La soledad, entendida como la percepción subjetiva de sentirse solo, podría estar asociada con un menor desempeño de la memoria en adultos mayores, según una investigación publicada en la revista científica Aging & Mental Health y analizada por el doctor Luis Carlos Venegas, coordinador del Doctorado en Investigación Clínica y director del Instituto Rosarista para el Estudio del Envejecimiento y la Longevidad (IREEL) de la Universidad del Rosario.
El estudio utilizó información de SHARE (Survey of Health, Aging and Retirement in Europe), una de las bases de datos sobre envejecimiento más importantes del mundo, que reúne información de más de 20 países europeos y realiza seguimiento periódico a la población mayor desde 2004. Para este análisis se emplearon datos recolectados desde 2012, cuando comenzó a evaluarse la sensación de soledad entre los participantes.
Uno de los principales hallazgos fue que las personas mayores que reportaban sentirse solas obtenían peores resultados en pruebas de memoria desde el inicio del estudio. Sin embargo, los investigadores no encontraron evidencia de que la soledad acelerara el deterioro cognitivo con el paso de los años.
«El hallazgo más importante fue que la sensación de soledad afectaba la memoria al inicio del estudio; sin embargo, no modificaba la velocidad a la que la memoria declinaba con el tiempo. Esto quiere decir que la soledad puede relacionarse con una mala memoria, la cual permanecería baja durante muchos años», explicó el doctor Luis Carlos Venegas.
La investigación también identificó diferencias según el sexo y el contexto sociocultural. Los resultados sugieren que la asociación entre soledad y memoria fue más marcada en hombres que en mujeres al inicio del seguimiento. Asimismo, países del sur de Europa, como España e Italia, registraron mayores diferencias en memoria entre quienes se sentían solos y quienes no, además de una mayor prevalencia de sensación de soledad.
Para los investigadores, uno de los aportes más relevantes del estudio es diferenciar la soledad del aislamiento social. Mientras este último se refiere a aspectos objetivos como el tamaño y la calidad de la red de apoyo, la soledad corresponde a una experiencia subjetiva. Es decir, una persona puede contar con vínculos familiares y sociales sólidos y, aun así, sentirse sola.
«Creemos que el principal aporte es poner sobre la mesa la necesidad de incluir la evaluación de la soledad dentro de la valoración integral de las personas mayores. Esto suele no indagarse y es algo que todos los profesionales de la salud deberían considerar», señaló Venegas.
En un contexto de envejecimiento acelerado de la población mundial, los hallazgos refuerzan la importancia de abordar la salud mental como un componente esencial del bienestar y la salud cognitiva durante la vejez. Los investigadores advierten que la sensación de soledad no debe asumirse como una consecuencia normal del envejecimiento y que identificarla oportunamente podría favorecer estrategias de acompañamiento e intervención.
El estudio alcanzó una importante repercusión internacional. De acuerdo con el reporte de impacto mediático, obtuvo un Altmetric Attention Score de 573, posicionándose entre las publicaciones científicas con mayor impacto de 2026 dentro de la editorial Taylor & Francis. Además, recibió cobertura en más de 307 medios internacionales, entre ellos The Independent, El País, Clarín y New York Post.
Más allá de sus hallazgos científicos, la investigación abre una conversación urgente sobre cómo las sociedades cuidan a sus personas mayores y cómo fenómenos como la soledad comienzan a entenderse como desafíos emergentes de salud pública que requieren mayor atención, medición y respuesta institucional.







