores que inciden en la salud asociados al estrés).
Para Contreras, esto permite argumentar que “la alta distancia de poder entre jefe y subordinado parece ser un rasgo cultural que influye decididamente en la construcción de las relaciones organizacionales y ayuda a explicar por qué, en términos culturales, nuestro país no es tan propenso al cambio”.
Liderar, más que mandar o ejercer poder (atributos del jefe, más que del líder actual), es contribuir a la generación de una cultura de inclusión y bienestar, en la cual los trabajadores le encuentren un significado a su trabajo, incrementando con ello su satisfacción y su calidad de vida laboral, dijo.

Liderazgo es cambio
A diferencia de décadas pasadas en las que tendían a primar estilos de liderazgo centrados en el líder, con ciertas características autoritarias, hoy la ciencia de la gestión administrativa se ha desplazado a preparar líderes capaces de crear las condiciones necesarias para que sus trabajadores se sientan satisfechos con lo que hacen.
Este estilo de liderazgo es conocido como liderazgo transformacional y se caracteriza porque al priorizar el bienestar de la persona reduce el estrés laboral, mientras logra incrementar el compromiso emocional con el trabajo.
Los expertos en el tema han encontrado que el liderazgo es uno de los ejes esenciales que permite adecuar las formaciones colectivas humanas a la velocidad de las transformaciones en el mundo de hoy. Por esta razón, explica la investigadora de la Universidad del Rosario, “liderazgo es cambio”.

La felicidad en las organizaciones, asunto bien serio
El siglo XXI parece ser el de la búsqueda de la felicidad en las organizaciones. Y aunque en principio el tema parezca baladí, al decir de Francoise Contreras el tema es bien serio. De hecho existen cursos en Universidades como Harvard sobre la ciencia de la felicidad, y países como Bután han propuesto índices de medida de felicidad.
En términos organizacionales, felicidad quiere decir bienestar y búsqueda de plenitud en el lugar de trabajo, gracias a la gestión de un líder que ha construido comunicación auténtica con su equipo, además de reconocer al colaborador como un ser humano que merece ese bienestar que se le brinda y que este reconoce y retribuye con el compromiso que redundará en la calidad de su labor.
Para la profesora de la Universidad del Rosario, el liderazgo y su capacidad de influir sobre otras personas se construye a través de la interacción con los colaboradores,un poder que se espera este distribuido y no como solía suceder en las organizaciones más rígidas y refractarias al cambio, concentrado en una cabeza que impone un camino para que el resto de colaboradores le sigan.
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