Miguel de León.
El silencio de las mujeres se esconde a menudo en la rutina diaria. Ellas acuden muchas veces, a los espacios de la cultura en busca de respuestas, pero la sociedad las devuelve a ese silencio obligatorio. A pesar de esto, detrás de cada aparente silencio vive un universo de historias que luchan por salir a la luz. Son relatos guardados en diarios íntimos, escondidos en cicatrices o susurrados entre generaciones. El arte y la escritura se convierten entonces en los canales de escape. Cuando una mujer toma la palabra no solo cuenta su propia vida, sino que rompe el aislamiento de quienes aún no pueden hablar.
Así, la expresión creativa deja de ser un simple pasatiempo, una actividad social y se transforma en un acto político de liberación. Cada texto construye un camino de resistencia, una forma de alzar la voz y visibilizar la historia. Y si bien, podemos hablar de una generación de mujeres que comienzan a contar sus historias, no todas nos conmocionan con sus palabras sangrantes y crudas, sus desnudeces. Sin ir mas lejos, en esas nuevas voces que hemos escuchado en este ultimo tiempo, tal vez la poesía de Rosa Collazos y la narrativa de Damaris Medina, nos llegan por que nos cuentan lo que vemos, “durante un largo y necesario silencio, aquello que la cotidianidad insiste en ocultar” (Eduardo Tovar).
Ahora, en el marco de la Feria Surcolombiana del Libro, el día 3 de septiembre, Damaris presenta su segundo libro personal “Las mujeres que me acompañan”, una serie de cuentos que hacia rato la autora tenía en su mente y que se decidió sacar al público. Los textos continúan el estilo del libro anterior “Mujeres que me han tocado” editado por el Fondo de Autores Huilenses. Son historias desgarradas pero que “llegan como una ruptura: a veces basta una grieta para que entre la luz, Y ella sin saberlo la había encontrado.” Tal como dice el personaje de uno de sus cuentos.
La metáfora de la grieta atraviesa todo el libro. No representa solo una herida o un daño, sino el espacio por el cual la existencia se reinventa. Los personajes no buscan la perfección; aceptan sus fracturas y descubren que es precisamente ahí donde la belleza y la verdad logran manifestarse. Pero también su reacción y su respuesta activa, después de años de silencio. Por eso cada final de cada cuento no surge de la nada; es heredero de una necesidad histórica por narrar el mundo desde las subjetividades, los afectos y los quiebres emocionales que cruzan los cuerpos y las vivencias de las mujeres.
Las historias que cuenta Damaris son contadas desde la realidad que todos conocemos. Por eso, Eduardo Tovar, quien apoyó la construcción del libro nos dice: “terminar de leer esta colección de cuentos nos deja suspendidos en esa extraña atmósfera donde la luz y la herida se abrazan sin pedir permiso. No es un malestar estéril; es el asombro de haber contemplado, durante un largo y necesario silencio, aquello que la cotidianidad insiste en ocultar”. Pero igual se refiere a la parte técnica del libro: “sería cómodo leer esto como literatura de denuncia y ya, pero sería quedarse corto. Los cuentos de Damaris tienen ritmo, poseen estructura, saben donde golpear y conocen cuando callar”.
Comparto igualmente, la frase de Eduardo Tovar, ya que hemos insistido mucho en ello: la “conciencia del oficio es lo que separa a una escritora a alguien que simplemente escribe” y uno lo siente al leer sus cuentos. Y se siente más la necesidad, de que algunas escuchen esta afirmación. Por eso, va la invitación para asistir a este evento en la USCO el 3 de septiembre, a conocer una obra donde nos encontramos con historias desgarradas que, lejos de regodearse en el sufrimiento o el victimismo, operan como una ruptura frente a los relatos tradicionales. La literatura de Damaris explora las pasiones humanas y la resiliencia desde una perspectiva descarnada pero profundamente lírica. Estamos invitados.









