Abdón Rojas Murcia: El Vendedor de Intangibles

Abdón Rojas Murcia: El Vendedor de Intangibles

Miguel de León.
La literatura regional ya no busca las grandes epopeyas o mundos heroicos, sino que los autores locales encuentran en los hechos diarios, un terreno productivo para construir una narrativa con temas sencillos y cotidianos que ocupan un lugar central en la mirada del lector, ya que conectan directamente con la identidad, la nostalgia y las vivencias reales de las comunidades frente a la globalización. Los lectores se reconocen en los personajes, los modismos, las calles y los problemas que viven a diario y que el autor busca en su memoria rescatar para el disfrute de todos.
En un mundo hiperconectado y globalizado, la literatura local funciona como un refugio que valora lo propio y lo auténtico. En ese sentido, la idea es encontrar la belleza, el drama y el humor en los rituales simples: tomar un café, una charla de vecinos o el trayecto en el transporte público. O en el caso de nuestro autor, un anciano que vuelve a enamorarse, un pájaro que desafía su destino, el hombre que quiere morirse a gusto y cuando el quiera, el pensionado que disfruta tiempo viajando en el tren o el niño que intenta comprender los misterios del amor y la muerte.
Y me refiero a Abdón Rojas Murcia, un maituno que emigró joven a España y allá, en medio de la nostalgia por la tierrita decidió hacer catarsis con una serie de relatos cortos que los ha reunido en un bello libro titulado El Vendedor de Intangibles, que será presentado en el marco de la Feria Internacional del Libro La Voragine, Filvoragine. Un libro editado para Colombia por editorial Tierra de Palabras y que se presentará el día viernes 23 de octubre a las 9;00 de la mañana.
Son veinte relatos cortos en donde el autor recurre al humor, a la ironía, la ternura y la reflexión, para contarnos las emociones humanas más complejas como el amor, la muerte, los recuerdos, la soledad, la amistad, y que se entienden mejor, cuando se sitúan en escenarios comunes y reconocibles y que son descritos con una voz que bebe del realismo mágico, la tradición oral y análisis de la condición humana. “Cada historia invita al lector a detenerse, mirar de nuevo, y descubrir que la maravilla sigue escondida en los rincones mas comunes de la existencia”, como dice la presentación del libro.
En ese sentido, imagínense que “tan calculado estaba que, había llegado al contundente racionamiento de que el mejor día para morirse era un sábado, y de ser posible, si la Pelona no tenía otro compromiso apremiante, fuese un sábado por la tarde, a eso entre las tres y las cuatro, con la barriga de los dolientes llena y de ser posible con la siesta hecha”, es un párrafo del cuento “El día que morí con mucho gusto” y yo le dije a la coordinadora editorial del libro y quien me hizo llegar el mismo, Liliana Cuellar, que debe ser uno muy aguafiestas, para escoger justamente ese día, un sábado entre tres y cuatro de la tarde para uno encontrarse con la Pelona, para dañarle a uno todo el fin de semana. Y así, una historia sencilla se convierte en la posibilidad de descubrir la profundidad humana de nuestro existir. De eso se trata la literatura: de transformar las cosas simples en algo maravilloso.