Miguel de León.
Gustavo Córdoba, Hijualapo, es de los últimos repentistas que quedan en el Huila, esos modernos juglares populares, creativos natos que hacen poesía oral improvisada a partir de una asombrosa capacidad de vocabulario popular, un buen oído musical, conocedores de la música de las palabras y sobre todo ser un gran comunicador. Han muerto muchos de sus custodios quienes, al mirar al otro, crean versos y rimas casi perfectas, o cantan improvisando sobre los demás, como Ulises Charry y Luz Stella Luna. En esta oportunidad el coplero ha hecho el ejercicio de reunir muchas de sus coplas en un libro “Hijualapo, el Junglar de la Rajaleña” de la editorial Tierra de Palabras, que será presentado en la Feria Internacional del Libro en Bogotá y promete ser una de las grandes novedades editoriales del departamento.
Desde sus primeros años de estudio, Hijualapo tuvo inclinación por el dibujo que lo llevó a la primera de sus expresiones, la pintura. Porque “también escribo, hago de todo un poco como en botica”, me dijo. Pero la tradición familiar era más hacia la música de rajaleña como expresión de su tierra y que por eso tocar rajaleñas se le daba muy natural. Y con el paso de los años fue regresando a sus raíces (sin abandonar la pintura) y comienza a buscar la forma de armar su propia cucamba (conjunto musical de interpreta rajaleñas), En 1991 conforma el grupo que en su primera etapa se llamó “Nuevo Rajaleña”. Ya tenía bien claro, que la intención era la de renovar el rajaleña del Huila y “rescatar y promocionar el uso de la copla improvisada, abandonada tal vez, por la falta de inspiración o de compromiso social y cultural de los copleros de ese tiempo”.
El nombre del grupo, al igual que su creador, ha evolucionado a través del tiempo. En los años siguientes tomó el nombre de “Los Llano Grandunos”, en homenaje a la región donde se cultiva el mejor arroz del país; hasta que finalmente, el mismo pueblo, bautizó su grupo con el nombre de “Los Hijuelapos”. El nombre proviene de una muletilla jocosa que un amigo de su padre utilizaba. “cuando lo conocí tenía unos 75 años, era agricultor y usaba la muletilla de Hijuelapo para todo. Por ejemplo; “vámonos porque va a llover, Hijuelapo”. Este Hijuelapo, igual era un experto en crear adivinanzas que compartía con sus amigos; “Siendo el burro colorado, teniendo su culo redondo, porque caga el cagajon cuadrado”.
Claro, la muletilla era una forma decente de utilizar otra expresión y se convirtió no solo en su identidad musical, sino también en el apodo artístico de Gustavo Córdoba. Estos años, han sido suficientes para la maduración de un estilo y desarrollar la visión que Gustavo tenía de las cosas y, para que sus paisanos y huilenses, asimilen su propuesta de cambio y transformación artística y folclórica, donde el verso con su explosión creativa y luminosa, nos orienta y fortalece en el compromiso social; con jocosidad sin límites, en un hilvanar interminable de coexistencias locales. Esto acompañado de la fuerza chispeante de su estribillo, y por la dinamita de sus improvisaciones y los contenidos provocadores de sus coplas, que son un verdadero Hijuelapazo, contra los agresores de la dignidad, los derechos y el bienestar colectivo.







