Pasada la tempestad, viene la calma

Pasada la tempestad, viene la calma

Fernando Gasca*
Pasada la tempestad, viene la calma, eso dicen por ahí, pero acá la cosa como que fue al revés, vea comadre, más se demoraron en anunciar el fin de la guerra, vale decir que llegaba la calma y arrancaron los sin compasión a añorar la guerra, ¡el mundo al revés! Alguien conspira, alguno suspira; alguien se quiere revelar contra el orden establecido, alguno añora la guerra, odia la paz; el tronar de las armas apabulla el ruido de la corrupción, es mejor el humo (las cortinas de humo) que las noticias y los destapes de los medios y las cadenas; cuando los muertos escasean se fabrican, se inventan, se justifican; el amor por el dinero y el poder son vicios más adictivos que las drogas, el juego, la religión (todos juntos)
Quien odia sin saber que odia, es un psicópata, quien goza justificando sus malos pasos, sus pésimos andares, sus marrullas del amanecer, sus componendas de la madrugada, ya no es un enfermo, es un tóxico para la sociedad.
Quien cree e idolatra a los falsos, sabiendo que éstos lo son, no espere bondades de su justo, en cualquier momento como el alacrán sentirá el rigor de su ponzoña.
Pobre del pobre que lucha y se desvive por los bienes, poderes y bienestar del malhechor de la parroquia, del traqueto buena gente, del político corrupto, del mentiroso compulsivo, del falso profeta, éste, en el momento justo, en la justa medida, le sabrá reconocer su aprecio con su desprecio, con el desplante, con la contundencia del mazo de su prepotencia y la sevicia del animal de presa; sin piedad, sin compasión sabrá poner su colmillo en la yugular de su servidor.
La ignorancia, el desconocimiento, son los alimentos de la pobreza, de eso se nutren y aprovechan los amos para engordar a sus lacayos. Ya lo dijo Shakespeare “la única posesión de los pobres es la esperanza”.

*Novela Barroblanco (fragmento)
Del autor Fernando Gasca (323)