Mudarse de ciudad suele asociarse con la búsqueda de mejores oportunidades profesionales. Sin embargo, para los investigadores colombianos, cambiar de territorio no necesariamente se traduce en un avance más rápido dentro de la carrera científica. Una investigación publicada en la revista Scientometrics encontró que la movilidad nacional no está asociada con una promoción acelerada en el sistema de clasificación de investigadores de MinCiencias y que, en determinados casos, está relacionada con una mayor inestabilidad en el rango.
El estudio analizó 40.485 observaciones de investigadores correspondientes a seis convocatorias de evaluación realizadas por MinCiencias entre 2013 y 2021 y se titula ¿Debería quedarme o debería irme? El estudio aborda qué ocurre cuando los investigadores se trasladan dentro del propio país y cómo ese movimiento se relaciona posteriormente con su desempeño dentro del sistema científico.
La movilidad entre ciudades fue poco frecuente en los datos analizados: estuvo presente en apenas el 2,7 % de las observaciones. Además, se concentró principalmente entre investigadores que se encuentran en las primeras etapas de su trayectoria.
El hallazgo central es que trasladarse de una ciudad a otra no está asociado con una promoción acelerada dentro del escalafón de investigadores. Por el contrario, la movilidad se relaciona con una mayor inestabilidad en el rango, particularmente entre investigadores Junior y Asociados.
Para Julián D. Cortés, investigador de la Universidad del Rosario y autor correspondiente del estudio, el resultado obliga a mirar la movilidad científica más allá de la decisión individual de cambiar de ciudad. La pregunta, en su análisis, es también qué capacidades encuentra un investigador cuando llega a su nuevo territorio y qué tan favorable resulta ese entorno para continuar desarrollando su carrera.
“La movilidad nacional, es decir, mudarse a otra ciudad para trabajar en otra universidad, no garantiza que un investigador suba de rango en la carrera científica. De hecho, muchos de los que se mudan terminan estancados o retrocediendo en lugar de avanzar”, explica Cortés.
El tamaño de la ciudad de destino importa
El estudio también contó con la participación de los expertos Jesús María Godoy, Giovanni Abramo, Ciriaco Andrea D’Angelo, quienes destacan que uno de los resultados más relevantes aparece cuando los investigadores son clasificados según las características de las ciudades hacia las que se trasladan.
La relación entre movilidad e inestabilidad en el rango es especialmente marcada
entre quienes se desplazan hacia ciudades más pequeñas. En contraste, los investigadores que se movilizan hacia centros urbanos de mayor tamaño no presentan una penalización comparable.
Este resultado pone el foco en las condiciones institucionales y territoriales que rodean al investigador. Una carrera científica no depende únicamente de las capacidades individuales: también requiere acceso a infraestructura, financiación, laboratorios, grupos de investigación, investigadores con experiencia y redes de colaboración.
El estudio encuentra, precisamente, que la concentración del capital académico en
determinadas instituciones están fuertemente asociadas con la progresión en el rango de los investigadores, un resultado consistente con la idea de ventaja acumulativa: quienes trabajan en entornos con mayores capacidades científicas pueden contar con mejores condiciones para continuar avanzando.
En Colombia, además, existe una fuerte concentración territorial de estas capacidades. Los investigadores proceden de más de 866 municipios, pero la mayoría termina trabajando en las tres principales ciudades del país: Bogotá, Medellín y Cali.
“Es principalmente un problema de territorio, no de talento. Los investigadores colombianos tienen talento dondequiera que vivan. El problema es que el sistema científico está muy concentrado en tres ciudades. La infraestructura, el dinero para investigación, los otros científicos con experiencia y las universidades fuertes están concentrados en Bogotá, Medellín y Cali”, señala Cortés.
Los investigadores jóvenes son quienes más se movilizan
Los resultados muestran que la movilidad se concentra en las primeras etapas de la carrera científica. En este contexto, trasladarse puede convertirse en una estrategia para acceder a oportunidades que no están disponibles en el lugar de origen: una universidad con mayor capacidad investigativa, un grupo especializado, infraestructura, financiación o redes de colaboración.Pero el cambio de ciudad también implica incorporarse a un nuevo entorno institucional.
El estudio plantea que la movilidad debe analizarse junto con las características de las instituciones y de los territorios. No todos los traslados representan la misma oportunidad, y sus efectos pueden variar dependiendo del lugar de destino.
¿Qué tipo de movilidad beneficia realmente a un investigador y bajo qué condiciones? El estudio no establece que trasladarse sea la causa directa de un descenso en el desempeño. Lo que identifica es una asociación entre movilidad e inestabilidad en el rango, particularmente entre investigadores Junior y Asociados y, de manera más marcada, cuando el destino son ciudades pequeñas.
Los resultados abren una discusión para la política científica colombiana. Si las capacidades de investigación están concentradas territorialmente y los investigadores jóvenes son quienes tienen mayor movilidad, una de las preguntas que surge es cómo fortalecer las condiciones para hacer ciencia en más regiones del país.
El desafío no sería simplemente lograr que los investigadores se movilicen más, sino ampliar las capacidades científicas de los territorios: fortalecer universidades y centros de investigación fuera de los principales centros urbanos, promover redes de colaboración entre instituciones y garantizar condiciones que permitan a los investigadores desarrollar proyectos y consolidar sus trayectorias sin que el traslado hacia una gran ciudad sea la única vía disponible.
Un investigador que llega a una nueva ciudad puede necesitar tiempo para construir nuevas redes, integrarse a grupos de investigación y familiarizarse con la infraestructura y las dinámicas de su nueva institución. “Si alguien se muda, debería existir un período de gracia en el que no se penalice una eventual baja de productividad temporal. No es adecuado evaluar a una persona que acaba de llegar a una nueva institución como si el cambio de ciudad y de entorno no hubiera ocurrido”, plantea Cortés.
La investigación de Godoy, Abramo, D’Angelo y Cortés desplaza así la conversación sobre movilidad científica desde la decisión individual hacia las condiciones estructurales del sistema. El reto para Colombia no es solamente conseguir que sus investigadores se muevan, sino lograr que el territorio donde trabajan no termine determinando sus posibilidades de desarrollar y consolidar una carrera científica.
El artículo fue publicado el 8 de agosto de 2026 en Scientometrics, de Springer Nature






