Así va ‘de la huerta a la olla’

Así va ‘de la huerta a la olla’

Lo primero que hace Lucila cuando se levanta es poner a hacer el tinto para ella y su esposo, después del baño ya está en función del desayuno y luego a llevarles el maíz a las gallinas. Entre los dos se distribuyen las tareas de La Buitrera que es su finca, pero hay una labor a la que ella le dedica especial atención y es su huerta; cada que tiene tiempo se va a sembrar algo, quitar la maleza y echar agua.
Lucila Vargas vive en la vereda El Valle del municipio de Colombia norte del Huila, es beneficiaria del programa HYLEA, iniciativa que busca consolidar una estrecha conservación de áreas, protección de la biodiversidad y restauración de áreas en 13 municipios de la cordillera oriental del Huila. El apoyo para su huerta casera tiene para ella un significado muy especial: “estoy muy contenta porque se come uno todo muy fresco, se puede cultivar orgánicamente, sin químicos”.
Como la de Lucila, son 470 las huertas familiares financiadas, 87 en el municipio de Colombia, una estrategia de impacto regional presente también en Algeciras, Gigante, Garzón, Guadalupe, Suaza y Acevedo. En el componente de restauración ecológica se han restaurado 268.9 hectáreas con 146.670 árboles sembrados en siete municipios del Corredor Andino-Amazónico.

Huertas caseras
Cada vez que Lucila necesita algo para los alimentos del día se va para la huerta y allí elige el sabor que tendrán sus comidas, “como dice el dicho, de la huerta a la olla, come uno sus productos frescos y uno mismo los cultiva, qué dicha”.
Las huertas aportan a la economía del hogar y son apoyo para los vecinos y amigos con los que se comparten e intercambian de vez en cuando la cosecha, “Eso es muy bonito, además uno como vive en el campo y le gusta la agricultura es muy feliz al ver las maticas crecer y el avance. Muy bueno me parece el programa y el apoyo con las huertas”. El programa HYLEA cuenta con aliados fundamentales para los resultados.
Lucila dice que desde hace mucho no compra cebollas, cilantro, repollo y la papa, y que es gracias a la motivación que tuvo para cultivar sin químicos, lo cual la enorgullece tanto como el slogan de su municipio, “doblemente colombiana”.
Se casó hace 30 años y es madre de tres hijos que sacaron adelante y ya se fueron a la ciudad. Se dedica de tiempo completo a la agricultura, al café y al maíz, y desde su finca invita a la gente a tener su huerta y a querer la tierra, así como ellos lo hacen.

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