Tomamos la ruta mágica del café en el municipio de Gigante, a solo una hora y cuarenta minutos de Neiva, donde el canto de las aves, el aire fresco, y el olor a bosques y guaduales, se mezcla con paisajes de cafetales y plataneras, labrados por familias trabajadoras que, con su esfuerzo y constancia, contribuyen al desarrollo socioeconómico del departamento.
Muy cerca de la vía principal que conecta a Gigante con Garzón, se encuentra la vereda El Piñal, donde Daniela Díaz, una joven persistente que se dedica con entusiasmo a la producción de cafés de especialidad. Como caficultora de segunda generación concentra sus esfuerzos en lograr un producto diferenciado, sostenible, y amigable con el medio ambiente.
Con mucha seguridad sostiene que el papel de la mujer y los jóvenes en la caficultura huilense ha sido muy importante, toda vez que son más abiertos a la adopción de nuevas tecnologías y procesos para lograr un producto a la altura de los grandes mercados del mundo.
“El empoderamiento de la mujer ha surgido y avanzado a través del tiempo, y el café como negocio y como economía de nuestro departamento ha tenido presente a la mujer en un proceso de relevo en el que también participan los jóvenes cafeteros. Hoy en día estamos avanzando en nuevas oportunidades para generar un valor agregado a nuestro café, teniendo en cuenta el medio ambiente, y nosotros hoy en día estamos implementando nuevos procesos para llegar a esos clientes exigentes, involucrando sistemas productivos eficientes para reducir el consumo de agua, y descontaminación de las fuentes hídricas por las aguas mieles del café reduciendo el impacto ambiental”.
Pero Daniela Díaz, no solo está al frente de los procesos de beneficio del café, también se ha metido de lleno con el desarrollo de los cultivos, a través de procesos como el control de arvenses, control de árboles de sombrío, y el diseño de planes de fertilización a la medida de su finca.
“Una de las grandes actividades como joven y mujer cafetera es estar al frente de la productividad, por eso hoy en día estoy más involucrada con la fertilización que va ligado a los rendimientos por hectárea, eje fundamental para llegar a una gran calidad de café”.
Mientras recorríamos sus cafetales, pudimos disfrutar del revoloteo y cantos de las aves que se alimentan de los bosques en torno a los cultivos de café, que además sirven de custodios de los arroyos y quebradas que avanzan sin prisa por estos paisajes cafeteros.
Gracias a este conjunto de variables, el café producido en esta finca de la vereda El Piñal del municipio de Gigante, goza de unas características organolépticas únicas, que se realzan mediante estrictos procesos de beneficio donde se involucran horas de oxidación y fermentación, y un secado controlado, que garantiza un café con buena acidez, cuerpo pronunciado, balance, y notas cítricas, logradas con ese toque femenino.
Todo esto es posible gracias a la dedicación de una joven mujer que heredó el amor por el café de su padre, y hoy continua su legado imprimiéndole su firma personal mediante el conocimiento del entorno, y lo que realmente buscan los consumidores más exigentes de café alrededor del mundo.
Es de destacar, y contar que detrás de cada grano de café de especialidad logrado, están las manos de mujeres huilenses que con su esfuerzo y dedicación resaltan lo mejor del Huila, lo mejor de nuestra tierra.









