¿Cuáles son las principales barreras para usar bicicleta?

¿Cuáles son las principales barreras para usar bicicleta?

Una investigación aplicada a nivel nacional, en la que participó el Politécnico Grancolombiano en alianza con un equipo interdisciplinario de instituciones educativas del país, determinó que las principales razones por las cuales los colombianos no usan la bicicleta no se encuentran en la infraestructura, sino en percepciones humanas profundamente arraigadas.
Los investigadores enfatizaron que hay una coincidencia contundente: las razones que más limitan el uso de la bicicleta en Colombia están profundamente vinculadas a la logística diaria, la percepción de inseguridad y la comodidad personal. Estas barreras superan la influencia de factores de infraestructura como ciclorrutas, iluminación o señalización. Así que las decisiones de movilidad están atravesadas más por sensaciones internas que por condiciones externas.
El estudio analizó más de dos mil encuestas para comprender qué frena realmente a los potenciales ciclistas, logrando captar una fotografía amplia de la movilidad a nivel nacional. La investigación tuvo alcance en múltiples regiones del país (departamentos como Huila, Magdalena y Cundinamarca, y en ciudades donde se encuentran sedes universitarias vinculadas al estudio, como Neiva, Santa Marta y Bogotá) con participantes provenientes de zonas urbanas y rurales, así como de distintos niveles educativos y rangos de edad.

¿Cuáles son las principales barreras?
La barrera más fuerte identificada por los modelos fue la falta de conveniencia por las actividades posteriores del día. Las personas sienten que montar bicicleta interrumpe su rutina, especialmente si deben llegar presentables a sus compromisos laborales o académicos. Uno de los investigadores explicó que “si la bicicleta complica el resto del día, deja de ser opción, por más ciclorrutas que se construyan”. Esto incluye carencia de duchas, vestuarios y parqueaderos seguros.
La percepción de inseguridad apareció como una de las barreras más contundentes. Los participantes expresaron temor ante la idea de desplazarse en bicicleta por sentirse vulnerables frente al tráfico, al entorno o a posibles situaciones de riesgo personal. El equipo investigador señaló que “la inseguridad es emocional antes que urbana; no basta con ciclorrutas si la persona se siente expuesta”.
El tercer gran obstáculo fue la incomodidad física y social ligada al sudor, el calor y la apariencia personal tras el recorrido. Para muchos colombianos, llegar sudados o desarreglados representa un impedimento que influye directamente en su disposición a pedalear. Los investigadores destacaron que “estas barreras están profundamente conectadas con la identidad, la autopercepción y el rol social de cada individuo”.
Otros factores relevantes incluyeron la falta de acceso a una bicicleta, la autopercepción de baja condición física y la idea de que los conductores no respetan a los ciclistas. Aunque estos elementos no tuvieron tanto peso como las barreras emocionales, sí forman parte del conjunto de impedimentos que reducen la intención de uso y deben ser abordados en las políticas públicas.
Los hallazgos también mostraron que la fatiga, la pereza y la sensación de que el ciclismo demanda demasiado esfuerzo mental o físico influyen negativamente. Estas barreras subjetivas, aunque menos visibles, tienen efectos directos sobre el comportamiento cotidiano.
Llama la atención que la infraestructura (como la calidad de las ciclorrutas, la iluminación o la amplitud de las vías) tuvo un peso predictivo mucho menor. Los expertos señalaron que quienes sí consideran usar bicicleta suelen quejarse de estos aspectos porque ya evalúan el entorno para pedalear, mientras que quienes jamás la usarían son indiferentes. Esto llevó a los investigadores a concluir que “la infraestructura importa, pero no determina”.

Un nuevo llamado para las políticas públicas
El estudio recomienda priorizar acciones orientadas a reducir las fricciones del día a día: duchas, vestuarios, parqueaderos vigilados, campañas sobre seguridad subjetiva y estrategias pedagógicas que aborden el miedo, la incomodidad y la percepción de riesgo. Para el equipo académico, la movilidad sostenible “requiere escuchar más a las personas y menos a las cifras de metros construidos”.
Asimismo, los investigadores sugieren implementar programas de formación para nuevos ciclistas, como talleres de mecánica básica, acompañamiento en rutas y estímulos al uso progresivo. Estas acciones pueden fortalecer la confianza y crear comunidades de apoyo que compensen la percepción de inseguridad.
El estudio concluye que, para que más colombianos pedaleen, el país debe invertir no solo en infraestructura, sino también en transformar la experiencia cotidiana de quienes desean moverse de forma más limpia, saludable y eficiente. La bicicleta no es solo un medio de transporte, es un fenómeno cultural que atraviesa emociones, hábitos y miedos.