Piedad Cabrera-Murcia, PhD Psicología
¿Sabes por qué los primeros 1.000 días en el desarrollo infantil de niños y niñas es clave para su crecimiento posterior? Gracias a la neurociencia hemos descubierto que -aproximadamente- en los primeros 3 años de vida de un niño o niña, a nivel cerebral, se producen conexiones neuronales a una velocidad vertiginosa. En estos primeros años se construyen las bases del desarrollo cognitivo, emocional, social, e incluso moral, los que son fundamentales para lo que sucederá en años posteriores.
De las neurociencias aprendemos que este periodo es llamado crítico o sensible, dado que se produce de forma simultánea procesos como: el nacimiento de neuronas (neurogénesis), y la multiplicidad de interconexiones (sinaptogénesis) entre ellas. Estos procesos hacen más eficiente y automatizadas funciones cognitivas, lingüísticas, motoras, sociales e incluso emocionales.
El o la lectora de esta nota se preguntará ¿Se producen de forma espontánea o podemos hacer algo para acompañar ese desarrollo desde bebés?
La respuesta es que podemos hacer mucho, pues el ambiente o el contexto entrega nutrientes claves para que se produzca el desarrollo de estos procesos desde el momento de la gestación al nacimiento (primeros 270 días) hasta los dos años posteriores (730 días).
En los primeros días, mantener una alimentación saludable y equilibrada son claves para que ese feto -en el proceso de gestación- reciba todos los nutrientes que requiere para crecer y desarrollarse adecuadamente. En los dos años siguientes, continuar cubriendo las necesidades de alimento y abrigo siguen siendo fundamentales para el desarrollo. Si bien estas son necesarias, lo son también el cariño y cuidado que podamos proveer en el contexto, aspectos que se constituyen en el abono para garantizar un crecimiento óptimo.
En esta primera nota quiero resaltar la importancia de las interacciones que los y las cuidadores (papá, mamá, educador/a infantil, cuidadores presentes en su contexto) propician desde la gestación hasta su posterior crecimiento, ofreciendo oportunidades de aprendizaje y desarrollo integral. ¿Cómo deberían ser esas interacciones?
En los primeros 270 días construir un vínculo afectivo prenatal prepara no solo el camino para que pueda reconocer las voces familiares de su entorno cercano, sino también la conexión emocional base para el crecimiento de esta dimensión en etapas posteriores.
Hablarle, resulta ser necesario pues ayuda a potenciar desde bebés la percepción de sonidos, lo que a futuro impactará en el desarrollo fonológico e incluso en los procesos de la lectura y escritura. ¿Sabías que la simple rutina de hablarle al feto, posterior a la veinteava semana de gestación, potencia las conexiones neuronales y con ello la actividad cerebral?
Escuchar esa voz constante, una voz sensible, serena y tranquilizadora, aporta en la construcción del bienestar emocional futuro del bebé.
Un estudio realizado con madres gestantes en Sincelejo (2008), mostró que hablarle al bebé e incluso acariciar el abdomen son prácticas de estimulación prenatal que sin duda pueden favorecer en vínculo entre la madre y su hijo/a. Un estudio más reciente en Chile (2020) mostró como la sensibilidad materna constituye un factor importante para el desarrollo socioemocional.
Sin embargo, mi estimado/a lector/a la construcción de este vínculo no se limita solo a la voz que puede escuchar el bebé, sino que se va enriqueciendo gracias a la capacidad que tenemos los adultos para interpretar y responder de forma rápida y sensible las señales verbales y no verbales que emergen en la interacción con los bebés. Los balbuceos, gestos o necesidades del pequeño pueden dar lugar a un diálogo que se construye a través de las interacciones responsivas de los adultos. ¿Qué significa que las interacciones sean responsivas?
Estas interacciones se producen cuando el adulto está atento a percibir y a responder las señales del bebé de manera inmediata, cariñosa, atenta, acogedora. Cuando bebé y adulto se entrelazan en la interacción, es un terreno fértil en el que el bebé aprende que puede contar con otros para sentirse seguro, acompañado y emocionalmente contenido. Propiciar estos entornos enriquecidos desde las primeras edades, son fuente vital para el desarrollo del pensamiento, la resolución de problemas, la comunicación, la expresión emocional, tanto como la vinculación con otros y para vivir en sociedad.
Las neurociencias nos muestran que como especie humana contamos con las herramientas necesarias para abonar el ambiente del bebé y acompañarlo en su desarrollo y que, generar entornos enriquecidos favorecen el desarrollo y aprendizaje integral desde los primeros 1000 días de su desarrollo.
A continuación, comparto cuatro píldoras nutritivas, que orientan cómo podemos generar ambientes que permiten la emergencia de interacciones responsivas en estos primeros días:
Comunícate en voz alta, dando respuesta a los balbuceos o gorjeos del bebé. Interpreta lo que quiere decir. Narra una pequeña historia. Cuando estamos frente a un bebé, nuestro rostro, tono de voz, microemociones se ponen en marcha y se ajustan para ese receptor.
Canta y tararea canciones sencillas que te sepas o bien, invéntalas. Canta lo que está sucediendo en ese momento: si lo estas bañando, cambiando de ropa, o si le estas alimentando. Las melodías y la ritmicidad de la voz pueden favorecer el desarrollo del lenguaje y las capacidades cognitivas, además de contribuir a su bienestar emocional, pues a través de este proporcionarás calma y seguridad.
Devuelve los gestos que el bebé emite. Observa con detención su mirada, sus manos, escucha los gorjeos y balbuceos que acompañan la interacción. Retorna esos gestos, sonríe, háblale con suavidad y entrega el tiempo que sea necesario para que pueda emitir una respuesta. Leer estas respuestas, permite dar continuidad a la interacción. Considera -también- las pautas y descansos que el bebé emite. En estos momentos está comunicando la necesidad de descansar la interacción.
Reconoce el ritmo de su interacción y exploración del mundo y síguelo. Como adulto no necesitas iniciar las interacciones, si eres un/a buen/a observador/a aprenderás a reconocer la iniciativa por “curiosear” o explorar el mundo que les rodea. Como adulto responsivo, acompaña su interés. Hablarle, responder a sus gestos, narrar historias alrededor de lo que está pasando, son motores claves en la emergencia de intercambios nutritivos para el desarrollo y el aprendizaje integral.
Estimado lector/a ¿te gustaría saber que sucede en los 730 días restantes y reconocer o recibir algunas píldoras nutritivas? Estoy segura que si llegaste hasta aquí en la lectura de esta nota es porque consideras la importancia de mirar la infancia, de estar presentes como adultos, de generar ambientes sensibles que favorezcan el desarrollo y aprendizaje integral de nuestra infancia.








