Es muy notorio que el Festival está en un punto de quiebre, pues para muchos no existe voluntad política para rescatar la memoria y la tradición de la región, el proceso de construcción de la identidad se ha dejado a un lado y las influencias culturales propiciadas por el sector económico, cambian el sentido cultural de esta fiesta.

CLAUDIA DAHIANA PATIÑO RODRIGUEZ
ESPECIAL www.noticiasalsur.co

El Festival Folclórico y el Reinado Nacional del Bambuco más conocido como San Pedro, se realiza en la ciudad de Neiva, capital del departamento del Huila, desde la segunda semana de junio hasta la primera semana de julio. Días estos en que la ‘Capital Bambuquera’ y ciudad hospitalaria, como la llaman, se apresta al compás de Sanjuaneros, Bambucos y Rajaleñas para recibir a propios y extraños que en verdaderos ríos humanos se vuelcan hacia la Avenida Circunvalar para disfrutar, compartir y derrochar de la alegría lo que representa esta cita anual, donde la música, la danza, la gastronomía el arte y la magia confluyen día a día en sus multicolores desfiles para el deleite del pueblo que ha buscado en esta fiesta popular un fortalecimiento de los valores propios y de la apropiación de los matices culturales de esta hermosa tierra soleada que surte frutos de esperanza y progreso.
Hablar de festival no es simplemente remontarnos a los días de junio para recibir con la tambora, la puerca o la marrana a sus reinas y a ese singular personaje que por esos días asume al control de la ciudad, da la bienvenida a coterráneos y turistas, propone poner punto final a las tristezas y amarguras e invita a gozar de una fiesta pacífica y fraternal.
Hablar de este festival es resaltar la cultura y la memoria de un pueblo que ha querido tener una identidad y un legado propio, donde aferrado a su tradición irrumpe con su música, danza, gastronomía y arte para vencer los prejuicios y dar rienda suelta a su alegría y espontaneidad. Desde sus inicios la fiesta llevaba consigo la proyección de un conjunto de elementos sobre la región, para ser exhibidos con el objetivo de lograr un efecto de reconocimiento ante los turistas y el país, y de sentido de pertenencia para los mismos opitas.
En esta fiesta junto con la alegría desbordante existen y coexisten diferentes factores que con el pasar del tiempo, lastimosamente han hecho que se pierda las costumbres y tradiciones de la región, como era la convivencia en familia, el recolectar fondos para la reina del barrio, el matar el cerdo para compartir con la comunidad, que eran fieles expresiones de la tranquilidad y de la paz que se vivía en el territorio.
En los últimos años, algunos aspectos que han tendido una existencia prolongada en la historia del festival y a los cuales se han sumado otros, han tornado bastante compleja la dimensión económica de la celebración, pues en el libro Diversión, Devoción y Deseo del autor Bernardo Tovar Zambrano, mediante un informe, manifiesta que los sectores más beneficiados con la fiesta eran el transporte, la zona hotelera, los bares, los clubes, las ventas de licores, entre otros, que de una u otra manera cambiaban los matices culturales y las manifestaciones folclóricas, para convertirlas en algo más comercial.

¿Ha servido la realización del Festival para afianzar las manifestaciones folclóricas y culturales de la región?
En un inicio, el Festival se pensó para fortalecer la identidad del territorio huilense, donde muchas imágenes y elementos simbólicos jugaban un papel fundamental con las tradiciones culturales y las manifestaciones folclóricas. Sin embargo, hoy en día el Festival ha ido cogiendo otro rumbo, y los ámbitos políticos, económicos y sociales entran como fichas claves en esta fiesta. Según el escritor y crítico del arte Miguel de León, “el sentido del Festival Folclórico y el Reinado Nacional del Bambuco ha cambiado con los años, ya que, la comercialización ha sido un factor decisivo para dar paso a la privatización, pues hoy en día, las empresas cortan la relevancia al Estado y las dinámicas de esta festividad popular se transforman, puesto que no todo puede ser gratis para todo el mundo y es ahí donde se vuelve una festividad ampliamente comercializada y tanto empresarios como gente del común aprovechan las vacaciones de medio año para “echarse la rodadita” y buscar el beneficio propio, cambiando el discurso de identidad huilense por el comercio y la privatización”.
Hace algunos años, las presentaciones de orquestas, música campesina, encuentros de rajaleña se hacían para todo el pueblo, pero cuando se dieron cuenta de que el festival daba plata, muchos empresarios empezaron a interesarse por invertir, lo que generó que el Festival se vuelva elitista y se pierda la esencia popular. También la parte de los afiches ha perdido su propósito, ya que no son regalados por las empresas, sino que se hacen concursos para que sea algo mas comercial, afectando su propósito, pues ya no es afiche de autor, donde se refleja la identidad cultural, sino que se recogen instrucciones y orientaciones que benefician a otros y es ahí donde las expresiones culturales empiezan a estorbar y a cambiar el objetivo de la realización de esta festividad.
El reinado como una muestra representativa más que de la cultura de la comercialización En el Festival Folclórico y el Reinado Nacional del Bambuco, según Bernardo Tovar, Zambrano, “las críticas de muchos autores recaen sobre el reinado, ya que este, era la parte intrascendente, divertida y efímera de las festividades, que funciona como distractor y se quiere justificar por la necesidad recreativa pero que culturalmente no tiene justificación ni aporte, se ha convertido en exaltación de lo banal, de un evento elitista cuyos costos son cada año más onerosos para el Departamento, convirtiéndolo así, en un acto de despilfarro y subvaloración de lo propio que afrenta las necesidades de un pueblo que es a la larga quien sufraga los gastos”.
Es muy exagerado pero cierto, que el reinado es el centro de las manifestaciones culturales, todo gira en torno a la reina y todos se sienten reflejados con ella, como una expresión democrática de la comunidad, aquí las empresas vuelven a tomar un papel clave dentro del festival, ya que son los que financian a las reinas, cambiando la lógica de lo popular a lo privado, pues es curioso que el concurso de señorita Neiva son puras empresas, como la Lotería del Huila, centro comercial Santa Lucia entre otros, lo cual no cumple con objetivos, expresiones y enfoques culturales y folclóricos y se convierte en una “holganza despilfarradora de energías y dineros”, pero para los opitas la fiesta sigue siendo Reinado y Folclor.


