El mundo es de los flacos

El mundo es de los flacos

Por: Fernando Gasca
En un mundo cada vez más “light”, más lleno de razones para combatir la obesidad, con programas dedicados a eliminar obesos, a atacar malos hábitos alimenticios, es un despropósito, casi una osadía hablar de flacos.
No hay razones ni fundamentos para que nos ignoren tanto, en las revistas nunca somos motivo de editoriales o artículos de fondo, nunca nos han considerado “problemas de salud pública”, no hay dietas especiales ni tratamientos engordantes; nada de “Como aumentar tres kilos semanales” o cosa parecida.
Cuando de hábitos se trata no hacen mención alguna de “como pasar del tinto al café con leche, con buñuelo, empanada o pastel”. No se expresa pena o rubor al mencionar aquellos flacos de apetito voraz, bulímico compulsivo, que come, come y ni siquiera califica como flaco con barriga.
En el diario vivir, si acaso calificamos como punto de referencia, veamos, en el transporte público; “del flaco a la derecha hay un puesto vacío”, en la cola para la EPS o el banco: “del flaco hacia adelante faltan cuatro turnos”. Cuando de estrenar una prenda se trata, si medio luce y quien la porta es una dama, se expresa: “claro… con ese cuerpo de modelo”, por el contrario si es un varón y desluce, no sobrará el conocido: “el muerto era más grande” o el viejo dicho “ni con calzonarias lo sostiene”.
“Pobre flaco, está en el puro juste”, expresa la mayoría. Lo que nadie ha podido explicar es ni el flaco está enfermo o el gordo está sano. ¡No más! Es tiempo de sentar un precedente.