El 75,5 % de graduados de universidad en América Latina accede al mercado laboral

El 75,5 % de graduados de universidad en América Latina accede al mercado laboral

¿Qué ocurre con un graduado cuando cruza la puerta de la universidad con su diploma en la mano? Un estudio liderado por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) analizó el impacto real de la educación superior en la vida de 8.657 universitarios graduados de países latinoamericanos y encontró que culminar estudios universitarios mejora de forma significativa la empleabilidad, la estabilidad laboral y la calidad de vida.
Estos resultados se recogen en el libro “Construcción de referentes metodológicos para la evaluación de impacto del perfil de egreso en programas de América Latina”. La publicación es el resultado de una investigación desarrollada en alianza entre la OEI, la Fundación PENSER y 18 universidades de la región. Su principal aporte radica en proponer una metodología concreta, replicable y comparable para medir el impacto del perfil de egreso, integrando dimensiones como el desarrollo de competencias, la movilidad social, la percepción de calidad de vida y la percepción de éxito profesional.

¿Qué encontró la investigación?
Los resultados del estudio confirman que la empleabilidad es uno de los impactos más claros de la formación universitaria en la región. El 75,5 % de los graduados de las 18 universidades participantes se encontraba vinculado laboralmente al momento de la medición. No obstante, esta cifra varía significativamente según el nivel de formación alcanzado: la tasa de ocupación es del 100 % entre quienes cuentan con doctorado, supera el 88 % en graduados con maestría o especialización, y desciende al 72,7 % entre quienes alcanzaron únicamente el pregrado.
Estos datos evidencian que, aunque el tránsito hacia el primer empleo puede implicar retos, el incremento del nivel educativo se asocia de manera directa con mayores probabilidades de inserción laboral y con una proyección más sólida para el desarrollo profesional a largo plazo.
Además, la investigación evidencia que acceder y culminar la universidad incrementa las posibilidades de empleo formal: el 59,4 % de los graduados cuenta con contrato laboral a término indefinido, lo que refleja mayor estabilidad y protección laboral. Por ejemplo, en la Universidad Tecnológica La Salle (Nicaragua), el 88 % de sus graduados trabajan, y en el Politécnico Grancolombiano (Colombia) el 85 % de sus graduados se encuentran en empleos formales.
El estudio demuestra que la universidad no solo facilita el acceso al trabajo, sino que fortalece competencias clave para la vida profesional. Las competencias transversales como el pensamiento crítico y la toma de decisiones tuvieron el mayor peso en el impacto educativo. De hecho, más del 80 % de los graduados considera que su formación universitaria fortaleció significativamente sus conocimientos profesionales, mientras que el 70 % afirma que las habilidades adquiridas fueron suficientes para enfrentar los retos del entorno laboral.
No obstante, el estudio también advierte brechas persistentes en el dominio de lenguas extranjeras, particularmente el inglés, así como en algunas competencias socioemocionales relacionadas con el manejo del estrés y las tensiones laborales.

El impacto de la graduación en la economía del hogar y el bienestar familiar
El impacto de la universidad en la movilidad social de las familias es el factor clave en las nuevas generaciones de profesionales. De cada 100 graduados, solo 17 de sus padres habían tenido educación superior. Es decir, solo el 17 % de los padres de los graduados accedió a este nivel educativo, mientras que, el 100 % de los participantes logró culminar al menos un programa universitario, y el 33,5 % continuó con estudios de posgrado, rompiendo barreras educativas históricas en sus familias.
Por ejemplo, en la Universidad Santo Tomás (Colombia) muchos de sus graduados logran superar el nivel educativo de sus papás, abriendo caminos que antes no estaban cerca. Alrededor del 84 % aporta económicamente en su hogar y cerca del 72 % tienen ingresos superiores después de graduarse, lo que se traduce en mejores oportunidades y más tranquilidad. Este fenómeno confirma que la educación superior no solo transforma trayectorias individuales, sino que también impacta de manera directa en las dinámicas familiares y comunitarias.
El bienestar personal y la percepción de calidad de vida también muestran avances claros. El 71,5 % de los graduados considera que la educación recibida fue determinante para mejorar su calidad de vida (mayores ingresos, acceso al empleo y oportunidades de formación continua). En concreto, el 74,7 % reporta ingresos superiores a los que tenía durante su etapa de estudios, lo que confirma el papel de la universidad como factor de progreso individual y familiar.
El estudio también pone sobre la mesa los límites de esta promesa. La mejora económica derivada de la educación superior no es automática ni homogénea. Aunque el título universitario facilita el acceso a empleos formales y mejores condiciones laborales, su impacto es más restringido en dimensiones clave como la adquisición de vivienda propia o la estabilidad financiera de largo plazo. De hecho, solo uno de cada cinco graduados considera que sus ingresos son “muy suficientes”, lo que refuerza la idea de que el diploma es un punto de partida, pero no una garantía de ascenso social sostenido.

¿Cómo está Colombia frente a la región?
Al poner la lupa sobre Colombia, los datos reflejan una resiliencia destacada frente a los desafíos estructurales del entorno. En las universidades analizadas, entre siete y ocho de cada diez graduados reportan un aumento en sus ingresos tras finalizar sus estudios, y alrededor del 40 % asume el rol de principal proveedor económico en su hogar, reflejando avances significativos en autonomía económica y movilidad social.
Aun así, existen retos compartidos, como las brechas en el dominio del inglés y la actualización de competencias digitales. En perspectiva regional, Colombia se ubica en una posición intermedia alta en términos de impacto de la educación superior, con resultados que superan algunos promedios latinoamericanos en inserción laboral y mejora de ingresos, pero que siguen condicionados por desafíos estructurales comunes.
Aunque persisten desafíos, la universidad sigue siendo una herramienta clave para mejorar oportunidades, reducir desigualdades y ampliar horizontes personales y profesionales. La evidencia recogida refuerza la importancia de seguir fortaleciendo el acceso, la permanencia y la calidad de la educación superior como una apuesta estratégica para el desarrollo de la región.
“Este libro propone un cambio profundo en la forma de evaluar la educación superior, invitando a mirar más allá de los currículos y las acreditaciones y nos permite centrarnos en el impacto humano, en el impacto social y laboral y en la vida real de los graduados que realmente presentan una movilidad y crecimiento cuando logran cumplir ese propósito de vida y cuando el éxito se mide desde su ser”, señaló Lina Giraldo, secretaria Académica y de Docencia de la Universidad Politécnico Grancolombiano y una de las investigadoras del estudio.