Desde el campo artístico como se aporta al festival y que piensan de él
En el marco del Festival, se realizan diferentes muestras representativas que destacan la tradición familiar y generan espacios de intercambio cultural, donde los artistas de diversos campos cobran mucha importancia, puesto que son ellos los que lo llenan de color, música, danza y alegría , siendo los protagonistas y los que vivencian año tras años las dinámicas y las transformaciones que han tenido las fiestas, manifestando ciertas incomodidades acerca del manejo administrativo y cultural en la que se ha visto el San Pedro. “Desde el 2015 se han venido presentando inconformidades con la creación de Corposanpedro, debido a problemas con la contratación de los artistas y los pagos, ya que se demoraron más de 6 meses en pagarnos, vulnerando nuestros derechos artísticos. Todo esto ha generado cambios en el festival, pues se ha perdido la cultura por tratar de quedarse con algunos pesos en el bolsillo”, manifiesta Frank Cardozo Tovar, participante de comparsas.
Lastimosamente, es evidente el cambio que se le ha dado a estas festividades, y como los artistas han sido los principales afectados en cuanto al manejo y el sentido que se le ha dado, pues la comercialización y privatización ha hecho que las manifestaciones folclóricas pierdan el sentido cultural. “El Festival se ha transformado mucho, se ha dejado contaminar con la parte comercial, ya que esto no aporta a la cultura. En el caso de las carrozas, hacen una comercialización con faldones para publicidad, dañando la estética e imagen de las obras, sin aportar nada al valor de esta, lo cual causa malestar e inconformidades como artesanos”, expresa Antonio Torres, diseñador y constructor de carrozas.

Las manifestaciones culturales y la sociedad, según la institucionalidad
Es muy notorio que el Festival está en un punto de quiebre, pues para muchos no existe voluntad política para rescatar la memoria y la tradición de la región, el proceso de construcción de la identidad se ha dejado a un lado y las influencias culturales propiciadas por el sector económico, cambian el sentido cultural de esta fiesta. Pese a estas problemáticas el coordinador del Festival Guillermo González Otálora manifiesta que “la esencia popular se ha perdido con el tiempo. Antes el Festival Folclórico se llamaba festival típico, tenía certámenes y concursos departamentales de bandas, reajaleñas, bambucos, etc., y algunos años se han introducido muchos elementos que han jugado a favor y en contra de la festividad, ya que maneja la dinámica de rescatar la tradición en cuanto al folclor, pero lastimosamente la parte popular y la participación social se pierden, puesto que al tratar de no hacer comercial la fiesta y rescatar lo propio, muchas personas optan por no asistir a los eventos, expresando que al no traer un artista u orquestas de talla nacional e internacional, el festival está malo”.
En este sentido, la misma institucionalidad en medio de su labor por preservar la cultura y satisfacer a la comunidad, dentro de la programación, busca articular tanto lo regional como lo nacional e internacional, por esto hay encuentros de música campesina, de danzas, de rajaleña, presentación de la banda sinfónica y de orquestas nacionales e internacionales. “Lastimosamente el pueblo no tiene conciencia de que hacemos el Festival para que ellos mismos se fortalezcan, y solo ven al San Pedro como una simple rumba y entre más artistas internacionales asistan y más espacios de goce existan, más gente llega al evento, un claro ejemplo de esto, es cuando realizamos la presentación de la Banda Sinfónica, asisten aproximadamente 300 personas al coliseo pero cuando está el desfile en traje de baño el lugar está a reventar”, manifiesta Guillermo Gonzales.

Rescatar la tradición y la cultura huilense por medio del festival
“Es muy importante rescatar la tradición de nuestra región, y hacer del Festival Folclórico y el Reinado Nacional del Bambuco, símbolos que identifiquen nuestra cultura y fortalezcan nuestra tradición. Es por esto que se ha pensado recuperar la memoria y las tradiciones tanto en la parte musical, como en los desfiles, en la danza y demás elementos que lo componen. En la edición 57, las fiestas recobraron la tradición y se buscó devolver al pueblo con eventos de arraigo, se dedicó un tiempo para admirar la riqueza cultural expresada a través de diversas bandas de pueblo, leyendas narras en los parques de la ciudad, todas con el fin de rescatar la tradición y el imaginario de los huilenses”, expreso Fabián Torres, director de Corposanpedro.
Con todo esto, es importante tomar conciencia en cuanto al sentido de estas fiestas, pues los mismos artistas manifiestan que ya es hora de darle un giro y tratar de recuperar las manifestaciones culturales en la región, dejando a un lado la privatización para volver a la esencia de lo popular, del pueblo. Tanto la Administración como la misma sociedad, debe replantear que el Festival se realiza con el fin de identificar la cultura y tradición de esa hermosa tierra de promisión, esa expresión artística y creativa que con mucho temple puede generar cambios sociales, económicos y políticos que afectan de una u otra manera las vidas de los huilenses, aquellas expresiones de la Región Surcolombiana que simboliza la lucha por sus raíces, y es por esto que se debe pensar en rescatar la tradición y lo propio, dejando a un lado la comercialización, pues la fiesta es del pueblo y no de unas cuentas empresas, así que venga y ¡péguese la rodadita!