Por: Fernando Gasca
A tono con la tecnología y tratando de emular a la juventud, a inicios del presente mes, descargué una aplicación, u App, como dice la juventud, para efectuar compras por internet, valga decir y repetir como los jóvenes, “para hacer compras en la nube, papi”, quedé sorprendido por la diversidad de artículos que ofrecen por esta herramienta, vi cosas que ni siquiera imaginaba que pudieran existir. En ese maremágnum de producto, me llamó poderosamente la atención el anuncio que una empresa extranjera promoviendo el envío de una muy, pero muy especial oferta, que adicionalmente prometían remitir con un bonus, o como decimos acá, “venía con ñapa”, además, como si fuera poco lo anterior, prometían domicilio y pago contra entrega, todo lo anterior en tiempo récord.
El aviso rezaba de la siguiente manera: “Laboratorio Alemán, ofrece producto depilatorio, removedor de epidermis, masajeador y tonificador de musculo y piel, apto para mayores de edad y adultos mayores (puede ser utilizado por y para niños); sin preservativos ni conservantes, producto natural, cien por ciento garantizado, no contiene residuos tóxicos, no ha sido elaborados en plantas de alimentos procesados, no contiene grasas, garantizamos que su uso – que puede ser permanente – le rejuvenecerá la epidermis total de su cuerpo y tez, el rejuvenecimiento facial, por tanto, está debidamente garantizado” A continuación, indicaban el precio y como promoción “el pague uno y lleve dos; sin pensarlo demasiado, pues todo estaba bastante claro, quise registrar mis datos y sorpresa de sorpresas, ya la dichosa App, maravilla de maravillas, conocía mi email, número telefónico y dirección, él me los iba sugiriendo y yo solamente confirmaba dato por dato, hasta terminar de rellenar la solicitud de compra.
Pasados varios días, ha tocado a mi puerta, el empleado de una empresa de domicilios, me extendió un pequeño paquete, me hizo firmar la guía del recibido, recibió el dinero del producto con el envío incluido, se marchó y raudo ingresé al comedor, busqué las tijeras y procedí a abrir mi anhelado producto. Quedé lelo, cuando lo pude observar, primero, lo primero, el empaque en polietileno de baja densidad me dejó pensando acerca de si lo podía o no reciclar, por el momento descarté la idea, rasgué la bolsa y extraje mi extraordinaria compra, En efecto el color de arena y como amarillo dejaba notar que si era producto natural, el tamaño, bastante pequeño para mi enorme expectativa, en cuanto a los demás detalles que anunciaban dudé bastante, pero definitivamente, por el precio y los trámites, bien hubiera podido ir hasta la galería municipal y comprar mi consabido estropajo de siempre.






