‘Fábulas de Amor en el Huila’: la literatura se canta con voz de madre e hija

‘Fábulas de Amor en el Huila’: la literatura se canta con voz de madre e hija

En un rincón cálido de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, FILBo 2025, donde las letras se encuentran con la música y la tradición se abraza con la ternura, ocurrió uno de los momentos más conmovedores de la feria: la presentación de las canciones del libro ‘Fábulas de Amor en el Huila’, una obra que se cantó, se sintió, se bailó y se celebró.
La autora, Mayra Alejandra Perdomo Perdomo, escritora huilense cuya sensibilidad ha tocado corazones en todo el país, subió al escenario acompañada de su hija Dulce, una niña de voz clara y alma luminosa. Juntas, interpretaron canciones inspiradas en las fábulas del libro, entre ellas El sapo peludo, La montaña del corazón verde y El grano dorado de Mirthayu. Cada canción fue un puente entre generaciones, entre la palabra escrita y la memoria oral.
Fue un momento íntimo y mágico detuvo el tiempo: una madre y su hija, unidas por la palabra y la música, presentaron ‘Fábulas de Amor en el Huila’, una obra que ha tocado corazones por su ternura, profundidad y conexión con las raíces del sur colombiano.

Mayra Alejandra Perdomo Perdomo y su hija Dulce María.

Un libro que canta desde el alma del Huila
Fábulas del amor en el Huila es una colección de relatos que rescata la identidad huilense a través de personajes entrañables y paisajes reales como San Agustín, el Nevado del Huila y Gigante. Las historias, cargadas de valores como la empatía, la resiliencia, el amor propio y el respeto por la naturaleza, están escritas con una prosa poética que invita a la reflexión y al abrazo.
Desde el dinosaurio espacial Gran Inmenso, hasta la caficultora Mirthayu, pasando por la valiente Aleja y la musical Señora Ciempiés, cada fábula es una metáfora de la vida, la diferencia, la memoria y la esperanza.
Durante la presentación en la FILBo, madre e hija con el acompañamiento de tiple y tambora, sus voces tejieron melodías que hicieron llorar, reír y cantar al público. La pequeña Dulce, con su dulzura natural, se robó el corazón de los asistentes. “Estas fábulas nacieron como canciones de cuna, como cuentos para sanar el alma”, dijo la autora. “Y hoy, cantarlas con mi hija es una forma de decirle al mundo que la ternura también es resistencia”.

Historias
Durante la presentación en la FILBo, la autora reveló que muchas de las fábulas nacieron como canciones de cuna, improvisadas en noches de insomnio o caminatas por cafetales. “Mi hija Dulce fue mi primera oyente, mi primera crítica y mi primera compañera de canto”, dijo emocionada.
Las canciones interpretadas en vivo fueron acompañadas por instrumentos tradicionales, y el público —niños, padres, abuelos— no solo escuchó: cantó, aplaudió y lloró. Fue un acto de comunión artística.
Se reitera que los personajes —como Gran Inmenso el dinosaurio espacial, la señora Ciempiés, Simón el caracol, o Mirthayu la caficultora— son símbolos de diversidad, inclusión y resistencia. Cada historia es una metáfora que invita a sanar, a recordar y a amar desde lo profundo.

De la palabra al canto
1. Rajaleñas y bambucos huilenses
Las fábulas como La señora Ciempiés o El grano dorado de Mirthayu pueden convertirse en letras de rajaleñas o bambucos, géneros tradicionales del Huila, con estribillos pegajosos y coros comunitarios.
2. Canciones infantiles
Historias como El sapo peludo, La gallina que quería volar o El increíblemente lento pueden adaptarse como canciones educativas para niños, con melodías suaves y mensajes de autoestima, inclusión y perseverancia.
3. Ópera folclórica o musical teatral

Una puesta en escena musical con narración, danza y canto podría dar vida a personajes como Gran Inmenso o Mirthayu, combinando instrumentos tradicionales con arreglos contemporáneos.