Por Marcos Fabián Herrera Muñoz
“Las ideas aún movilizan, y la piel envejecida de los vetustos batracios que descansaban en la sombra de las playas del Magdalena, también se llaga” ; fue lo primero que me dijo Tribilín en medio del alborozo. Al levantarse del taburete que conserva en el centro de su sala, tomó el lápiz y graficó sobre un pliego de papel un improvisado mapa del perímetro de nuestra urbe. Al señalar el centro del croquis, tomó aire y se aprestó a conceptuar : “Un renovado equipo de concejales serán los coequiperos del médico encargado por la ciudadanía para realizar la más delicada de las cirugías: extirpar un tumor cancerígeno que hizo metástasis en el tórax de Neiva. Agravado por el desaforado consumo de componendas y sobornos, el cuerpo enfermizo y apesadumbrado de la ciudad, no se confundió con los placebos del concreto y la demagogia de los antibióticos genéricos elaborados de manera hechiza en la farmacia de Fronteras del Milenio. Los concejales que lo acompañan en la cruzada, deberán acompasar con inteligencia y disciplina de enfermeros, la prolongada operación que Lara Sánchez practicará en la aldea sureña de soles despiadados.
A su favor, una ciudadanía veedora y vigorosa, que le ha confiado el proceso de recuperación de la salud de Neiva”. Con sosiego, Tribilín se sentó de nuevo en su remendado taburete. Una sonrisa se asomó en la comisura de sus labios a leer en un diario local, la noticia sobre la rebatiña entre un par de caciques calcinados en el ostracismo dictado en las urnas.


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